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El PSOE se consolida a los mandos y el PP remonta desde el centro

Los socialistas ganan las europeas y municipales pero no conquistan Madrid

Casado evita el 'sorpasso' naranja, se hace fuerte en la capital y evita ser fulminado

Gemma Robles

Pedro Sánchez, este domingo en la sede del PSOE. 

Pedro Sánchez, este domingo en la sede del PSOE.  / JOSÉ LUIS ROCA

El PSOE es el partido mayoritario en España en estos momentos. No hay duda. El PP, tras un viaje ultrasónico en cuestión de semanas desde posiciones excesivamente conservadoras hacia el centro-derecha, ha ido más allá de  su objetivo de salvar los muebles: sus posibilidades de gobernar Madrid en la comunidad y el ayuntamiento permitirán a Pablo Casado saborear cierta remontada. Y a buen seguro salvar su cargo internamente. Sobre todo después de evitar el ‘sorpasso’ de Ciudadanos, cuyo jefe, Albert Rivera, puede presumir de haber mejorado sus resultados en casi todos los territorios y en la Cámara de la UE, pero quedando lejos el soñado marcador que le permitiese aspirar a dirigir, de facto, la oposición en España ante un hipotético batacaz popular.

Eso no ha sucedido. Casado aguanta gracias a la rectificación in extremis de su mensaje y su estrategia. Madrid no será de izquierdas en los próximos cuatro años y es clave para entender también el sentimiento agridulce que invade a los del puño y la rosa, pese a vencer "de largo" y consolidarse en esta nueva triple cita con las urnas -europeas, autonómicas y municipales- a los  mandos del país. Esperan que los naranjas, menos envalentonados a partir de ahora, se avengan a pactar con los socialistas en determinados territorios para evitar ir de la mano con Vox de manera generalizada en alianzas de derecha. Los ultras serán clave en algunos acuerdos que ya asoman, pero en Europa, con tres escaños, será una anécdota comparado con lo que sucede en otros países de la Unión.

Pese a esto en el PSOE se impone la sensación de que pudo ir más allá y se le escapó entre los dedos la oportunidad de deslumbrar. Se queda con las ganas de recuperar la región madrileña que cedió al PP en 1991, uno de las metas que se había fijado para estas elecciones. Tampoco en la capital ha tenido suerte. El aspirante avalado por Sánchez, el exentrenador de baloncesto Pepu Hernández, no ha ilusionado a los suyos. De hecho, su resultado empeora el de los anteriores comicios locales. A eso hay que sumar que la movilización ha decaído en Los Madriles con respecto a las generales en zonas tradicionalmente de izquierdas y que la división vivida en Unidas Podemos en los últimos meses, con la lucha de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón de fondo, ha perjudicado las aspiraciones de una Manuela Carmena que quería gobernar con los socialistas.

 Negociación gubernamental

El bloque de la derecha por tanto se ha hecho fuerte en Madrid y ha debilitado a la izquierda. En los próximos días se verá cuánto: el mal resultado de los morados y el inevitable cruce de cuchillos dialécticos que se vivirá entre Podemos y Mas Madrid en las próximas horas hiere sin duda a un Iglesias que pretende ser ministro de Sánchez. O al menos, eso fue lo que dijo el ultimo dia de campaña, a sabiendas de que el PSOE se prepara para la inminente negociación de una investidura y de una legislatura con el deseo de un gobierno monocolor, más allá de pactos concretos.

En ese cara a cara que se avecina entre socialistas y podemistas para poner en marcha España, con delegaciones negociadoras y documentos de trabajo a punto de tomar el protagonismo, el partido de Sánchez partía con gran ventaja. Tras lo ocurrido el 26-M, llevará claramente el timón y es previsible que esté poco dispuesto a aguantar envites de un interlocutor electoralmente maltrecho. El PSOE manda en Europa (20 eurodiputados seguido de los 12 del PP, 7 de Cs y 6 de Unidas Podemos) y obtiene dos mayorías absolutas en Castilla La Mancha y Extremadura; se queda pendiente de acuerdos en La Rioja, Canarias, Baleares, Asturias y Castilla y León (donde Cs debe elegir si le da el gobierno a los populares o los socialistas) y tiene posibilidades en los complicados contextos políticos de Navarra y Aragón. Su buen puñado de capitales y alcaldías también es reseñable.

Por el otro lado, Iglesias se desdibuja. Su apuesta madrileña no ha cumplido ni de lejos expectativas. En la UE tampoco tendrá peso. Su poder autonómico queda mermadísimo y las llamadas ciudades del cambio se convierten, salvo algunas excepciones como Cádiz (cuyo alcalde, ''Kichi' hace tiempo que marcó distancias con el pablismo) en un recuerdo. Su ruptura con Carmena a raíz de su alianza con Errejón y el hecho de que Ada Colau, su 'socia' y gran esperanza, haya sido derrotada por ERC en Barcelona, empeoran su panorama.