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LA ENCRUCIJADA CATALANA

Sin reconciliación posible en la posconvergencia

Los sectores moderados concluyen que tarde o temprano se producirá una escisión

Creen que su apuesta por el diálogo con el Estado es incompatible con el rupturismo de Puigdemont y Torra

Fidel Masreal

El presidente del PDECat, David Bonvehí.

El presidente del PDECat, David Bonvehí. / EFE

Incompatibles. Así se declaran los sectores más moderados del PDECat (la posconvergencia) respecto al proyecto estratégico independentista del 'president' Quim Torra y su predecesor Carles Puigdemont. En pleno proceso interno en las bases territoriales de la formación para tratar de aunar sus evidentes divergencias estratégicas, los más partidarios del diálogo y la negociación para resolver el contencioso con el Estado se muestran absolutamente convencidos de que los recientes discursos de Torra y Puigdemont llamando a la "confrontación" con el Estado, a la "desobediencia" y a un posible paro general de Catalunya están a las antípodas de lo que necesita el PDECat.

"Un mal discurso"

"Son discursos que se dan de bruces con lo que se ha de hacer para que el país avance en términos nacionales, porque su retórica y falta de concreción nos mantienen atrapados en una lógica que debilita el autogobierno y el país", afirma un destacado representante de este sector dialogante. "Es un mal discurso", subraya, más allá de que la del desacato sea o no una opción viable de futuro. "Es evidente que no se puede intentar aunar a las dos sensibilidades", afirma otro integrante de esta sensibilidad moderada. "La reconciliación no es posible, las dos vías son antagónicas", remata otro exdirigente institucional de este espacio.

Que la amenaza de un nuevo choque con el Estado en forma de paro masivo o manifestaciones a modo de las de Hong Kong genera tensión interna es tan evidente como que la 'consellera' de Empresa, Àngels Chacón, se ha desmarcado de este tipo de bloqueos permanentes en Catalunya.

Reflexión en Poblet

Otra cosa es que este colectivo, cuyos representantes estarán probablemente en un acto el próximo día 21 en Poblet en el contexto de una reflexión intelectual sobre el futuro de Catalunya bajo el lema "El país de demà", pretenda dar el salto en forma de escisión interna. No parece que eso sea inmediato, ni que esté claro bajo qué fórmula se organizaría este sector, ni tiene la suficiente coherencia interna. Los menos convencidos de la escisión creen que sólo llegará si Puigdemont y sus fieles fuerzan en exceso la presión en favor de la desaparición del PDECat. O bien si se apostara claramente por la Crida como prioridad.

De entrada, esperarán a que se dicte la sentencia del 'procés' y a que avance el proceso interno del PDECat, que podría desembocar en un intento de recoser las heridas internas bajo el paraguas electoral de Junts per Catalunya (JxCat) pero sin disolver al partido, sino convirtiéndolo en el viga maestra del proyecto. Muchas de las bases territoriales apuestan por esta fórmula "pese a quien pese" para recuperar las riendas del proyecto en decisiones como las listas electorales y el discurso.

Otros, más cercanos a Puigdemont, abogan por combinar el tono combativo con el Estado y las acciones de desobediencia con el sello clásico de Convergència de la gobernabilidad, la gestión y los pactos transversales en las administraciones de forma pragmática, como ha sucedido recientemente en la Diputación de Barcelona con el PSC.

Pero los moderados desconfían de cualquier intento de pacto salomónico porque creen que Puigdemont no acatará lo que pueda decidir este mes el partido. "Hemos de esperar a que se complete la fase de descomposición, estamos como en el momento que describió el filósofo Antonio Gramsci: lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer", describe uno de los integrantes de este sector.

¿Una nueva coalición?

Una solución salomónica, pero de difícil encaje, es la constitución de una coalición entre ambas posiciones, tal como avanzó EL PERIÓDICO el relación al PDECat y la Crida, que no deja de ser una de las plataformas de Puigdemont, junto a su ascendencia sobre la marca Junts per Catalunya. Se trataría de actualizar la alianza histórica entre Convergència y Unió Democràtica, que representaban dos almas distintas del catalanismo y que mantuvieron una mala salud de hierro durante 37 años. Una posibilidad remota dada la áspera convivencia actual en el seno del PDECat y JxCat de ambas sensibilidades, lo cual obligaría a crear un órgano estable de coordinación entre dos polos cada vez más encaminados al divorcio.