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ELECCIONES GENERALES

Sánchez obtiene un triunfo inapelable y se prepara para negociar

El PSOE gana por vez primera desde el 2008 y logra 123 escaños

La investidura del presidente puede depender de la abstención de ERC

Juan Ruiz Sierra

Pedro Sánchez celebra su victoria con los militantes, este domingo en la sede del PSOE. 

Pedro Sánchez celebra su victoria con los militantes, este domingo en la sede del PSOE.  / DAVID CASTRO

Ganar unas elecciones no es quedar primero, sino poder gobernar, según ha repetido Pedro Sánchez durante toda esta campaña, pero el PSOE se acercó muchísimo este domingo a la victoria final. El triunfo, sin embargo, no está exento de interrogantes. Los socialistas ganaron las generales por vez primera desde el 2008. Venían de tener 84 escaños, su peor resultado histórico, y lograron 123, superando los siete millones de votos: 57 diputados y tres millones de papeletas más que el PP. Fueron los más votados en todas las comunidades autónomas, salvo en Catalunya, Navarra y Euskadi. Pero ahora, quedando ya muy atrás la época de las mayorías absolutas, tendrán que negociar con el resto de grupos.

Lo más importante, subrayaron en la dirección del partido, es que no todo tiene que pasar por el apoyo del independentismo catalán, cuya negativa a tramitar los Presupuestos, tras una larga negociación que incluyó un controvertido encuentro con Quim Torra en Barcelona, llevó al presidente a adelantar las elecciones. "No son de fiar", señala Sánchez desde entonces. Con Unidas Podemos (42 representantes), el PNV (6), Compromís (1), Coalición Canaria (2) y el Partido Regionalista de Cantabria (1), Sánchez podría sumar 175 apoyos a su investidura. No es suficiente para ser elegido en una primera votación, para la que se necesita mayoría absoluta. Pero sí en un segundo intento, en el que basta obtener más votos a favor que en contra, siempre que al menos uno de los 15 representantes de ERC en el Congreso se abstuviera en esa convocatoria para evitar una repetición electoral.  "Vamos a tender la mano a todas las formaciones políticas, pero dentro de la Constitución", dijo Sánchez tras conocer el resultado. 

En cualquier caso, ahora mismo todo son especulaciones. En principio, no se despejarán a corto plazo. En el entorno de Sánchez anticipaban hace unos días que el pacto de investidura no se sellaría hasta después de las autonómicas y municipales del 26 de mayo. También está en el aire un posible Gobierno de coalición con Podemos, algo en lo que insistió este domingo Pablo Iglesias. Sánchez se ha venido mostrando reacio a esta opción, pero el resultado de los morados, por encima de las expectativas, puede hacer inevitable un Ejecutivo conjunto, quizá con Iglesias de vicepresidente.

Todo a favor

Sánchez lo tenía todo a favor en estos comicios. A su derecha, el centro estaba a su casi entera disposición, después de que Albert Rivera se comprometiese a no entenderse en ningún caso con el PSOE, jugándoselo todo a un pacto con Pablo Casado y Santiago Abascal, como en Andalucía. El candidato del PP, mientras tanto, hizo una campaña mucho más arriesgada, de derechas "sin complejos", pero lo que más trascendió en campaña fueron sus mensajes contradictorios sobre pensiones, salario mínimo y aborto. Y luego estaba Vox, cuyo súbito ascenso también sirvió a los socialistas para llamar a la movilización de su electorado, por miedo a la llegada de la ultraderecha.

A la izquierda del PSOE, Unidas Podemos es solo un pálido reflejo de lo que fue hace tres años, cuando amenazaba con superar a los socialistas, y sigue sumido en sus peleas internas. De ahí que Sánchez apenas se detuviese en Iglesias durante sus mítines, limitándose a agradecerle su apoyo parlamentario, y que solo apelara a los votantes morados en el último tramo de campaña, cuando los dos debates consecutivos sirvieron para engrandecer la figura del líder de Podemos. Esa sintonía es la que se deberá repetir en la inminente negociación, algo que los socialistas no dudan que sucederá. Sánchez e Iglesias se juegan demasiado en ello. Hace tiempo que dejaron de comportarse como enemigos.

"Se trataba de ganar las elecciones y de gobernar. Hemos ganado las elecciones y vamos a gobernar", concluyó Sánchez frente a la sede del PSOE. Miles de simpatizantes aplaudían en la calle. No sucedía algo así desde el 2008, con José Luis Rodríguez Zapatero.