Ir a contenido

Sánchez fía el desbloqueo a la abstención de Casado

El Gobierno recela de pactar con Iglesias y Rivera por sus giros estos meses

El PP descarta que el apoyo fuera gratis y estudian ya las posibles condiciones

Iolanda Mármol / Pilar Santos

Pedro Sánchez y Pablo Casado, el pasado 11 de junio, en el Congreso, en una reunión para hablar de la formación de Gobierno.

Pedro Sánchez y Pablo Casado, el pasado 11 de junio, en el Congreso, en una reunión para hablar de la formación de Gobierno. / JOSÉ LUIS ROCA

El fiasco de las negociaciones con Pablo Iglesias, el giro a la moderación de Pablo Casado y el descenso de Albert Rivera que pronostican las encuestas en las elecciones del 10-N crean un clima en el que el Gobierno ve más factible la investidura de Pedro Sánchez gracias a la abstención del PP que a un pacto de izquierdas o con Ciudadanos. Ni el levantamiento del veto de los naranjas ni la insistencia de Unidas Podemos y Más País en un acuerdo progresista seducen al Ejecutivo. 

En cambio, las expectativas para lograr el desbloqueo político a través del partido conservador se han multiplicado en los últimos días, espoleadas por los mensajes de estabilidad que, aseguran altos cargos de la Moncloa, el PP ha hecho llegar a algunos empresarios, comprometiéndose a evitar unas eventuales terceras elecciones

Fuentes populares admiten que, llegado el caso, Sánchez podría “arrancar” esa abstención con un pacto de mínimos en el que estuvieran, entre otros, el compromiso con la unidad de España y la firmeza ante los independentistas, el cumplimiento de la ley de estabilidad presupuestaria y la reforma de legislación en pos de impedir futuros bloqueos políticos.

Vicepresidencia de Errejón

Los socialistas ven imposible negociar de nuevo con Iglesias, convencidos de que les volvería a pedir una vicepresidencia y ministerios aunque obtuviese un resultado menor al de abril ni tampoco con Ciudadanos, por la actitud de Rivera estos meses, al que ven desesperado por "volver al tablero de juego". 

La ecuación por la izquierda, intuyen, todavía se complicaría más, con la presencia de Íñigo Errejón. Aunque el líder de Más País se presente como el adalid ‘antibloqueo’, en el Ejecutivo dan por hecho que pediría también una vicepresidencia, lo que convierte la opción progresista en algo “estéril”, señalan.

Con esta perspectiva, el entorno del presidente y también dirigentes del PSOE miran a un PP que parece haber vuelto al centroderecha, con un líder decidido ahora a expresar moderación y a distanciarse de Ciudadanos y Vox. Los socialistas entienden que, si la caída de Rivera es como apuntan los sondeos (el de GESOP para este diario señala que bajaría de 57 a entre 24-28), y el PP llega a la cota de los 90 escaños (ahora está en 66), Casado se sentiría más cómodo para favorecer la investidura de Sánchez. Además, sería el único pacto a dos que sumaría mayoría absoluta, según esa encuesta. La vuelta al bipartidismo por la puerta grande.

La opción de la gran coalición

Oficialmente, fuentes del partido conservador indican que no están analizando esta “hipótesis”, porque salen “a ganar por un voto más a Sánchez”. Sin embargo, miembros del núcleo duro de Casado admiten en privado que la opción está sobre la mesa y algunos ya defienden que no ofrecerían la abstención gratis, como hizo el PSOE con Mariano Rajoy en el 2016, sino que querrían un pacto por escrito para justificar ante sus votantes por qué se facilita el Gobierno a Sánchez. La inestabilidad económica, el problema territorial por el independentismo catalán y la responsabilidad de no ir a unas terceras elecciones podrían blandirse como justificación. De hecho, a oídos del líder de los conservadores ha llegado ya que hay varios miembros de la dirección del partido que apostarían por pedir primero la gran coalición. Rajoy, que ganó las elecciones del 2015, ya se la ofreció a Sánchez en aquel momento, pero el secretario general del PSOE la descartó. 

En este caso sería el partido ‘perdedor’ el que la reclamara. Si los socialistas no aceptaran, la negociación podría derivar en la abstención, pero con contrapartidas. Incluido el cambio de la legislación para facilitar la formación de Gobierno con el fin de evitar nuevos bloqueos políticos en el futuro. Sobre todo para que en las elecciones de 2023 (si se agotan los cuatro años de la legislatura), Casado lo tuviera más fácil.