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TRAS LAS ELECCIONES AUTONÓMICAS

El PSOE no logra romper la pinza PP-Cs en los territorios

Los socialistas asumen que no gobernarán las comunidades en las que dependen de los naranjas

El "entreguismo" de Rivera a Casado provoca "perplejidad" en el partido de Sánchez

Juan Ruiz Sierra

Albert Rivera y Pablo Casado, el pasado 11 de marzo en Madrid, durante el aniversario de la masacre terrorista. 

Albert Rivera y Pablo Casado, el pasado 11 de marzo en Madrid, durante el aniversario de la masacre terrorista.  / EFE / EMILIO NARANJO

Una sensación de alivio y optimismo recorrió muchas federaciones del PSOE en la noche del pasado 26 de mayo, justo después de conocer los resultados de las elecciones autonómicas y municipales. Los socialistas anticiparon que no solo iban a revalidar su poder en las comunidades que ya gobernaban, sino que también conquistarían nuevos territorios, gracias a los pactos con Ciudadanos. Dos semanas y media después de ese vaticinio, los ánimos están mucho más bajos en el partido de Pedro Sánchez.

El PSOE está viendo estos días como los naranjas, si pueden elegir, eligen en todas partes, independientemente de las circunstancias de cada lugar, al PP. Aún faltan muchos flecos por cerrar, pero en Castilla-León, Murcia, Aragón y Madrid, territorios donde los socialistas veían posibilidades de poder sumar a su derecha, los liberales se está yendo siempre al lado de los conservadores.

La fortaleza de la pinza del PP y Ciudadanos provoca "perplejidad" en el PSOE. "Sabíamos, porque Albert Rivera no para de repetirlo, que Pablo Casado es su 'socio prioritario', pero Ciudadanos se está comportando como si el PP fuese su único socio posible", señala un miembro de la ejecutiva socialista. "¿A qué juegan? –se pregunta otro integrante de la cúpula del partido-. No entendemos ese entreguismo. Rivera quiere ser el líder de la derecha, desbancando a Casado, pero ¿cómo piensa hacerlo? ¿Dándole todo el poder al PP allá donde pueda? Resulta incomprensible".

Así que los socialistas se están despidiendo de sus posibilidades, que consideraban amplias, de gobernar en muchos territorios de la mano de los naranjas. Tras el giro a la derecha de Rivera, siendo más duro incluso que Casado en sus críticas al actual Ejecutivo central, en la dirección del PSOE pensaban que el líder de Ciudadanos iba a compensar esa deriva abriéndose a su izquierda. Las declaraciones de los dirigentes naranjas durante las últimas semanas iban en ese sentido, pese a que en un primer momento pusieron como condición para pactar con los barones del PSOE que renegaran de Sánchez. Pero nada de eso. De momento, el único pacto importante de este tipo que parece abrirse paso es en Jaén, para que los socialistas alcancen su alcaldía.

Cero de cuatro

La sensación es especialmente amarga en Castilla y León. El PSOE ganó allí las elecciones con 12 diputados, pero necesita a los ocho de Ciudadanos para la investidura. El PP, que obtuvo 10 escaños, lleva gobernando en la autonomía desde 1987. Los socialistas pensaron que era el lugar adecuado para que los naranjas pusieran en práctica su mensaje de "regeneración", propiciando la alternancia, pero de momento las negociaciones solo avanzan en una dirección: entendimiento entre conservadores y liberales.

En Murcia, donde el PP ostenta el poder desde 1995, más o menos lo mismo. Los socialistas (17 diputados en las autonómicas) necesitan también aquí a Ciudadanos (6). Les llegaron a ofrecer la alcaldía de la capital, pese a que los naranjas solo obtuvieron cuatro concejales de un total de 29, a cambio de su apoyo en la comunidad. Nuevo fracaso. El acuerdo entre el PP y Cs está muy cerca de sellarse.  

En Aragón, la posibilidad de que la derecha sume se ha visto anulada por el pacto del Partido Aragonés (PAR) con el PSOE, pero los socialistas aún necesitan a Cs o a los partidos a su izquierda para revalidar el gobierno. La segunda opción se está abriendo paso.

En Madrid, por último, el partido de Sánchez siempre miró con pesimismo la posibilidad de un pacto con los de Rivera. Solo aquí sus previsiones se han visto cumplidas. La pinza entre el PP y Cs parece diseñada a prueba del PSOE.