CONSECUENCIAS DE LA SENTENCIA DEL JUICIO DEL 'PROCÉS'

El día de las maletas mojadas

Los viajeros han andado hasta hora y media por la carretera para poder llegar a El Prat y no perder el vuelo

La policía se esmera en que los aviones puedan ir y venir quizás sin reparar en que hacen falta pasajeros

La C31, repleta de viajeros cargando maletas por la carretas, camino del aeropuerto. 

La C31, repleta de viajeros cargando maletas por la carretas, camino del aeropuerto.  / EFE / TONI ALBIR

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Daba pena verle. El hombre, de origen árabe, de unos 50 años, en manga corta y zapatillas deportivas, con cara de no saber ni en qué continente está, pregunta por la T1. El taxista le acaba de dejar unos metros más allá y el tipo no tiene ni idea de qué dirección debe tomar. No habla inglés, así que entre los gestos y algo de francés, termina por entender que el edificio que tiene ahí a lo lejos es efectivamente una terminal, pero que la suya está al otro lado de las pistas. Tras consultar el mapa del teléfono, la información le deja roto: Google marca una hora y 15 minutos de caminata. Aun así, se marcha agradecido y con una sonrisa. Tiene un vuelo hacia Oriente Próximo y se pone a andar justo en el momento en el que empieza a llover. Esto es el entorno de El Prat, una inesperada ratonera.

El perímetro del aeropuerto se ha convertido este lunes en un sálvese quien pueda. Los manifestantes han avanzado por la autovía C31 sin que se creara ningún tipo de cordón de seguridad por parte de Mossos o las policías locales de turno, ya fuera la de Barcelona, la de L'Hospitalet o la de El Prat. Durante varias horas, han marchado junto a los coches, creando una suerte de 'carril antisentencia' que a veces ocupaba un vial y a veces ocupaba tres. Bicis, gente con perros, jóvenes, veteranos y patinadores han hecho suya la arteria, llegándola a cortar en alguna de las salidas, como la de Sant Boi, y en alguna entrada, como la que viene de la Ronda de Dalt. Se han apartado sin pestañear, eso sí, cuando ha pedido paso una ambulancia. Ha habido algún que otro insulto y exhibición frontal del dedo medio desde algún vehículo a la carrera, pero sin incidentes.

Como Greta 

La imagen de seres humanos con sus maletas es habitual en algunos barrios de Barcelona, con ese 'tacataca' tan característico que genera el 'panot' de nuestros suelos. No es tan normal verles por el lateral de las vías rápidas que acceden a El Prat. Era fácil distinguir entre el nativo, que sabe bien dónde va y el tiempo que le va a llevar el paseo, y el turista o visitante accidental de negocios, que mira a derecha e izquierda y no para de preguntar. Como el matrimonio británico que intenta volver a casa y acaba de ser informado de que le quedan 45 minutos a pie. O el grupito de Taiwán que habrá invertido más de hora y media. Voluntariosa labor de los chavales universitarios que, además de informarles de la ruta, han intentado, en un estupendo inglés, explicarles las razones que les han llevado a abandonar las aulas. Greta Thunberg lo hizo por la crisis climática; ellos, como han resumido, "por un atropello a la democracia". 

La tarde se ha ido complicando porque no había certeza ninguna. Ni para entrar al aeropuerto ni para tirar la toalla y volver a la civilización. Son muchos los que han intentado dar media vuelta, también en sentido contrario, en plena entrada de la autovía, o las motos que han saltado arcenes para cambiar el sentido de la marcha. Un caos extrañamente bien llevado, sin altercados ni accidentes. Otros han parado el coche y hecho ese gesto tan resignado de apoyar el brazo en la puerta abierta. "Qué vas a hacer, ¿liarte a puñetazos?", ha compartido un taxista. Poco recomendable y mal ejercicio de empatía, entre otras cosas, porque el sector del taxi, en esto de cortar carreteras y boicotear aviones, sabe un rato.

Mejor por la C32

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La reacción a la sentencia le ha servido a muchos para darse cuenta del mundo vial que existe entre las dos terminales. Avenida del Aeroport, se llama la conexión interna, con carril bici incluido. Sus tres rotondas se han convertido en una pista de autos de choque, con furgonetas y coches esquivándose y dando marcha atrás para corregir o recalcular la ruta. "Lo mejor es tirar hasta Viladecans y coger la C32", ha recetado un motorista. No le faltaba razón, puesto que la C31, también en sentido gran ciudad, estaba afectada por el tránsito imparable de manifestantes. La total ausencia de policía en las carreteras ha resultado algo inquietante. Como si se destinara todos los efectivos a la movilidad de los aviones, blindando la terminal, olvidando la movilidad del entorno, o lo que es lo mismo, dificultando que esos hercúleos Airbus o Boeing pudieran estar llenos de personas. Amén de los pilotos y demás personal de vuelo, que también han quedado atrapados en ese laberíntico perímetro.

A las siete de la tarde, la Gran Via seguía cortada en ese punto tan poco amable en el que se convierte en la C31. Iba prácticamente vacía, aunque de vez en cuando aparecía algún manifestante trasnochado con ganas de sumarse a la protesta de El Prat. Debe pensar que, efectivamente, esto no ha hecho más que empezar.