11 ago 2020

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CAMINO DE LAS URNAS

Los alcaldables buscan el cuerpo a cuerpo de los debates a dos

Maragall persigue el cara a cara con Colau mientras desoye el que le propone Artadi

La posconvergente tilda de "electoralista" el decreto republicano de control de los alquileres

Xabi Barrena

Ernest Maragall junto a Diana Riba, candidata de ERC al parlamento europeo, visitando las instalaciones de el Centre Cívic Vil.la Urània.

Ernest Maragall junto a Diana Riba, candidata de ERC al parlamento europeo, visitando las instalaciones de el Centre Cívic Vil.la Urània. / JORDI COTRINA

Llegado el ecuador de la campaña, los partidos empiezan a mirarse las encuestas -ese artilugio sociológico del que se reniega tras la cita electoral, pero que hasta el día D se toman como las tablas de la ley-, con moderada satisfacción, preocupación o pánico, según el caso. En el manual del buen comunicador político, ahora que tantos profesionales de la cuestión hay, señala que el camino más rápido para revertir cierta tendencia del electorado propio a la huída o de acelerar el tránsito de posibles votantes del espacio político ajeno pero vecino, es llevar a cabo un debate. O como mínimo, plantearlo repetidamente para trasladar al electorado la ‘cobardía’ del que se niega. Y a ello se dedican con denuedo los alcaldables barceloneses.

Elsa Artadi, por ejemplo, se muestra inasequible al desaliento pidiendo, desde hace días, un cara a cara a Ernest Maragall. No es la única, hay otros alcaldables que quieren medirse con el republicano. Este, sin embargo y a su vez, solo mantiene su objetivo de debatir a solas con la actual alcaldesa, Ada Colau.

Por el momento, y a diferencia de lo que pasó, por ejemplo con Manuel Valls, la posecosocialista se mantiene reacia al cara a cara con Maragall. Quizá porque el de Valls era uno de esos debates que sirven para afianzar a la clientela propia dado que hay poca frontera ideológica entre uno y otra. Un debate, además, que de haber cuajado demoscópicamente que Valls es un candidato efectivo para alcanzar la alcaldía le habría reportado un buen puñado de papeletas en forma de voto útil.

Pero con Maragall es distinto, hay una bolsa de votos en juego y debe de considerar la alcaldesa que mejor no arriesgar. De poco puede quejarse el republicano porque, seguramente, es lo que piensa él de las peticiones de Artadi, representante del otro partido del carril central del independentismo.

El duelo de Maragall y Artadi, que demoscópicamente vence de largo Maragall, es singular. El ‘exconseller’ se sacudió la presión debatidora de su excolega del Consell Executiu al pedir un debate con Quim Forn, como recordándole a la posconvergente que ella, en verdad, no es la cabeza de lista.  La Junta Electoral central tumbó la propuesta.

Alquileres polémicos

La puigdemontista, por su parte, no hay día que no percuta en la edad del republicano y en criticar todas las medidas que proponga o ejecute ERC. Pasa por ejemplo con el decreto que preparara la Conselleria de Justícia para regular el precio de los alquileres de las viviendas. Artadi las criticó a primera hora tildándolo de “electoralista” y “precipitado” y Maragall le respondió que  le “sorprendía” y que, en todo caso, ello era una muestra de la gran distancia con la ‘exconsellera’ y por extensión la posconvergencia, en cuanto a cómo dar cuenta del interés general ciudadano. No lo dijo, pero flotó en el aire que las divergencias programáticas, derivadas de las ideológicas, impiden cualquier lista conjunta entre republicanos y neoconvergentes.

Colau terció en la polémica para recordar a los republicanos que “para a la hora de hacer políticas de izquierda”, como puede ser la regulación del precio máximo de los alquileres, “los partidos de derecha no acostumbran a sentirse cómodos”. Por su parte, los socialistas, que según apuntó Maragall, son unos de los que buscan el cara a cara con él, como representante de la “Barcelona pro-independencia”, rebañaron con pan en las discrepancias entre los dos partidos del Govern. Jaume Collboni afirmó que los dos partidos secesionistas volvían “al lío y a la discrepancia” y que jugaban “con las necesidades de la gente”.