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Moción contra Sánchez

Ciudadanos convierte su intento de descabalgar a Torra en un mitin con la vista puesta en el 10-N

Daniel G. Sastre

Albert Rivera, Lorena Roldán e Inés Arrimadas

Albert Rivera, Lorena Roldán e Inés Arrimadas / ACN / MARTA SIERRA

La verdadera diana de la moción de censura que este lunes ha defendido Lorena Roldán en el Parlament no era Quim Torra, sino Pedro Sánchez. Y el principal ariete contra el presidente del Gobierno no era la candidata de Cs a presidir la Generalitat, sino Albert Rivera, que siguió la sesión desde el palco de invitados del hemiciclo. A las puertas de la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del ‘procés’ y de unas elecciones generales cada vez más inciertas, los promotores de la moción hicieron uso del comodín de notoriedad que les dio su gran resultado en las elecciones catalanas del 2017.

Ciudadanos ganó esas elecciones. Fue un éxito incontestable de Inés Arrimadas, que capitalizó el enfado de una parte de la sociedad con el aventurerismo independentista y se benefició de que JxCat y ERC se presentaran en listas separadas. Ha pasado más de un año y medio, y no ha sido hasta ahora, a un mes de unas generales que pintan difíciles para Cs, cuando el primer partido del Parlament ha decidido presentar una moción de censura. Legítimo, sí; oportunista, probablemente.

Rivera, que estuvo en el Parlament hasta el mediodía, desviaba en los pasillos todas las preguntas de los periodistas hacia el tema que le interesaba. “Que Sánchez rectifique. Que no esté al lado de Torra hoy ni de Otegi en Navarra”, decía el líder de Ciudadanos, que acaba de levantar su veto al candidato del PSOE. El mensaje estaba claro: como el PSC no iba a votar a favor de la moción de censura estaba situándose al lado de Torra, a pesar de que el apoyo socialista tampoco habría servido para obtener los votos necesarios para que Roldán se convirtiera en presidenta de la Generalitat.

Minutos de pantalla

Como dijo Miquel Iceta, que ejerció de representante de Sánchez en ausencia obligada del presidente en funciones, es seguro que Roldán obtuvo “muchos minutos de pantalla”, pero también que Torra, que ni siquiera intervino, salió de la sesión sin un rasguño. Y eso pese a los esfuerzos de Meritxell Budó, la subalterna que el Govern envió para mostrar su desdén por la moción, y que, en una intervención de diez minutos, fue capaz de pronunciar la siguiente frase: “Expresamos la disconformidad con el uso de las instituciones para intereses partidistas”.  

Como el objetivo principal de la moción era desgastar a los socialistas, la parte de más enjundia de la jornada fue el intercambio que mantuvieron Roldán y el líder del PSC. La candidata logró sacar de sus casillas a Iceta cuando le llamó “cómplice” del plan de Torra, y lo comparó con los “comandos” independentistas, que es como en Ciudadanos se refieren a los siete CDR encarcelados por, presuntamente, preparar actos terroristas.

El líder del PSC estuvo más cáustico que de costumbre. Llamó “fracasada” a Roldán, presumió de que las encuestas detectan que los votos que pierde Ciudadanos en Catalunya van a parar a los socialistas e incluso se mofó de que la aspirante a presidenta, tan beligerante hoy contra el nacionalismo, participara en el 2013 en la Via Catalana independentista que impulsó la ANC. Iceta solo se puso serio cuando recordó los años en los que su partido fue objetivo del terrorismo: “No se atrevan a atribuir al PSC ninguna tolerancia con la violencia de la que hemos sido víctimas”.

Cayetana Álvarez de Toledo contra Iceta

El PP, el único partido que apoyó a Roldán, también buscó su parte de protagonismo. Cayetana Álvarez de Toledo, candidata por Barcelona el 10-N, afeó a Iceta en los pasillos su abstención en la moción. “Es que a mí me gusta ganar, yo soy un ganador”, se zafó el líder del PSC, con el mismo propósito con el que, en general, los partidos independentistas afrontaron la sesión: dar largas a los ataques para otorgar el mínimo protagonismo posible a Ciudadanos.

No hubo sorpresas en la votación. El cielo amenaza tormenta en Catalunya, pero habrá que esperar a la sentencia del ‘procés’ para calibrar la intensidad del chaparrón.