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Aitor Rufián y Gabriel Rufián, este martes en el Congreso.

DAVID CASTRO

Rufián, de dinamitero a cura

Alejados del debate de investidura de Sánchez, las negociaciones continuaban

Juan Fernández

Quienes asisten a los plenos del Congreso de los Diputados con ojos de espectador de teatro están de luto: Gabriel Rufián, uno de los mayores animadores de la vida parlamentaria, protagonista de ingeniosas puestas de escena en el hemiciclo, ha hecho propósito de enmienda y promete cambiar. Lo ha afirmado en su discurso del debate de investidura, en el que ha reconocido que durante la pasada legislatura hizo "muchas cosas mal", y que a partir de ahora ya no dará más bazas a la oposición por presentarse a los debates luciendo camisetas que acaban eclipsando su discurso. [Directo: últimas noticias sobre la negociación PSOE-Podemos y la investidura de Pedro Sánchez]

Se acabó el Rufián dinamitero que sacaba de sus casillas a la bancada socialista tachándolos de "traidores" y que llamaba "carceleros y antidemócratas" a los populares agitando en el aire juegos de esposas o fotocopiadoras. Pero el diputado de ERC no necesita montar numeritos para atraer la atención del hemiciclo y lograr que sus adversarios se revuelvan en sus escaños. Ahora habla con el tono pausado de un cura y repite las frases varias veces con suma lentitud para que queden flotando en el aire como versículos de una homilía, pero sigue sabiendo cómo pegar pellizcos, aunque en esta legislatura los dé con la mano blanda.

Bastó que llamara "trillizos" a los líderes de PP, Ciudadanos y Vox para que el tercio conservador del arco parlamentario empezara a murmurar. La segunda vez que usó el símil, el diputado naranja Marcos de Quinto no aguantó más y se marchó escaleras arriba resoplando. En su camino se encontró con Iván Espinosa de los Monteros, que le miró poniendo cara de no dar crédito a lo que estaba oyendo. "¿Trillizos nosotros?", parecía que le preguntaba. Minutos antes, el diputado de Vox había felicitado con mucha efusividad a su compañero Abascal al oír cómo el portavoz de ERC le convertía en el próximo ministro de Defensa si fracasan las negociaciones de PSOE y Podemos.

Rufián, que llegó citando a Unamuno y acabó gritando que a él no le roba España, "sino Rato, Millet y Pujol", es un showman incluso cuando va de manso, y lo sabe. "Yo no le pido a Casado que deje de ser conservador, ni a Rivera que deje de ser lo que le toque ese mes", soltó provocando una carcajada general en dos tercios de la Cámara. Sánchez agradeció el nuevo tono del republicano, aunque en el turno de réplicas que mantuvieron desde los escaños no faltó el habitual cruce de miradas desafiantes, con gestos de chulería incluidos, entre el diputado de ERC Jordi Salvador y el ministro socialista Josep Borrell cuando Rufián recordó a la cámara que ninguna mitad de Catalunya puede imponerle a la otra ni la independencia ni la autonomía.

También estuvo ocurrente Aitor Esteban, que subió al estrado contando el chiste del Rolex y las setas y logró hacer reír a toda la Cámara Baja, excepto a los diputados de PP, Vox y Ciudadanos, cuando llamó a la formación de Rivera "banda de mariachis que no sabe qué hacer para llamar la atención". Su compañero, el diputado vasco Joseba Agirretxea, le aplaudía desde su escaño luciendo en la solapa de la chaqueta un lazo amarillo.

Entre golpes y chascarrillos, durante la mañana continuó la partida de póker que se traen socialistas y morados a 48 horas de la votación definitiva. "No perdemos la esperanza de llegar a un acuerdo", decía Sánchez en una de sus réplicas mientras Iglesias miraba al techo y bostezaba sin disimulo. Este evidente desapego no impedía que durante la sesión se sucedieran los corrillos y las confesiones al oído entre diputados de PSOE y Podemos.

De pronto, Rafael Mayoral llegaba al hemiciclo, se acercaba a la bancada socialista y le mostraba la pantalla de su móvil a Pedro Saura, que a continuación transmitía el mensaje a sus compañeros y todos se lanzaban en plancha sobre sus móviles. Al rato, el diputado socialista se perdía escaleras arriba para hablar con Echenique y los dos se marchaban del salón de plenos acompañados de Ione Belarra. Más tarde, la diputada de Podemos volvía al Parlamento, hablaba con Pablo Iglesias y el líder de la formación morada desaparecía por la puerta por donde se habían ido Echenique y Saura. Alejados de los discursos del debate de investidura, las negociaciones continuaban.