Ir a contenido

LA ENCRUCIJADA CATALANA

El enigma del Tsunami Democràtic

Los partidos fían a la sociedad civil la respuesta a la sentencia del 'procés'

La plataforma tiene plena soberanía para planificar acciones no violentas

Xabi Barrena / Júlia Regué / Fidel Masreal

Marcha de antorchas en Girona para conmemorar el 1-O, el pasado martes

Marcha de antorchas en Girona para conmemorar el 1-O, el pasado martes / JOAN CASTRO / ICONNA

Utilizar la lógica del 1-O en la que los actores políticos, con el fin de mantener alejadas a las fuerzas de seguridad de las urnas, cedieron la infraestructura a la sociedad civil organizada de manera que, incluso, desconocían los más trascendentales detalles, aunque daban por hecho que los tutelaban. Esta es la forma en la que el independentismo prepara la respuesta a la sentencia del juicio del 'procés'. Una apuesta por la desobediencia civil, que esta vez protegerá a las instituciones para evitar una posible suspensión de la autonomía. "Hay que reforzar las instituciones, no debilitarlas", repiten una y otra vez. El espectro del artículo 155 de la Constitución está bien vivo. Motivo de más como para ceder la iniciativa a un actor inrastreable con una agenda de movilizaciones propia.

¿Quién está detrás de la respuesta al fallo?

Fuentes de los partidos soberanistas admiten vagamente que están "aquellos que consiguieron llevar las urnas a los puntos de votación y organizaron la logística". Una red de personas apegadas al territorio, organizadas, algunos militantes de base de partidos, otros no. Las fuerzas políticas se han encomendado a esta red que ahora se conoce como Tsunami Democràtic. No hay líderes ni portavoces. No participan en las reuniones a cinco entre partidos y entidades, aunque hay interlocución con ellos. Los apoyan en sus iniciativas, como pueden ser las anunciadas por la ANC y Òmnium, pero eso no hace virar su propio calendario de actuaciones.

¿Qué preparan?

Ese es el secreto mejor guardado y, a la vez, el más susceptible a cambios. Grosso modo la idea es "paralizar" Catalunya, sea con cortes de carreteras, manifestaciones o ocupaciones de infraestructuras estratégicas desde la no violencia. El día antes de la puesta de largo (de la aparición de los perfiles de Tsunami Democràtic en las redes sociales) el plan se expuso en la cumbre soberanista que se celebró el fin de semana a caballo entre agosto y septiembre. Partidos y entidades abrazaron la propuesta.

En esta línea, y para calentar motores, Òmnium y la ANC anunciaron el viernes la convocatoria, para cuando se haga pública la sentencia, de cinco marchas "populares y masivas" durante tres días desde cinco puntos distintos Girona, Vic, Berga, Tàrrega y Tarragona) hasta confluir en Barcelona.

Doble nivel

El independentismo cocina la reacción a doble nivel. El político y el civil. Como en el 1-O. Y la referencia al referéndum no es baladí, no solo por la coincidencia temporal, si no porque algunos sectores tratan de aplicar las lecciones que se sacaron de ese día. Sin embargo, distintas fuentes coinciden en que reeditar una consulta podría resultar perjudicial para el independentismo: porque sería complicado volver a articular la organización clandestina que lo hizo posible, se debería volver a poner en jaque a las instituciones con un pretendido amparo legal, y porque tampoco las tienen todas consigo para garantizar su éxito, a sabiendas de que desconocen cuál podría ser la reacción del Estado con el PSOE al frente de la Moncloa. Las imágenes del 1-O ayudan al relato del soberanismo, aunque detesten ahora su "mandato" para aplicar los resultados al tiempo que temen un nuevo 155 que les obligue a perder las riendas del Govern y la Administración.

El primer choque sobre la respuesta, como no, ha sido el de la posconvergencia, y particularmente el entorno del 'expresident' Carles Puigdemont, y ERC sobre el significado que cabe dar. La primera duda a resolver es si la sentencia puede dar pie a una fase "resolutiva", en palabras de un alto mando secesionista. Es decir, si puede ser un paso clave para lograr la independencia. Para Puigdemont, que cree a pies juntillas que con el Estado solo cabe la confrontación, la respuesta es sí. ERC por su parte lo ve harto difícil, pero sí considera que esta reacción, si se cumplen una serie de condiciones, puede ayudar a forzar al Gobierno de turno (el 10-N decidirá) a sentarse a dialogar.

Ausencia de violencia

Estas condiciones son, por un lado, la ausencia de cualquier tipo de violencia, y, por el otro, la movilización masiva de la sociedad civil. Waterloo añade otro punto, causar daño al Estado, léase su economía. En concreto, la estrategia del independentismo combativo, el que considera que sólo con un nuevo conflicto con el Estado se logrará la independencia, pasa por plantear un programa de acciones que puedan afectar directamente a las arcas del Estado. Consideran que una campaña que dañe sólo la reputación de las instituciones estatales no sería suficiente (de ahí también la campaña de la ANC que busca debilitar a las empresas del Íbex 35) y que sólo ante un bloqueo económico la Unión Europea (UE) levantaría la voz de alarma. Una estrategia avalada por el Consell per la República, que dirige Puigdemont desde Waterloo.

De momento, Tsunami Democràtic se dedica a agitar la incertidumbre y a lanzar mensajes de alerta ante lo que vendrá a través de las redes sociales. "Cuando salga la sentencia, movilización inmediata. Tú eres la respuesta. Lleva provisiones". El bocadillo no está incluido.