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PERFIL DE JOSU TERNERA

'La Chota', el auténtico jefe de ETA

En 1971 robó parte de la dinamita que mató a Carrero Blanco; en 2018 leyó el comunicado con el que la banda anunció su disolución

"Teníamos la sensación de que 'La Chota' entraba en España cuando quería", recuerda uno de los guardias civiles que le persiguió

Juan José Fernández

El 14 de enero de 2000, Josu Ternera salió de la prisión de Nanclares (Álava). En la foto, recibido por sus hijos.

El 14 de enero de 2000, Josu Ternera salió de la prisión de Nanclares (Álava). En la foto, recibido por sus hijos. / RAFA RIVAS

"El modelo de matadero debe basarse sobre dos pilares fundamentales: la descentralización y el carácter de servicio público. La concentración de mataderos traerá consigo la desaparición de las explotaciones", advirtió el diputado José Antonio Urrutikoetxea, de Sozialista Abertzaleak, desde la tribuna del Parlamento Vasco. Y aquella disertación sobre los retos para la industria cárnica fue su última intervención en un pleno de la cámara de Vitoria.

Era una anodina mañana de debate agrario, el 21 de junio de 2002. Cinco meses y dos requisitorias del Tribunal Supremo después, Urrutikoetxea, más conocido por el nombre de guerra Josu Ternera, se esfumó un día no aclararado de otoño.

Le estaban buscando como autor de la orden para una matanza símbolo, auténtica herida abierta para las Fuerzas de Seguridad: la voladura de la casa cuartel de Zaragoza, el 11 de diciembre de 1987.

El alivio de los ‘rojos’

Si para los agentes de una unidad antiterrorista de la Guardia Civil es prioritario cazar a quien ha asesinado a un compañero, más aún lo es si el asesino se ha cobrado la vida de niños hijos del Cuerpo. A seis, de entre 3 y 17 años –además de a cinco adultos- quitó la vida el coche con 250 kilos de amonal colocado en Zaragoza por los hermanos Parot, Henri y Jean, del ‘comando’ Argala, grupo de mercenarios franceses, preservados del contacto con el resto de la banda por decisión estratégica de la cúpula etarra y su jefe político, Ternera.

Por eso este jueves se nota descarga en el tono del jubilado del Servicio de Información de la Guardia Civil C.M., que, en vez de nombre prefiere publicar el indicativo: Rojo 8. Él y otros ‘rojos’ de la comandancia de  Intxaurrondo (San Sebastián) participaron en batidas en los 80 en la frontera con Francia, cada vez que recibían aviso de que Josu Ternera iba a pasar a territorio español.

"Durante una temporada, poco después del atentado de Zaragoza, teníamos la sensación algo histérica de que entraba como quería por Pasajes (Guipúzcoa) y Orbaizeta (Navarra), y de que se escondía en el bosque de Irati –relata–. Años despues, nos cabreaba que el CESID (hoy CNI) y los franceses le colocaran rabos (vigilancia) tan cerca, como si quisieran que les viera". Él y su gente llamaban en clave 'La Chota' a quien se había convertido en su objetivo número uno.

Diecisiete años después de la última fuga de Josu Ternera, Rojo 8 suspira con la noticia de su detención: "No hubo jefes de ETA, sino el jefe y luego los otros; ni Thierry, ni Pla, ni Pakito ni Txelis tuvieron su influencia; incluso cuando ya no estaba en activo. Él era en realidad el gran jefe, él al principio y él al final, con un amigo del hijo y la nuera, leyendo el comunicado".

Se refiere al anuncio de la disolución de ETA, escenificado por tres encapuchados y leído por la voz reconocible de Urrutikoetxea el 3 de mayo de 2018: "ETA ha desmantelado totalmente el conjunto de sus estructuras…"

Histórico

Los hijos y sobrinos de condenados por colaboración con banda armada que mantienen hoy los ‘Gora ETA’ en algunas paredes de Euskadi desconocen, por añejo, todo el contexto en el que Josu Ternera se hizo terrorista. Para eso hay que ser un histórico.

Urrutikoetxea (Miraballes, 1950) es un militante de ETA de los primeros tiempos, armado en la leva que hizo José María Eskubi en 1968, tras la muerte de Txabier Etxebarrieta –el primer etarra que disparó a matar–, y se inició compartiendo sabotajes con José Miguel Beñarán, ‘Argala’, que después llegaría a burukide, o cabeza, como él.

Aún le quedaban años al franquismo. Por entonces, ETA enviaba a esposas de guardias civiles y policías destinados en el País Vasco un anónimo en estos términos: "Días peligrosos han llegado para ustedes. Todas las fuerzas patrióticas del País Vasco están en pie de guerra; por eso no sería de extrañar que cualquier día que su marido se aventure a salir por el monte, porque sabemos que sale, aparezca con la cabeza separada del tronco o con el cuerpo agujereado a balazos. Por eso le prevengo de que convenza a su marido que (sic) abandone sus actividades contrarias al pueblo vasco, ahora que está a tiempo. Todos los que hayan desarrollado actividades contra los sagrados derechos del pueblo vasco no serán fusilados, sino que serán degollados y su cuerpo será destinado a los perros".

En 1971, bajo las órdenes de Eustakio Mendizabal, ‘Txikia’, Ternera participó en un robo de tres toneladas de dinamita que proporcionó material para matar a Carrero Blanco. Veinte meses después, ya era el jefe militar de ETA en Guipúzcoa y, en 1977, jefe político de la banda.

Tuvo 12 años de mando, en los sangrientos ochenta, una etapa en la que los asesinatos se contaban cada dos o tres días. Hasta que, en enero de 1989, lo detuvo la policía francesa.

El país vecino lo extraditó a España en 1995, pero salió de prisión en 2000 considerando el Supremo que, por los hechos que hasta entonces se le podían atribuir, ya había sido juzgado por la justicia gala.

La ilegalizada Euskal Herritarrok le llevó en sus filas, obtuvo un escaño vasco y, para escándalo de las víctimas del terrorismo, fue miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la cámara.

Desde que el Gobierno de Felipe González intentó conversaciones con ETA (proceso de Argel, 1989), Josu Ternera ha comunicado a sucesivos ejecutivos la posición de la organización terrorista, y ha estado detrás o delante de las sucesivas negociaciones.

Tanto, que creció en torno suyo una leyenda de protegido, blindado por interés estratégico. "Pero ha caído al final. Lástima que no esté vivo Rubalcaba para verlo", comenta Rojo 8.