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ONZE DE SETEMBRE

Frente por la absolución

Òmnium Cultural conjura al soberanismo bajo la proclama de no aceptar una sentencia condenatoria

Colau apoya la reivindicación y tacha de "barbaridad" la prisión provisional de los presos

Júlia Regué

Acto de Òmnium Cultural con las primeras espadas del soberanismo.

Acto de Òmnium Cultural con las primeras espadas del soberanismo. / EUROPA PRESS / DAVID ZORRAKINO

Puntuales, a las nueve en punto de la mañana, instituciones, partidos políticos, entidades y sindicatos hacían cola para agolpar ofrendas a los pies del monumento a Rafael Casanova. El ‘president’ Quim Torra ofició el inicio de la tradicional ceremonia pasando revista a la formación de Mossos d’Esquadra vestidos de gala. En esta ocasión tuvo que conformarse con la música de 'Els Segadors' enlatada, la lluvia impidió actuar a la banda. 

Mientras se dirigía escoltado por el resto de miembros del Govern a la escultura del que fuera ‘conseller’ en cap de la Generalitat, el himno de España empezó a resonar a todo volumen desde el balcón de un hotel cercano. El Ejecutivo lo interpretó como un acto "incívico y lamentable" y dos personas fueron identificadas por la policía catalana al entender que se trata de una interferencia en un acto público autorizado. Queda por ver si los hechos pueden constituir un delito o falta administrativa.

El acto siguió el guion sin interferencias: desfiló la comitiva de la Mesa del Parlament, el Ayuntamiento de Barcelona y la Diputación. No participó ningún miembro de Ciutadans, pero sí el representante del PPC en el consistorio, Josep Bou, que sorprendió con su ofrenda en solitario: "He venido a rescatar su figura, no puede ser que el separatismo le tenga secuestrado [...] y quiero que sea la figura de un gran españolazo que abrazó la catalanidad como lo hago yo", espetó ante los periodistas.

La excepcionalidad política volvió a empañar la ofrenda: es la segunda Diada con la cúpula del 1-O entre rejas, reina la incertidumbre sobre la sentencia del Tribunal Supremo, planea la incógnita sobre una repetición electoral en España y el independentismo camina sin rumbo.

Pese a este panorama, Òmnium Cultural logró conjurar en un mismo frente al soberanismo al mediodía, una imagen que no se repetiría por la tarde. El Arco del Triunfo fue el escenario en el que la entidad presidida por Jordi Cuixart se fortaleció como bisagra, llevando como compañeros de viaje a los ‘comuns’ y mostrando buena sintonía con quienes, a su vez, se negaron a participar en la marcha orquestada por la ANC por considerarla "excluyente". Todo un gesto de distanciamiento del unilateralismo y un apego a la apuesta de los "grandes consensos del 80%" que propugna la entidad.

La fotografía allanó el terreno a Colau, que compareció en un vídeo grabado junto a otros alcaldes para pedir la absolución de los juzgados por el referéndum: "Es una barbaridad que lleven dos años encarcelados. Como demócrata, creo que es imprescindible la defensa de la libertad de expresión y del derecho a manifestación. Por eso, pedimos la absolución", espetó, ganándose la atención del ‘president’, el ‘vicepresident’, algunos ‘consellers’, la presidenta de la ANC, miembros de la CUP y los dirigentes de CCOO UGT.

Diálogo versus confrontación

En una carta desde prisión, Cuixart quiso romper la dicotomía entre "diálogo" y "confrontación", y se aferró a la bancada del entendimiento: "Nos quieren dividir entre partidarios del diálogo y de la confrontación, pero la defensa permanente del dialogo es la única vía para la resolución del conflicto", apuntó, en voz del vicepresidente de la entidad, Marcel Mauri

"Si no hay absolución el Estado tendrá un problema con sus instituciones, con su democracia", apostilló Mauri, y exigió que la respuesta al fallo sea "colectiva".