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VOTO PARTICULAR

Trapero guisa un pavo en el Supremo

El mayor de los Mossos ofrece un recital testifical el día en que Vox hace un ridículo nunca visto desde 1952

Carles Cols

Un fotograma de la película King Kong.

Un fotograma de la película King Kong.

En el Tribunal Supremo estaba anunciada esta mañana la pelea más brutal desde que en 1933 King Kong se las tuvo con un Tyrannosaurus Rex. El mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, contra el intimidante Javier Ortega Smith, abogado de la acusación popular, o sea, Vox, que ha resultado ser, al final,  un velociraptor, pero no como los retrató Spielberg, sino como eran en realidad, poco más que un pavo jurásico. Parece que hasta tenían plumas. Lo de Vox ha sido la comidilla del día, el mayor batacazo de lo que va de juicio y puede que el bochorno más sonrojante desde que en 1952, en un proceso contra un profesor que en Estados Unidos enseñaba la teoría de la evolución, el fiscal afirmó muy solemne que el mundo fue creado, como según él se deducía de la Biblia, el 23 de octubre del 4004 antes de Cristo, a las nueve la mañana. Aquel día, el Javier Melero de turno era el abogado Clarence Darrow, que preguntó al fiscal: “¿Hora del Este o del Oeste?”.

Si fuera bombero, lo que sería la repera para sus fans, Trapero ha talado un cortafuegos entre el secesionismo y los Mossos d'Esquadra

Esta nueva entrega de ‘voto particular’, sección que explora el terreno de la crítica periodística jurídica visto que Manuel Marchena dirige las sesiones con el oficio de un Molière, tenía a media mañana un título alternativo decidido, ‘Trapero, como Greta Garbo, habla’, en recuerdo a cómo en su día fue publicitada la primera película sonora de la actriz sueca. No solo era que el mayor de los Mossos d’Esquadra hubiera decidido responder a las preguntas de la acusación y no acogerse al silencio por estar encausado por los mismo hechos en la Audiencia Nacional, sino que, por los que se comentaba en los pasillos y en el soleado patio interior del Tribunal Supremo poco antes de las 10 de la mañana, Trapero tenía además ganas de hablar, pasar cuentas con la cúpula política del independentismo por el zarzal en el que le han metido a él y al cuerpo de los Mossos d’Esquadra. Si Trapero fuera bombero (solo le faltaría eso a su club de fans), el plan era, parece, talar un cortafuegos ante el avance de las llamas, incluso a riesgo de terminar en la unidad de quemados.

Ig Creu de Sant Jordi

Era el día soñado por Ortega Smith. Ni la fiscalía ni la abogacía del Estado habían solicitado la presencia de Trapero, convencidas ambas partes de que sería inútil, que el alto mando policial callaría. Solo Vox se pidió un Trapero en su carta a los reyes. La cosa, como a estas alturas comentan en las redes sociales esas decenas de miles de personas que desearían que se posponga la nueva temporada de ‘Juego de Tronos’ para que no se les solape con ‘Procés’, es que las preguntas de Vox acotaban el temario sobre el que después podría preguntar la fiscalía. El velociraptor ni por asomo tocó varias cuestiones clave, por ejemplo, aquella reunión del 28 de septiembre del 2017 en que la cúpula de los Mossos invitó a Carles Puigdemont  a desconvocar el referéndum del 1-O. Si la fiscalía pretende acreditar la violencia que exige el delito de rebelión, aquella reunión se supone que es el cemento necesario para que se mantenga en pie tan inestable tesis. Como sostiene Daniel G. Sastre en la crónica principal del día, a Ortega Smith hasta le podrían dar la Creu de Sant Jordi. Es evidente que no sucederá, pero bien podría crearse la categoría paródica, como los Ig Nobel del secesionismo. Ahí queda la idea.

Vox, con un par,  ha dado conocer el número de teléfono de Trapero a la audiencia, lo que se conoce como hacer un Serrat

No es que la acusación popular hubiera preparado el interrogatorio con desdén. ¡Qué va! En una de sus primeras preguntas, Ortega Smith le ha preguntado a Trapero si su número de teléfono durante el cerco a la Conselleria d’Economia era el seis dos siete etcétera, etcécera. No se ha ahorrado ni  un número. ¿Para qué? Pues quién sabe. Como conserva el mismo móvil, habrá que suponer que para que le pasara lo mismo que a Serrat cuando en una canción, ‘Conillet de vellut’, incluyó el número de su casa y a la que el disco estuvo en las tiendas tuvo que pedir socorro a Telefónica.

Eso, y alguna andanada contra ese “punto de irresponsabilidad” que Trapero observó en  Joaquim Forn como ‘conselller’, ha sido lo único aprovechable del interrogatorio de Vox. Ver para creer. Las emanaciones de azufre ideológico no son nunca buenas para el buen entendimiento.

El monólogo final  del superagente, gentileza del juez, teatralmente ha estado a la altura del de Marco Antonio ante el cadáver de Julio César

Una vez más ha sido el abogado Javier Melero el más pillo. Le ha cerrado las puertas a la fiscalía a preguntar sobre lo crucial, sobre si el Govern era consciente de que el 1-O enviaba a los independentistas de buena a un choque contra las fuerzas del ‘a por ellos’. Pero Trapero ha sido más pillo que Melero. En la pregunta final del abogado ha dicho lo que había venido a decir al Tribunal Supremo, que los Mossos d’Esquadra tenían un plan para detener a Puigdemont y al resto del Govern tras la declaración fingida de independencia del 27 de octubre. Lo dicho, el cortafuegos. Pero el acabose estaba aún por llegar Manuel 'Molière' Marchena ha querido preguntar, él sí podía, por aquellas reuniones ignoradas por Vox. Entonces, Trapero ha pronunciado un monólogo que ni Marco Antonio ante el cadáver de Julio César, un relato revelador sobre las tramoyas del 'procés'. 

A Dostoyevski, que las pasó canutas por sus inclinaciones políticas durante la Rusia zarista, le sacaron un día de la celda para simular que le iban a fusilar. “No recuerdo otro día en el que me haya sentido tan feliz como aquel”, contó tiempo después. A Trapero le queda aún el trance de ir a defender su propio caso en la Audiencia Nacional, pero difícilmente se sentirá más vivo que este 14 de marzo del 2019 en que se ha comido un pavo.