Ir a contenido

Nacimiento de la generación 14-O

La protesta juvenil rebasa el rechazo a la sentencia del 1-O

Unos 200 estudiantes acampan en Barcelona en defensa de la amnistía, la autodeterminación y la soberanía

La plantada es indefinida y también alude a la precariedad laboral juvenil, la igualdad de género y la crisis climática

Carlos Márquez Daniel

La plaza de la Universitat de Barcelona, a media tarde, repleta de tiendas de campaña. 

La plaza de la Universitat de Barcelona, a media tarde, repleta de tiendas de campaña.  / JOAN MATEU PARRA

Lleva días sobrevolando en el ambiente la sensación de que las protestas juveniles ya no se limitan a la sentencia del juicio del ‘procés’. Con la acampada iniciada este miércoles en la plaza de la Universitat de Barcelona queda claro que, efectivamente, el cabreo tiene otros muchos paisajes. Vuelven a hervir símbolos, por ejemplo, del movimiento 15-M, como el acceso a la vivienda, la igualdad de género, el trabajo digno o los derechos sociales. Y brotan algunos de corte más contemporáneo, como la crisis climática. Todo, con el telón de fondo de una generación que se ve sin futuro definido y el apoyo más o menos apasionado, y no obligatorio, a la hipotética república catalana. Los indignados, la autodenominada generación 14-O, se han cargado de motivos. Y este campamento no tiene pinta, si no media intervención policial, de ser aventura de pocos días. 

La acampada se iniciaba a media mañana y pronto lograba llenar la plaza de tiendas verdes y azules, con una enorme carpa blanca de donación de sangre en el centro que se ha visto sorprendida por el asalto pacífico de tanto chaval. La iniciativa coincide con la huelga de estudiantes universitarios (indefinida) y de bachillerato (de un par de días), que está teniendo un seguimiento más bien tímido, con puntas en algunas facultades y en algunas zonas, como en las Terras de l’Ebre, donde los institutos notaron un 64% de ausencias, por un escaso 12,5% en Barcelona ciudad.

Pasando las horas en Gran Via, junto a Universitat  / JOAN MATEU PARRA

El nivel organizativo que había adquirido la acampada por la tarde, con comisiones de todo tipo para mantener el orden, tanto a nivel de seguridad como logístico (incluido un punto lila para reportar "ataques machistas o LGTBIfóbicos"), invita a adivinar que la cosa va para largo. A las cinco de la tarde, en una concurrida asamblea, se han repartido tareas y se ha debatido sobre el motivo que les ha traído a ocupar Universitat. En el primer turno de palabra, un hombre de mediana edad ha preguntado si esto iba de apoyar la independencia, como a él le gustaría que fuera. Una joven ha explicado poco después que no era partidaria de una Catalunya fuera de España, y que venía para «defender los derechos humanos y combatir la crisis climática». No dio la sensación de que la independencia vaya a ser el hilo conductor de la movilización. Pero sí, porque así lo dice el manifiesto aprobado, «la defensa de la autodeterminación, la soberanía y la amnistía». En media hora ha habido más debate político entre partidarios y detractores de la cosa que el que se ha producido entre la Generalitat y el Govern en los últimos años. 

Donde sí ha habido coincidencia es en la necesidad «de romper con el régimen del 78». Uno de ellos ha ido incluso más lejos: «Lo que tenemos es el régimen del 36 con apariencia de falsa democracia». Aunque otro le ha respondido: «No, España no es un Estado fascista, es una democracia burguesa». Todos, en definitiva, han convenido que la cosa está muy mala. Y por ello este jueves se van a poner a trabajar en un «programa político» que recogerá todas sus inquietudes en asuntos como la precariedad laboral, el feminismo, la ecología o la vivienda, entre otros.

Lluvia de motivos 

También ha habido coincidencia, entre los que se iban pasando el micro en plena Gran Via, cortada buena parte del día, en que la sentencia es lo que les ha traído hasta aquí. Ahí no hay división: la decisión del Supremo no gusta a ninguno de los jóvenes del 14-O. Pero tampoco un «Mediterráneo convertido en un cementerio», un sistema que amenaza «la propia existencia del planeta» o la «represión contra una generación que ha salido a la calle en defensa de sus derechos y libertades». Todo muy familiar, como si al 15-M se le hubiera dado una mano de barniz político. 

Isabel, una maestra veterana que se ha acercado a traer hamburguesas y zumos para los jóvenes, resumía así su apoyo a la protesta: «Esto no va solo de Catalunya, se trata de su futuro, y como decía Willy Brandt, si no eres comunista a los 20 años, no sé cuándo lo serás». La frase del que fuera canciller alemán no era exactamente así, pero el mensaje ha quedado igual de claro. Corey, hondureño criado en Catalunya, sostiene que el primer requerimiento para estar aquí es «ser demócrata, sin importar si eres o no independentista».  

Eso, y tener espalda y aguante para pasar unos días de acampada urbana. «Pero por una buena causa», ha añadido María, estudiante de la Autònoma de Barcelona. El consejo de gobierno de esta universidad, por cierto, ha decidido este miércoles, tras una larga reunión, que los jóvenes que piden cambiar el sistema de evaluación dispongan de «una prueba de síntesis final». 

El primer día de plante en Universitat terminará con música en directo. Fiesta y baile antes de ponerse a diseñar un mañana mejor. Hasta que se cansen. O hasta que les dejen.