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Los pactos locales constatan el desgaste de JxCat

Los gobiernos municipales certifican el auge de las izquierdas con el PSC y ERC al frente

Los 'comuns' pactan con los socialistas en Barcelona a costa del apoyo de Valls, y en Badalona asumiendo la alcaldía para el PSC

Fidel Masreal

Mireia Ingla, alcaldesa de Sant Cugat del Vallès.

Mireia Ingla, alcaldesa de Sant Cugat del Vallès. / EL PERIÓDICO

Los pactos con los que se han forjado buena parte de los ayuntamientos catalanes este sábado arrojan una conclusión clara: el fin de la inocencia. Ningún partido está ya en condiciones de dar lecciones de coherencia. El mapa de gobiernos municipales catalanes se parece a un arco iris, pero con franjas de color y tendencias no menores: la izquierda forja numerosos acuerdos, muchos de ellos por encima de las diferencias en el eje identitario; Esquerra no ha dudado en arrebatar a su competidor nacionalista, JxCat, cuantas alcaldías ha sido necesarias; los 'comuns' pierden definitivamente la virginidad y optan por tragarse sapos de grandes dimensiones, llamados Ciutadans en Barcelona y alcaldía socialista en Badalona; el PSC recupera fuelle pero pierde Tarragona.

Barcelona se consolidó ayer como la gran excepción a la apuesta estratégica de 'Comuns' y ERC de entenderse, con los socialistas si es necesario. Sí, es un ciudad menor, y sí, la victoria del PP era un gran estímulo, pero el pacto de Castelldefels entre ERC, PSC y 'Comuns' es digno de ser mencionado. Como la alianza 'in extremis' de Badalona.

JxCat, Reus y Girona

La zozobra en el terreno soberanista es notable, y véase como muestra el escandaloso pleno en Santa Coloma de Farners, el pueblo del 'president' Torra, donde una hermana del mismo retiraba el retrato del 'president' de la sala de plenos en protesta por el acuerdo de JxCat con los socialistas. ERC denunciaba maniobras del propio Torra, que seguía tuiteando en favor de "cambiar pactos que no responden a la necesaria unidad" del independentismo. Una unidad que, si alguien tenía dudas al respecto, ha saltado por los aires en Sant Cugat, Figueras y las diputaciones, por sólo poner tres ejemplos. Mientras, el concejal de JxCat en Barcelona, Joaquim Forn, preso preventivo por el 1-O, pedía en su discurso "superar determinadas actitudes negativas o barreras mentales partidistas que nos impiden llegar a grandes acuerdos" entre las fuerzas políticas. Un discurso que representa una bofetada al el mandato de Torra, como lo han sido pactos con el PSC en municipios como Calella o la ciudad del 'conseller' Buch, Premià de Mar. JxCat salva Reus y Girona como principales feudos.

Se avecina tormenta en el espacio poscvonvergente a partir de este lunes. "Defendí votar los presupuestos de Pedro Sánchez, discrepo del veto a Iceta, creo que nos hemos equivocado en la estrategia de confrontación, y en mi ciudad habría pactado con el PSC desde el minuto cero, pero como hemos de ser puros y no nos mezclamos con los del 155... no entiendo nada", se lamenta un destacado cargo posconvergente.

El factor ERC

Pero sin duda, la alcaldía republicana en Lleida, Tarragona y Sant Cugat, entre otras, son algunas de las muestras del auge republicano histórico. Además de las diputaciones. Un auge también metropolitano, a costa del solar de JxCat en este territorio. Los republicanos no han tenido dudas a la hora de forjar acuerdos con quien han considerado oportuno, incluido el PSC del 155 y desafiando -una vez más- las directrices de Torra.

Mientras, el PSC pierde Tarragona pero recupera el poder en Sabadell y tiene plaza en el gobierno de Barcelona, entre otras poblaciones. Los socialistas lo hacen sin renunciar en ningún caso a su posición claramente contraria al proceso soberanista y al referéndum. Los apoyos recibidos en ciudades no menores como Badalona por parte del espacio de los 'comuns' pueden tener también una lectura en clave española en el complejo encaje de bolillos de la gobernabilidad de Pedro Sánchez.

Todo ello en contraste con el erial que es la Catalunya local para el PP y Ciutadans. Y el fracaso de la apuesta beligerante de la CUP en Barcelona, mientras la actuación posibilista en Berga o Sant Cugat les ha permitido mantener la alcaldía o formar parte del gobierno, respectivamente. Esta es -si los cupaires quieren aceptarla- otra de las lecciones del mapa municipal trazado este sábado.