Ir a contenido

voto particular

A las cinco de la tarde, Llach torea a Vox

El cantautor da un recital sobre el 20-S sin que la acusación popular pregunte por el día en que amenazó con depurar funcionarios

Carles Cols

Lluís Llach, ante la Conselleria d’Economia, el 20 de septiembre del 2017.

Lluís Llach, ante la Conselleria d’Economia, el 20 de septiembre del 2017. / FERRAN SENDRA

Tras el del Olympia de París, en 1973, el del Palau de la Música en 1975, este con el plus impagable de que por orden de Rodolfo Martín Villa el artista acabó en comisaría por brindar un bis al público, y el del Camp Nou, ante 100.000 espectadores, en 1985, Lluís Llach ha dado un recital en el Tribunal Supremo, en el sentido coñón del término, sea esto dicho con todo el respeto. A las cinco de la tarde, era el testigo más interesante del día, a petición de, ¡ay dios mío!, Vox, que como los seriófilos de 'Procés' recordarán, el 14 de marzo se encargó del interrogatorio del mayor Josep Lluís Trapero y no le preguntó por lo crucial, por el día en que como jefe de los Mossos d’Esquadra avisó a Carles Puigdemont de que el 1-O podía acabar como un gran zipizape. Pues Vox, esa fuerza nueva del Congreso de los Diputados, lo ha vuelto a hacer.

Llach se acusa de la idea de que los Jordis se subieran a los coches policiales, pero en su vis de  planchista dice que no fueron atacados

El letrado Javier Ortega Smith, acusador popular y diputado por Madrid, ha demostrado que no se sabe el cancionero más reciente de Llach, el de abril del 2017, cuando el icono de la 'cançó' avisó de que los funcionarios que no obedecieran las leyes de transición jurídica del Parlament serían sancionados. "Muchos de ellos sufrirán", dijo entonces. Esta no se la sabía Ortega Smith. Probablemente, 'L'estaca' tampoco mucho. A lo mejor, como las autoridades de la época, cree que la letra relata quehaceres labriegos. La cuestión es que como Vox no ha sacado el tema, tampoco han podido abordar la cuestión la fiscalía y la Abogacía del Estado. La cosa ha versado sobre su presencia en la Conselleria d'Economia aquel 20 de septiembre por el que Jordi Cuixart y Jordi Sànchez están en la cárcel, entre otras razones por subirse al techo de un todoterreno de la Guardia Civil. Llach, en un alarde, le ha contado al tribunal que aquella insensatez fue idea suya, que su larga experiencia en conciertos le permitió aconsejar que, con el megáfono que tenían a mano, los Jordis no harían nada si no se subían a un punto alto.

Hay ese olvidado proverbio español que dice que no hay hombre malo que no tenga algo bueno. Llach es la antítesis de ese dicho. En abril del 2017 tuvo ese reflujo leninista (ya saben cómo era Vladimir Illich Ulianov, "una revolución no tiene sentido sin pelotones de fusilamiento"), pero por lo general es un hombre bueno, así que el duelo Llach contra Ortega Smith ha sido desigual, un polímata contra un 'sabelonada'. Se ha recreado en la descripción del controvertido 20-S sin que Vox lograra echarle el lazo y, en un determinado momento, hasta ha salido a la luz una versión inédita, el Llach planchista, que ha supuesto que los desperfectos de los vehículos de la Guardia Civil no fueron por agresiones premeditadas, sino por el sobrepeso que soportaron sus techos de tantos periodistas que se montaron para grabar imágenes.

Un abucheo sin precedentes

Ante la falta de mordiente de las preguntas de la acusación y los pases de gol que después le ha proporcionado la defensa en su turno de preguntas, Llach se ha gustado y se ha crecido. Hasta ha estado guasón, con referencias a menudo al mundo del espectáculo, como cuando ha recordado el fallido intento que Cuixart y Sànchez hicieron para desconvocar la manifestación. Lo hicieron desde lo alto de un escenario montado en el cruce de la Gran Via. Le pidieron a Llach y a otros diputados independentistas que les acompañaran, como bajistas y percusionistas del mensaje que tenían que dar a través de los micrófonos. "A mí en un escenario nunca me habían silbado así", ha sonreído.

Lo confirma, a la secretaria judicial se le ofreció salir por la puerta como una 'groupie' de la 'cançó'

Ha reconfirmado en otro momento lo que la semana anterior ya fue todo un sorpresón, que una de las ideas barajadas para sacar indemne a la secretaria judicial fue que se hiciera pasar por amiga de Llach. Sí, ese era el plan, que ella se mezclara entre un grupo de voluntarias, como 'groupies' de la 'canço', ha reconocido.

También ha desmentido, al menos mientras estuvo presente, que se escupiera a los guardias civiles, un gesto que en el mundo del espectáculo solo se le tolera y hasta se le agradece a Patti Smith. Lo hizo incluso en el Palau de la Música. Las entradas de primera fila iban muy buscadas.

Vox, no es por insistir (bueno, sí, lo es), lo ha vuelto a hacer. Defienden la posesión de armas con ese apego que tienen al tiro en el pie.

Postdata canalla

Postdata para los lectores de la versión web. Es un 'bonus track'. Llach fue una leyenda. Aún lo es para muchos de sus incondicionales, pero los más canallas de los 70 tenían otros ídolos, como Pau Riba, que este abril ha celebrado el medio siglo de su mejor álbum, 'Dioptria', según muchos el Everest de la música en catalán. +1. Hubiera estado bien entrelazar en esta crónica algunas estrofas llachianas, seguramente reciclables a la marimorena política actual, revisitar la estaca como metáfora del referéndum, pero entonces otros eran (éramos) más de Riba que de Llach, autor de una estrofa nostradámica en 'Dioptria'. "'Pugeu a la barca, que naufragarem, farem la república, amb jo president...''". Esta no la cantaron en aquel guateque en casa de Pilar Rahola.