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EL ONZE DE SETEMBRE

Diada de ensayo

Un independentismo con menos fuerza clama por la unidad antes de la sentencia del Supremo

Partidos y entidades marcaron perfil con actos propios en la calle pese a la tregua secesionista

Jose Rico

Miles de personas se concentran desde pasadas las 16.00 horas en la plaza Espanya y sus alrededores para participar en la manifestación convocada por la ANC en Barcelona con motivo de la Diada, bajo el lema Objetiu Independència. / ACN VÍDEO

Para el independentismo, la octava Diada del 'procés' servía como termómetro para calibrar la musculatura con la que afrontará en pocas semanas la sentencia a sus líderes presos. El resultado del ensayo fue una nueva manifestación masiva a favor de la independencia y de la absolución de encarcelados y 'exiliados', pero también la constatación de que el movimiento ha visto menguado el fervor de su génesis y acusa la desunión estratégica de quienes lo sostienen en las instituciones y en la calle. De ahí que la reivindicación de la unidad política y social ante el próximo embate se convirtiese en el clamor más repetido por el gentío.

Fue una jornada de tregua en medio del fuego cruzado que ha precedido a este Onze de Setembre. La pluralidad del soberanismo se arremolinó en torno a la plaza de Espanya de Barcelona y aledaños, cumpliendo religiosamente las discretas expectativas fijadas por la ANC y Òmnium. La única estimación de asistencia, 600.000 personas según la Guàrdia Urbana, supone la cifra más baja desde la primera Diada masiva, en el 2012, y un 40% menos que el año pasado. Es decir, mucha gente, pero menos gente.

Esta pérdida de 'punch' se notó en el tono y el contenido de los mensajes, menos enardecidos y trufados de reconocimientos de desorientación y de falta de una "estrategia" clara y unitaria que permita "avanzar" al 'procés'. Se admitió, por ejemplo, que esta ha sido la Diada "más difícil" de organizar para cumplir el objetivo fijado, que el "desánimo" se ha apropiado de parte del secesionismo y que los partidos de la causa han contribuido a ello con su abierta confrontación.

Recriminaciones

Reproches al Govern volvió a haber muchos, siguiendo la tradición de cada Diada. Las entidades relegaron a los políticos de la primera fila y acusaron a JxCat y ERC de obstruir la independencia al haber renunciado a la vía unilateral. Pero los propios organizadores evitaron trazarles el camino a seguir después de la sentencia, más allá del aval a la "desobediencia civil" como método legítimo de resistencia.

La falta de un objetivo a corto plazo, a diferencia de otros Onze de Setembre, facilitó que la fiesta en la calle no rezumase la euforia de antaño. Y que cada cual aprovechase el día para marcar su territorio cara a un otoño en que esa misma transversal multitud tendrá que decidir si vuelve a poner en peligro las instituciones u opta por anclarse a una senda más pragmática.

Por ejemplo, Òmnium Cultural dio este año más empaque a su acto matutino, con el que quiso sacar brillo a su rol de bisagra con los sectores soberanistas menos proclives al radicalismo, como los 'comuns' y los sindicatos. De hecho, la entidad que preside Jordi Cuixart se adjudicó la foto más unitaria de la Diada al conseguir que representantes de Catalunya en Comú-Podem y los líderes sindicales se sentaran junto a miembros del Govern, de la CUP y a la presidenta de la ANC. Incluso la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se sumó al acto a través de un vídeo.

Cada uno por su cuenta

El catalizador de esta imagen de tregua no fue ni la unilateralidad ni las elecciones, sino la absolución de los presos y la reivindicación del derecho de autodeterminación de Catalunya. Dos de los pocos denominadores comunes que todavía unen al conjunto del soberanismo, siempre que no se entre en detalles sobre cómo ejercer ese derecho.

Llamó la atención también el acto propio de ERC en el que su futuro candidato, Pere Aragonès, reivindicó al partido como "herramienta imprescindible para la república", ahora que apuesta por el diálogo y la moderación. Y la ANC, en un acto matinal también por su cuenta, optó por seguir avivando el boicot a las empresas desafectas. La nota discordante de la jornada festiva la pusieron 300 radicales que se encararon con los Mossos ante el Parlament y causaron altercados, agrediendo incluso a una periodista de TVE.

Así, la octava Diada del 'procés' pareció más una jornada de transición. El independentismo reserva fuerzas para una sentencia cuyo día después sigue siendo toda una incógnita.