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Los 'comuns' cambian de tercio

El giro de guion en Barcelona puede finiquitar la hoja de ruta que trazaba construir con ERC una alternativa de país a Convergència

Roger Pascual

Jaume Asens, Ada Colau y Gerardo Pisarello, siguiendo la noche electoral.

Jaume Asens, Ada Colau y Gerardo Pisarello, siguiendo la noche electoral. / MARTÍ FRADERA

Los 'comuns' habían fiado el futuro del espacio a mantener la alcaldía de Barcelona. Ada Colau puede lograrlo, aunque no en las urnas sino en los despachos y el tiempo dirá qué impacto puede tener en un espacio en retroceso. Ante la disyuntiva de sentarse en el asiento del copiloto de un ayuntamiento conducido por Ernest Maragall o intentar conservar el bastón de mando (aunque tenga que ser con el PSC con el que rompió por el 155 y con la ayuda del 'ciudadano' Manuel Valls) la alcaldesa se decantó por la segunda opción, alentada por los más pragmáticos. en caso de concretarse, esta decisión que pone fin a la hoja de ruta que se había marcado Catalunya en Comú hace dos años y medio, que pasaba por buscar una entente de futuro con los republicanos.

"Este gestote saca de la ambigüedad. Ahora cambiará una hoja de ruta que tendríamos que haber dejado ya tras los resultados de las últimas catalanas", señala uno de los 'comuns' más favorables a marca distancias con el independentismo. Como solía bromear otro miembro de la confluencia, en la equidistancia entre DUI y 155, el 'colauismo' siempre tumbaba a la hora de decidir hacia el mismo lado. Hace tres años, Xavier Domènech celebraba la segunda victoria de En Comú Podem en las generales presentando su espacio como la "alternativa de país a Convergència". Todos los pasos iban en la línea de buscar una alianza de futuro con ERC, pero el fiasco electoral el 21-D del 2017 impidió ni siquiera tentar a los republicanos para que pusiera fin a su matrimonio de conveniencia con los neoconvergentes. De todas formas (y pese a que sectores de los 'comuns' habían pedido marcar más distancias con el independentismo), Barcelona se auguraba como primer gran laboratorio de pruebas de gobierno 'comuns'-republicano. Pero, después de que en la comparecencia de la noche electoral Colau pareció tirar la toalla, asumiendo veladamente que Maragall sería alcalde, la opción de mantener la alcaldía le llegó unas horas después de la mano de la persona que había cargado más contra ella: Valls. Una oferta envenenada, con Miquel Iceta como autor intelectual, que hizo saltar a algunos airados ("estamos locos o qué", clamó la concejala en funciones Gala Pin) y despertar los sueños de los más pragmáticos, que empezaron a presionar en esta línea. A la voluntad de Colau de seguir siendo alcaldesa se sumaba la aritmética.

Este fue, como señalan algunas de las fuentes consultadas, el verdadero motor del cambio que se ha gestado. Ver que de repente los números daban. El problema, era cómo escenificar el viraje. No era fácil. La misma Colau, en una entrevista en Nació Digital en campaña, había descartado aceptar los votos de Valls para evitar que hubiera un alcalde independentista en Barcelona. "No me prestaré nunca a operaciones extrañas para quitar o poner gente. Yo no haré ningún acuerdo de gobierno ni de nombramiento con el señor Valls. No me planteo ningún tipo de alianza extraña con el señor Valls".

"Ninguna de las fórmulas era limpia y pura", señalan fuentes de ICV, espacio desde el que más voces reclamaban abandonar el adanismo para abrazar el pragmatismo porque si se perdía Barcelona, el espacio estaba muerto. Y, muerto por muerto, mejor mantener la alcaldía. "Puede ser un balón de oxígeno", añaden. El plante de Maragall esta semana ha precipitado el tumbo, que se esperaba hacer con más suavidad. Algunas de las fuentes creen que ha sido un error la candidatura a la reelección tan pronto ya que el PSC tendrá más tiempo y fuerza para forzar un acuerdo de gobierno. Pero, repartos de carteras aparte, la decisión de presentarse a la reelección ha sido jaleada por los sectores menos afines al independentismo. "El paso importante ya se ha dado. Ahora ya no hay vuelta atrás", celebran. No solo porque, de concretarse, permitiría retener la alcaldía, sino porque también marcaría distancias con el separatismo. Un discurso que desde hace tiempo abanderan Comuns federalistes y que se ha hecho más audible en el espacio con la marcha del espacio de voces como las de Domènech, Elisenda Alamany y Joan Josep Nuet. Razonan los más pragmáticos que, si se concreta la reelección, con el tiempo se olvidaría que la investidura fue gracias al 'demonizado' Valls y quedarán las políticas, por mucho que ERC pueda hacer bandera de ello para comerse el espacio fronterizo del soberanismo de izquierda.

La pregunta es cómo podría afectar un movimiento así a un espacio político en retroceso. En este sentido algunos proyectan ya un decantamiento de las políticas de alianzas hacia el PSC, un año y medio después de romper por el 155. "La decisión de Barcelona repercute en otros espacios. Hemos hecho un viraje. Ya no hablamos de espacios del cambio, sino de gobiernos progresistas. Estamos viendo la subalternización al PSOE, no veníamos a eso", lamentan fuentes del corriente anticapitalista, que avisan que Valls puede condicionar ahora la acción de gobierno en la capital. "Si a partir de ahora todas las votaciones van a depender de Valls, vamos apañados".