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El Gobierno intenta cercar a Torra para abrir otra etapa

El Ejecutivo cree la situación del 'president' es insostenible y mira de reojo a ERC

Sánchez le pide que defienda a los agentes que "arriesgaron su integridad"

Iolanda Mármol

Fernando Grande-Marlaska pide al Govern una condena firme de la violencia tras reunirse con Buch.

Fernando Grande-Marlaska pide al Govern una condena firme de la violencia tras reunirse con Buch. / TONI ALBIR/EFE

El Gobierno tomó nota de la “hostilidad” y la “tensión” que latían tras los abucheos que se llevó Pedro Sánchez el lunes en su visita sorpresa a Barcelona. No agradaron, pero entraban dentro de lo previsible y desde luego no es lo que más inquieta al Ejecutivo, que tiene la mirada puesta en Quim Torra. Altos cargos gubernamentales consideran que la evolución del maremagnum político y social desencadenado tras la sentencia del ‘procés’ dependerá de la resistencia del Govern. En la Moncloa están convencidos de que el ‘president’ está cada día más aislado y que decisiones como la investigación a los Mossos o una nueva resolución que invoca a la autodeterminación son maniobras desesperadas de un independentismo sin una hoja de ruta para salir de esta crisis. Bajo este análisis, el gabinete de Sánchez pone los dardos en Torra, subraya su “fragilidad” y trata de cercarle, de etiquetarle como un interlocutor desautorizado pero, también, como un “lunático” capaz de arrastrar al Parlament a la desobediencia en su obcecación por hacer historia.

Mucho de esta lectura tiene que ver con que Sánchez no haya cogido el teléfono al ‘president’ en ninguna de las cinco llamadas que le ha hecho desde el fin de semana pasado ("ahora me llama todos los días", ironiza en sus mítines) y con las críticas que los ministros vierten a diario. El Gobierno intenta evidenciar que Torra resiste, pero ha perdido su legitimidad; que es capaz de arrancar una propuesta de resolución en el Parlament, pero tarda una semana en conseguirlo; que logra que una comisión investigue a los Mossos, pero que eso solo demuestra que no acaba de condenar tajantemente la violencia porque no controla la calleNi el GovernNi el rumbo del independentismo.

El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, le envió el enésimo recado este miércoles, tras un debate en la Cámara catalana que puso a los Mossos en el ojo del huracán. “Aquí no hay dos violencias. Aquí hay una violencia exclusiva, la de los violentos radicales, la de los independentistas violentos. La policía se ha limitado al a ejercer el uso legítimo de la fuerza para garantizar los derechos de toda la sociedad”, señaló, en una defensa cerrada de la actuación de los Mossos. Sánchez, desde un mitin en Zamora, le volvió a pedir que "condene a los violentos" y defienda a los agentes "que pusieron en riesgo su integridad física para defender a la sociedad catalana del ataque de los violentos". 

"Un lunático"

Quien puso palabras a la percepción que el Gobierno tiene de Torra fue el ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, que se refirió a él como “lunático” que en lugar de velar por el conjunto de los catalanes en un momento de convulsión está obsesionado por “cómo va a pasar a la historia”.

¿Y cómo va a pasar a la historia? El Ejecutivo evita los augurios pero recuerda que tiene pendiente un juicio por desobediencia que podría inhabilitarle y que recurrirá la nueva resolución del legislativo catalán. “Señoras y señores diputados independentistas del Parlament, quien cruce la frontera de la ley se va a encontrar la respuesta serena y firme del Estado democrático de derecho”, advirtió Sánchez desde un mitin en Segovia.

Mientras los acontecimientos se suceden, a la espera de lo que pueda ocurrir de cara a un fin de semana en el que Interior prevé que pueda haber “picos de violencia”, el Gobierno mira a ERC. Son múltiples las voces próximas al presidente que quieren ver en el camino hacia la moderación de los republicanos la posibilidad de que dejen caer a Torra rompiendo el Govern y provoquen un adelanto electoral.

Tras las urnas, sostienen, los de Oriol Junqueras podrían tejer alianzas más allá del independentismo, como ya ha apuntado el líder republicano. Si hay se abre una nueva etapa en Catalunya, asumen en el Ejecutivo, pasa por que ERC consiga su ansiada hegemonía y sea capaz de sumar con fuerzas no independentistas, sin JxCat.