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SEGUNDO ANIVERSARIO DE LOS ATENTADOS

Ripoll, año dos después del 17-A

La escuela y los niños han evitado que se rompiera el vínculo entre comunidades

El voto racista subió casi 10 puntos en las últimas municipales

Roger Pascual

Mujeres de las distintas comunidades de Ripoll paseando por al población.

Mujeres de las distintas comunidades de Ripoll paseando por al población. / JORDI COTRINA

¿Cómo se recose el tejido social de una pequeña comunidad después de un seísmo social como el vivido el 17-A del 2017 en Ripoll? ¿Cómo se gestiona el duelo compartido con Barcelona y Cambrils y se combaten las desconfianzas? ¿Qué medicina hay para frenar los brotes xenófobos? Émile Durkheim, uno de los padres de la sociología, decía que la sociedad, como el cuerpo humano, tiene órganos, necesidades y funciones interdependientes. Dos años pueden dar lugar a mil vidas distintas; tanto para una persona como para un cuerpo social. ¿En qué momento vital se encuentra Ripoll dos años después de los atentados?

Las cifras detectan un aumento del racismo, esa enfermedad que emponzoña los pozos comunitarios: el termómetro electoral señala que el voto xenófobo ha pasado del 2,47% al 11,80%. Si Plataforma per Catalunya logró 122 votos en las municipales del 2015, en las del pasado mayo el Front Nacional de Catalunya consiguió entrar en el consistorio tras recibir 503 votos. Sú única concejal denuncia la "progresiva estrangerización de nuestro pueblo y nuestra patria". Som Catalans, otra partido xenófobo, obtuvo 112 apoyos. Alternativa per Ripoll, ERC, Junts per Ripoll y el PSC firmaron antes de los comicios un manifiesto en el que se comprometían a aislar a estas formaciones con "un discurso claramente racista".

Estrategias de largo recorrido

"Hay gente que dice ahora en voz alta lo que antes solo pensaba, creen que el 17-A les da la razón y legitima las conductas racistas", coinciden varios de los entrevistados (casi todos prefieren mantenerse en el anonimato). Frente a los incendiarios que ponen en riesgo las costuras comunitarias está la laboriosa y oscura tarea de los que intentan no solo reforzar los lazos existentes sino crear de nuevos. Ripoll proyectó un plan de convivencia, a partir del próximo curso se empezará a implantar un plan piloto del Departament d'Ensenyament para la educación de 0 a 20 años y desde el Consorci de Benestar Social del Ripollès se han organizado mesas de trabajo y talleres.

Varias personas musulmanas en una plaza del centro de Ripoll /JORDI COTRINA

"Somos conscientes de que nos observan muchos pueblos. Son estrategias de largo recorrido, no de un día para el otro", señala Jordi Munell, alcalde de esta ciudad de poco más de 10.000 habitantes, donde conviven una cincuentena de nacionalidades y en el que la marroquí es un 8% de la población. Entre las iniciativas impulsadas destaca '12 meses, 12 países': cada mes se hacen actividades para conocer la cultura de uno de esos países a través del cine o la gastronomía. El deporte juega un papel clave. Tres días a la semana se hacen actividades deportivas en distintas plazas del pueblo pensadas sobre todo para los niños que no hacen extraescolares. "En el Barça nadie se plantea de qué religión o raza es un jugador. Lo único que miras es qué camiseta, no si come cerdo o celebra la Pascua", reflexiona Munell. 

Puentes emocionales

La prioridad es construir puentes emocionales tan sólidos com los que unen las distintas partes de Ripoll por encima de los ríos Freser y Ter. "No solo buscamos tocar la razón, sino también la emoción", explican fuentes municipales, que comentan que se les acercan muchos jóvenes con dudas y preguntas como "qué quiere decir ser un joven marroquí aquí cuando nueve jóvenes marroquíes se han visto involucrados en los atentados". Como destacan estas fuentes el 17-A fue una "sacudida, con Ripoll como epicentro del terremoto".

La ciudadanía sigue bajo ese impacto y se debate entre el impulso de pasar página y la necesidad de terminar de aclarar lo sucedido. Cada vez que se da a conocer algo del sumario se vuelve a hablar del asunto, aunque más de puertas a dentro y en voz baja para que no lo escuchen los niños, que son el hilo que mantiene unido el tejido social. En las plazas se les ve bromeando, con los móviles y las bicis, sin distingo de razas. Fuentes municipales ponen la plaza de la Sardana como paradigma. "En un rincón ves a los padres de raíces andaluzas, en otro a los de raíces catalanas, en otro a los de origen árabe y en el otro a los latinoamericanos. Y en el centro, todos los niños jugando entre ellos".

Todas los consultados ensalzan el gran papel que ha jugado la escuela para mantener los vínculos y que no hubiera estallado un conflicto comunitario. "Tenemos mucha suerte de que haya tantos chiquillos que hacen que la comunidad no se haya separado del todo. No hay muchos extremistas ni por un lado ni por otro. Dentro de lo malo la suerte es que pasó en un pueblo porque si no podría haber petado". Hay quien recuerda como los terroristas "eran de los marroquíes mas integrados de todos. Poca gente entre los 15 y 40 no se había tomado una cerveza con ellos". "Ahora no se interactúa entre comunidades, puede haber alguno que sí, pero es una minoría. Las comunidades se han separado más de lo que estaban y costará mucho que la gente vuelva a confiar en lo que confiaba".

Puesto de fruta en el mercado de los miércoles de Ripoll /JORDI COTRINA

La comunidad musulmana es la que resulta más reacia a hablar. Muchos aducen, para evitarlo, que llevan poco tiempo en la ciudad. Tijani ha vuelto hace un par de semanas que ha vuelto Ripoll, en la que había vivido ya antes de marcharse hace un año y medio a Granollers. Dice que ha regresado porque le gusta más el ambiente que se respira en el pueblo, que asegura que ha visto igual. Lo que más destaca este marroquí nacido en el Rif es el respeto, la sensación de que todos son iguales. Como apunta, en la mezquita se enseña que lo importante es comportarse correctamente con el otro "da igual si eres negro, blanco o rojo".

"Los primeros seis meses aquí fueron muy duros, la verdad. Mucha gente se planteaba irse", revela uno de los que se quedó. Entiende que al principio hubiera desconfianza. "Que hubiera gente que dudara de nosotros era comprensible. Ves que había varias personas de aquí en lo de los atentados, lo que pasa en París, en Bruselas y es lógico que la gente dude, pero con el tiempo la gente ha ido viendo que no todo el mundo es lo mismo", reflexiona. Destaca el hecho de que no haya habido ataques a las mezquitas y cree que la idea de abrir la de Annour al final del Ramadán (con el "objetivo de de mejorar el conocimiento y respeto mutuo de las personas que vivimos y amamos Ripoll") ha ayudado a hacer que el clima sea más bueno. 

Demanda de transparencia

"En la comunidad musulmana son los primeros que han visto que tienen que abrir sus puertas. Cuando más abres la gente ve que menos escondes y es más fácil combatir la aversión que puede provocar en algunos el desconocimiento", reflexiona el alcalde. Como ocurrió en el ayuntamiento de Barcelona, el de Ripoll también aprobó el mes pasado una moción en la que se reclamaba al Gobierno esclarecer la relación del imán Abdelbaki es Satty con el CNI. "Cada vez que se abre un parte del sumario vuelven a aflorar sentimientos -concede Munell-. Que ese aclare las relaciones que tenía el imán con el CNI. Un tema como este demanda la máxima transparencia; para poder pasar página de la historia hay que saber la verdad".