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CONTRACRÓNICA

Torra en el planeta piruleta

El 'president' se abstrae de los disturbios en Barcelona y presenta una hoja de ruta que no había consultado con nadie

Daniel G. Sastre

Torra, en la marcha de la AP-7, en Girona. 

Torra, en la marcha de la AP-7, en Girona.  / DAVID BORRAT/EFE

Si la realidad no te gusta, tu opción es la evasión. Ya puede derrumbarse todo a tu alrededor: tú te instalas en tu propio planeta, te convences de que no hay nada de qué preocuparse y sigues feliz con tu vida.

Es el camino que ha elegido Quim Torra. La realidad le ha estropeado los planes de la semana, pero no se da por aludido. Primero tardó más de dos días en condenar con rotundidad los disturbios. Resulta que los altercados callejeros no cuadran con el mensaje, mil veces repetido, de que el independentismo es un movimiento completamente pacífico. Y él estos días quería hablar de las beatíficas ‘marxes per la llibertat’ que llegan este viernes a Barcelona, y no de los jaleos nocturnos. Pero superó el escollo sin problemas: cuando se vio obligado a salir por la tele, después de la medianoche y con cara de enorme fastidio, atribuyó los choques a los “infiltrados”.

En el planeta piruleta –la expresión proviene de las propias filas de Torra- tampoco existen problemas dentro del Govern. ¿Que el ‘conseller’ de Interior te planta cara durante una reunión para hablar de las cargas de los Mossos? Te levantas y te vas, y aquí no ha pasado nada. ¿Que Esquerra, tu socio en la Generalitat, emite un comunicado durísimo y exige responsabilidades políticas por la actuación policial? No sé de qué me habla, oiga. ¿Que el Gobierno amenaza con tomar medidas para tomar de nuevo el control de la Generalitat? A mí que me registren. 

Hacía meses que se esperaba también de Torra una respuesta a la sentencia del Supremo. El ‘president’ se ha reunido con partidos y entidades, y el pleno parlamentario de este jueves era el momento de exponer las conclusiones, aunque es verdad que las previsiones no eran halagüeñas porque los partidos independentistas no habían conseguido pactar ni una propuesta de resolución. El pleno quedaba reducido a una intervención de Torra. Pues bien: cuando el ‘president’ sube a la tribuna, propone “volver a ejercer la autodeterminación” esta legislatura. El problema es que no lo había consultado con nadie, y el estupor entre los suyos fue generalizado.

Su entorno intentó después matizar el mensaje en los pasillos del Parlament. Que Torra podría referirse no a un referéndum, sino a unas “elecciones plebiscitarias” al final de su mandato. Que podría haber hecho alusión en realidad a una consulta pactada con el Estado. Mientras en toda Catalunya los detenidos y los heridos –entre ellos dos atropellados, y otro que ha perdido un ojo- se cuentan ya por decenas, quién sabe por dónde van los tiros en el planeta piruleta.

Dirigir una autonomía

Cuando parecía imposible, Torra consiguió este jueves poner de acuerdo a todos los partidos de la Cámara. Hubo un consenso absoluto en reprocharle al ‘president’ su actitud. Fue por motivos diferentes, pero cuatro grupos –Ciudadanos, el PSC, los ‘comuns’ y el PP- le pidieron que se vaya a su casa de nuevo, pero esta vez de forma indefinida. “Usted mismo dijo que no era persona para dirigir una autonomía”, le dijo por ejemplo Miquel Iceta, recordando las promesas de Torra de hacer algo grande cuando Carles Puigdemont le dio el relevo. “Sea coherente y dimita”, añadió.

“No hay nadie al volante”, consideró Jéssica Albiach, que calificó de “delirante” el comportamiento de Torra en los últimos días. Pero las críticas más significativas fueron sin duda las de ERC, cuyo líder parlamentario, Sergi Sabrià, admitió que acababan de conocer en directo la propuesta del ‘president’ e insistió en censurar la labor de los Mossos ante un Miquel Buch que no podía ocultar su irritación. Hasta la CUP, que tampoco sabía nada, cree que la propuesta de Torra es precipitada y está poco meditada.

Pero todo esto tiene una importancia relativa, porque sucedió en el mundo real. Lo sustancial es lo que ocurra en el planeta piruleta, donde el único habitante es Quim Torra.