Ir a contenido

ELECCIONES 26-M

Madrid, frontera entre cielo e infierno

Casado se juega el feudo más icónico contra un Rivera al alza y las izquierdas al acecho

Carmena y Gabilondo podrían frustrar un triunfo esencial para el futuro de la derecha

Iolanda Mármol

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. / JUAN MANUEL PRATS

El jueves a las 13.36 hubo un terremoto en Madrid que dejó a los edificios en su sitio, a las izquierdas temblando de esperanza, a las derechas temblando de miedo y a los ciudadanos encogidos de hombros, releyendo (quizá) ese verso escrito en los pasos de peatones de la capital: "Nada es seguro pero todo es posible". Eso es más o menos lo que viene a decir el barómetro preelectoral que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó a esa hora, una encuesta que sacude todo lo esperado, que ha puesto patas arriba la campaña y que refuerza a Madrid como el campo de batalla más icónico del 26-M.

En el magma de la política madrileña se juegan, no solo la alcaldía y la presidencia de la Comunidad, sino, sobre todo, las posiciones de poder que tendrán los partidos en la próxima legislatura. ¿Superará Ciudadanos al PP?, ¿Conseguirá Pablo Casado retener su baluarte histórico y evitar el destino de la UCD? ¿Lograrán Manuela Carmena e Íñigo Errejón ilusionar con la marca Más Madrid que apenas se conoce? ¿Obtendrá el PSOE la presidencia de una región que el PP atesora desde hace 24 años? ¿Qué comportaría cada uno de esos éxitos y fracasos? Todo esto se dirime alrededor del kilómetro cero en los próximos quince días.

Pugna cruenta por el 'sorpasso'

La pugna en las derechas va a ser cruenta. En Ciudadanos, envalentonados por el resultado del 28-A, salían eufóricos a superar a un PP que se desmorona, y creían tener en su mano la llave del gobierno regional y del ayuntamiento. Son dos plazas sustantivas porque -de poder gobernar- serían los primeros grandes feudos del partido de Albert Rivera, y porque constituyen, en si mismas, una metáfora sobre quién lidera la derecha. El barómetro del CIS fue una jarra de agua fría: los liberales serían tercera fuerza, por debajo del PSOE y del PP.

Los conservadores arrancan la campaña con un sentimiento agridulce. Respiran aliviados por que la encuesta de José Félix Tezanos no conceda a Cs el 'sorpasso', pero les aterroriza entregar un territorio que es el corazón del partido. En el 2015 perdieron el consistorio de la capital, y ahora el CIS les augura que perderán también la presidencia autonómica, un ecostistema de poder que nutrió a dirigentes como Esperanza Aguirre, Alberto Ruiz-Gallardón o Cristina Cifuentes.

Todo está abierto. Los de Rivera recuerdan que en las generales superaron a los conservadores en la región por 86.121 votos. Los de Casado subrayan que en Madrid ciudad obtuvieron 18.869 papeletas más que Cs.

Haya 'sorpasso' o no, queda otra incógnita por resolver en el ala derecha. Los pactos. El candidato de Cs en la Comunidad, Ignacio Aguado, confía en conseguir un acuerdo con un PP subordinado y con Vox para convertirse en presidente. Dice que no pactará porque así lo aprobó la ejecutiva regional con el PSOE, liderado por Ángel Gabilondo. Fuentes de la dirección de Cs, sin embargo, deslizan que el veto a los socialistas se circunscribió a la arena estatal y que en el resto del territorio habrá que estudiar cada caso, así que (aunque poco probable) tampoco es descartable esa opción.

Broche de oro

El PSOE, por su parte, obtendría el broche de oro si expulsara de Madrid al PP más azotado por la corrupción (compitiendo con el de València). El mejor regalo para Sánchez sería que el CIS se transformase en realidad: que Gabilondo lograse sumar con Errejón y Podemos y frustrar un ejecutivo regional de inspiración andaluza (PP-Cs-Vox). Arrebatarle a las derechas una plaza tan simbólica. Aunque las izquierdas tratan de tomarse la encuesta con cautela, las sonrisas y los abrazos han desbordado el arranque de campaña.

Desde las filas de Gabilondo porque, de ser real, se evitaría el trance de tener que negociar con Cs después de aquel "con Rivera no" de la militancia congregada en la Calle Ferraz. Para Errejón, porque se lo juega casi todo. Puede alcanzar un cargo autonómico con el PSOE y tratar de superar a Podemo o morir políticamente, invisibilizado en la oposición anodina de un parlamento regional.  Los morados, por su lado, también miden su fuerza una vez que su exnúmero dos les ha dicho adiós para alistarse en el proyecto de la alcaldesa. La de Madrid es también una batalla Errejón-Pablo Iglesias, que presenta candidadatura con Isabel Serra como aspirante. 

Como la marca Más Madrid es de nuevo cuño, Errejón y Carmena han puesto sus caras en la papeleta. Aun así, temen que los electores se confundan y cojan la de Podemos.

La juez parece tener algo más de oxígeno de lo pronosticado hace unos meses para mantener la alcaldía.  Aunque el tándem Cs-PP podría imponerse, el CIS augura que conservará la vara de mando. Liberada de los concejales de la vieja izquierda que le pusieron la legislatura cuesta arriba y sin tener que buscar butacas para colaboradores de Iglesias en los que no confía, Carmena aspira a completar su legado.