02 abr 2020

Ir a contenido

El difícil equilibrio de Moreno Bonilla

Moderado convencido, al presidente de la Junta le toca ahora defender la alianza con Vox en Andalucía

Julia Camacho

Moreno Bonilla preside la primera reunión del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía.

Moreno Bonilla preside la primera reunión del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía.

La gestión de los resultados de las generales del 28 de abril ha tenido efectos inesperados en Andalucía, que precisamente adelantó sus comicios para evitar verse contaminada por estos. Una carambola política quiso que pese a obtener sus peores resultados, Juanma Moreno Bonilla, uno de los dirigentes más moderados del PP, se hiciera con el control de la Junta de Andalucía gracias a una coalición con Ciudadanos y el apoyo externo de la ultraderecha de Vox. Una fórmula que el PP quiso exportar para alcanzar La Moncloa, aunque con un discurso más radicalizado a fin de retener a los votantes que se le escapaban por la derecha. La apuesta no funcionó, y ahora el giro al centro de Pablo Casado para evitar una sangría mayor en las municipales deja a Moreno en un delicado equilibrio al tener que ser él quien defienda la cercanía de su partido con Vox para preservar el gobierno de la región más poblada del país.

“Este discurso aquí no funciona”. Fueron las primeras palabras de un destacado dirigente del PP andaluz al oír a Casado en su primera visita a la región tras vencer en las primarias. Los andaluces habían apostado sin ambages por la otra candidata, Soraya Sáenz de Santamaría. Por motivos personales, dada la cercana relación entre la exvicepresidenta y Moreno Bonilla, pero también por convicción política. En Andalucía el discurso de derecha conservadora nunca funcionó, como bien comprobó Javier Arenas. Solo cuando buscó el centro logró vencer en las autonómicas de 2012, pero de nuevo una carambola política, esa vez en forma de pacto PSOE-IU, cambió los planes y evitó que alcanzaran la Junta.

El propio Moreno Bonilla siempre se ha presentado como un político moderado. Moderación y sensatez fueron precisamente las palabras más utilizadas en su intervención este viernes ante el comité ejecutivo regional. Las diferencias con el nuevo líder de su formación, mucho menos templado, quedaron al aire en la misma campaña para las andaluzas. Los ‘casadistas’ afilaban los cuchillos para la misma noche electoral, mientras que el líder montó su propia caravana y despegarse de un candidato en el que no terminaba de creer. La desconfianza, o el nuevo estilo de mando, también se pudo apreció durante la gestión de la coalición, con la cúpula del PP nacional, con el secretario general, Teodoro García Egea, a la cabeza, llevando las riendas de la negociación con Vox.

Ahora las cosas han cambiado, y pese a sus malos resultados electorales, Moreno Bonilla es uno de los barones con más peso del PP gracias al control de una comunidad que maneja un presupuesto de 36.000 millones y enormes posibilidades de colocación de su gente. Pero la estabilidad que pretende trasladar tras los primeros 100 días de gobierno se tambalea por una de las “patas del cambio” andaluz. Frustradas sus expectativas en las generales, Vox parece aumentar la presión para marcar agenda, estirando la cuerda con sus constantes toques de atención y amenazas de tumbar propuestas e incluso al Ejecutivo, aunque a la hora de la verdad, la formación ultraderechista no ha bloqueado de momento las iniciativas del Ejecutivo regional porque muchas de ellas son compartidas. La aritmética parlamentaria (47 escaños de PP-Cs y 50 de la izquierda) no deja margen. De ahí que sea precisamente a Moreno Bonilla a quien le haya tocado esta semana apagar los primeros fuegos tras el abrupto viraje de Casado para cuidar la relación con los 12 diputados de Vox, atender en parte sus demandas y que no se vea amenazada su condición de dirigente del PP con más poder territorial en España.