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ESPRINT FINAL HACIA LAS URNAS

Catalunya, el último cartucho

Sánchez, Casado y Rivera apuran en Barcelona sus llamamientos a la movilización en busca del voto útil

Los pactos poselectorales y Vox desplazan al 'procés' e incluso a la economía como temas de confrontación

Jose Rico

Simpatizantes del PSC en el mitin de Pedro Sánchez en el pabellón del Vall dHebron

Simpatizantes del PSC en el mitin de Pedro Sánchez en el pabellón del Vall dHebron / FERRAN NADEU

Catalunya y su 'procés' iban a monopolizar la campaña de las elecciones generales, en tanto que las derechas la plantean como un plebiscito acerca de la supuesta «traición» de Pedro Sánchez con el independentismo. Y no hay día que el PP y Ciudadanos no abominen de los presuntos "apaños" del presidente del Gobierno con los secesionistas. Sin embargo, ni Pablo Casado, ni Albert Rivera, ni la ultraderecha de Vox han conseguido situar el conflicto catalán como eje central de una campaña en la que, paradójicamente, los tres líderes del conservadurismo españolista apenas han pisado Catalunya, un territorio que dan por amortizado cara al domingo pero que les sirve de espantajo para pescar votos en el resto de España.

Sánchez, Casado y Rivera coincidieron este jueves en Barcelona y, aunque hablaron por supuesto del 'procés', centraron sus energías en los llamamientos a la movilización de cada parroquia y la persecución del voto útil, objetivo que en las postrimerías de esta campaña se convierte en una imperiosa necesidad ante el olor que desprenden los 'trackings' de los partidos. El candidato del PSOE se sabe ganador, pero no las tiene todas consigo de que pueda gobernar. Y el PP y Cs, embarrados en una guerra entre ellos que ha descolocado a Casado, miran de reojo y con pavor el éxito diario de Vox en sus mítines, llenando pabellones en feudos como Sevilla o València.

La presión de la extrema derecha, el alto porcentaje de indecisos y lo presumiblemente ajustado del dictamen de las urnas están condicionando de tal manera el esprint final hacia el 28-Aque han desplazado del debate al hámster soberanista e, incluso, a cuestiones tan capitales en un país que deambula entre una crisis y el temor a otra como la economía. En otro contexto, los ambivalentes datos de la EPA difundidos ayer hubiesen tensado sobremanera los mensajes de campaña.

En cambio, a lo que se dedicaron este jueves Sánchez, Casado y Rivera fue a insistir en que cualquier voto que no vaya a sus respectivos caladeros puede convertirse esa misma noche en un voto arrepentido. El líder del PSOE fue el más claro al reclamar el apoyo de todos los que bordean las fronteras de su partido: "a los que están dubitativos entre Unidas Podemos y el PSOE, entre el PSOE y la abstención y entre Cs y el PSOE".

Lo ocurrido en Andalucía hace solo unos meses hacía presagiar  que el frame de la carrera hacia las generales sería Catalunya. En aquella campaña andaluza, Rivera e Inés Arrimadas protagonizaron casi todos los mítines, machacando con latigazos contra Pedro Sánchez y sus «alianzas soberanistas». El PP, con Casado también instalado en suelo andaluz, secundó la estrategia y Vox hizo el resto. Desde el PSOE, una Susana Díaz quizá demasiado confiada en sí misma optó por no responder y lanzar mensajes en clave regional. El resultado: desmovilizó a una parte importante de su electorado y allanó el camino de la Junta a las derechas.

El nuevo "no es no"

El equipo de Sánchez asegura que aprendió de aquella experiencia y, aun buscando que el debate secesionista no monopolizara una campaña en la que han sido favoritos de principio a fin, convinieron que si les venía dado, responderían, pero tratando de no alimentar el rifirrafe. Así, el aluvión de dardos desde la derecha los ha eludido patentando el nuevo «no es no», para dejar claro a los independentistas que bajo su mandato «nunca» habrá un referéndum de secesión. Su única receta: diálogo en los márgenes constitucionales. Y su aviso: si se superan esos márgenes, no le temblará el pulso.

Con esta contundencia ha querido sellar posibles fugas de voto hacia Ciudadanos y neutralizar las machaconas referencias de Casado, Rivera y Abascal a sus ententes con los «golpistas» y a unos indultos que, según ellos, ya están pactados aun sin sentencia judicial si Sánchez sigue en la Moncloa. La estratagema no parece estar gozando de tanto éxito como en las andaluzas de diciembre, y además ha quedado diluida esta segunda semana de campaña por el fuego cruzado entre PP y Cs. Para más inri, el Tribunal Constitucional torpedeó en cierta forma su estrategia al avalar el sistema de inmersión lingüística en las aulas catalanas.

Debate contraproducente

En Unidas Podemos, por su lado, el asunto catalán escuece. La cúpula de los morados aprendió que su posición favorable a un referéndum resulta contraproducente en algunas comunidades, incluso entre sus potenciales votantes. Y tampoco parece que en esta ocasión les sirva para ganar las generales en Catalunya. La gran batalla electoral catalana la disputan ERC y el PSC, y los últimos discursos de los republicanos dejan patente su nerviosismo ante la posibilidad de que el domingo recaigan en el síndrome del 21-D, cuando quedaron terceros en unas elecciones catalanas que los sondeos les auguraban más halagüeñas.

Para no quedarse de nuevo con la miel en los labios y rebañar todas las fronteras electorales del partido, Esquerra busca en las últimas horas el cuerpo a cuerpo con los ‘comuns’ de Jaume Asens, un candidato declaradamente independentista que se vio el miércoles sorprendido por los ataques de Gabriel Rufián ante las cámaras de TV-3. Dardos de ERC a su izquierda que han permitido decretar una tregua entre independentistas, tras la opa que Oriol Junqueras había lanzado desde prisión contra el electorado de JxCat en la primera semana de campaña.