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LA CONSTITUCIÓN DE LA CÁMARA BAJA

Pateos y pisotones en el Congreso

La tensión vivida en el momento de los juramentos crispa una sesión que hasta ese momento transcurrió cordial entre extremos oponentes políticos

Juan Fernández

El líder de Cs, Albert Rivera, se queja de la fórmula utilizada por los diputados independentistas para jurar o prometer el acatamiento a la Constitución.

El líder de Cs, Albert Rivera, se queja de la fórmula utilizada por los diputados independentistas para jurar o prometer el acatamiento a la Constitución. / DAVID CASTRO

El primer día de clase tiene un aire de recreo que difícilmente vuelve a alcanzarse a lo largo del curso, pero la sesión inicial de la legislatura tenía este año atractivos añadidos a la emoción inaugural. Tocaba comprobar de qué forma se presentarían los diputados de Vox, si a caballo y con pistola o a cuerpo gentil, y ver cómo se resolvía la difícil papeleta de la movilidad de los diputados independentistas presos, bajo vigilancia policial hasta su llegada al Congreso, pero libres como pajarillos en el interior del hemiciclo.

La carga escénica del encuentro estuvo marcada, precisamente, por la ubicación que ocupó cada uno de los diputados, un reparto que deparó chocantes cohabitaciones en una jornada en la que nadie tenía pupitre asignado. Durante la campaña se habían dicho de todo, pero la cercanía del escaño impone respeto. Al menos, lo impuso durante buena parte de la jornada.

Con el entusiasmo de los novatos, los 24 cargos electos de Vox se presentaron en la carrera de San Jerónimo antes que nadie, casi al amanecer, y rápidamente tomaron los asientos situados en el extremo izquierdo del hemiciclo, obligando a los diputados socialistas, habituales inquilinos de esas bancadas, a desplazarse al gallinero. Excepto José Zaragoza, que aprovechó un descuido de los recién llegados y se colocó entre Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros. De ahí no se movería en toda la mañana.

La cara de circunstancias de Zaragoza entre los dos políticos de extrema derecha, a ratos agachado sobre su móvil, a ratos charlando amistosamente con ellos, fue una de las imágenes de la jornada y la metáfora anticipada de la legislatura que empieza. Vienen tiempos de convivencias incómodas y pactos en la intimidad con el diablo, que siempre es el otro.

Junqueras y Sánchez

El momento más emotivo de la sesión coincidió con la irrupción en la Cámara de los diputados presos, recibidos entre los aplausos de los diputados de ERC y JxCat y las miradas de desprecio de los de VoxPP y Ciudadanos. En ese instante dramático, cada gesto parecía estar cargado de electricidad, tal era la tensión que se palpaba. Pablo Iglesias corrió a saludar efusivo a Oriol Junqueras, como a continuación hicieron otros diputados de Podemos, pero crujió la frialdad con que Pedro Sánchez estrechó la mano del líder de ERC cuando este pasó a su lado. Apenas hubo tiempo para inmortalizar una de las fotos de la mañana.

La liturgia parlamentaria es tenaz y acaba suavizando al más arisco. Bastaron dos votaciones, de la media docena que hubo que celebrar hasta que se constituyó la presidencia del Congreso, para que el ambiente se relajara y comenzaran a surgir los corrillos en la Cámara. Primero los diputados presos con sus compañeros de partido, luego Jordi Turull charlando con Juan Carlos Girauta (Cs) con la cordialidad de un encuentro vecinal, más tarde el presidente Sánchez haciendo fila tras el reo Sànchez (Jordi) y hablando con él amistosamente como quien guarda la vez en la cola de la panadería.

"Fluir sin trombos"

A esas horas, el tono justo de la sesión lo había dado el presidente de edad de la Mesa, el diputado socialista Agustín Zamarrán, de 73 años y originario de Burgos, que causó sensación con su verbo decimonónico y su barba valleinclanesca. Pocas veces se ha oído a un presidente parlamentario pidiendo a la sala "que fluyan y no hagan trombos", en vista de las peloteras que se formaban en el foso entre los diputados que bajaban a votar y los que volvían a sus escaños con cuerpo de jota. Como el diputado socialista Felipe Sicilia, que se paró a hacerse una foto delante de la bancada de Vox abrazado a otro compañero de partido, ambos con un dibujo de Gaysper, el nuevo icono LGTBI, pintado en la camiseta.

Los que más parecían disfrutar de esos minutos de asueto entre votación y votación eran los diputados presos, que se movían con soltura por los escaños y aprovechaban para hablar por teléfono y mandar mensajes. En mitad del barullo, Josep Rull, Turull y Sànchez estuvieron desaparecidos del hemiciclo durante un buen rato, mientras Junqueras se apostaba junto a Gabriel Rufián ante el escaño del presidente del Gobierno, que ahora sí les concedió varios minutos de charla. Para no ver la escena, Abascal les dio la espalda y se puso a hablar con sus compañeros de la fila de arriba.

Sinfonía bronca

Por minutos, el Congreso de los Diputados parecía una reunión de compañeros de trabajo dejando a la vista los afectos y resquemores que suelen aflorar en una cena de empresa. En realidad, la calma era forzada y el clima de cordialidad se rompió en el momento de jurar la Constitución. Cada vez que un diputado independentista tomaba la palabra para pronunciar las alegaciones de su promesa, los cargos de Vox, Ciudadanos y el PP golpeaban con violencia sus pupitres en una sinfonía bronca que alcanzó su clímax cuando le tocó el turno a Junqueras. En mitad del juramento, Rivera, en funciones de jefe de la oposición 'in pectore', pidió la palabra y, señalando con el dedo a la bancada catalana, sentenció: "Habéis venido aquí a pisotear esta Cámara". En esos momentos, los únicos pisotones que se oían en el hemiciclo provenían de su bancada.