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voto particular

La secretaria contra el tiburón amarillo

De aspecto frágil y voz firme, Montserrat del Toro invita a parafrasear a Harper Lee, Steven Spielberg y hasta a Morticia Addams

Carles Cols

El tiburón mecánico que, por fortuna para la historia del cine, tantos quebraderos de cabeza dio a Spielberg. 

El tiburón mecánico que, por fortuna para la historia del cine, tantos quebraderos de cabeza dio a Spielberg. 

Esta crónica, por si alguien tiene alergias, contiene algunas citas muy manidas que tal vez muchos conozcan, como esta de Morticia Addams, según la cual lo que para una araña es el orden más absoluto, para una mosca es el horror, pero este resumen de la comparecencia de Montserrat del Toro, la secretaria judicial que quedó atrapada en la red 'processista' del 20 de septiembre del 2017 en la sede de Economia, a lo mejor hasta merece la pena que la lean por unos zapatos icónicos que la mayoría de los catalanes probablamente haya olvidado o de los que jamás haya oído hablar. Nos los ponemos al final.

Salta a la vista que no está hecha para saltar muretes, pero que nadie se engañe, como diría Morticia, ha sido más araña que mosca

El caso de Del Toro es más que conocido. Ella, no. La difusión de su imagen se ha evitado por orden del tribunal. De mediana edad, es muy menuda, probablemente más de lo que parece, porque ha entrado en la sala del Tribunal Supremo con unos zapatos (no son estos los icónicos, para que no haya confusiones) de largo tacón, con los que caminaba más como Jack Lemmon que como Marilyn Monroe antes de tomar el tren rumbo a Miami. Vestía de rojo, con una rebeca de color marfil. Su frágil aspecto al cruzar el umbral de la sala ha sido todo un contraste con la ordenada, metódica y aplastante declaración que ha prestado después, más de araña que de mosca.

Biga y laurel

El relato pormenorizado de cuanto ha dicho es fácil encontrarlo en otros artículos de este diario, pero por elegir un instante sobre cómo esta letrada puede ser determinante para el futuro de alguno de los procesados, sirve a la perfección un instante llamativo. No, no es el famoso salto del muerte del tejado, aunque basta verla para certificar que no está hecha para mucho 'fosbury', sino las condiciones que, según ha explicado con voz firme, puso el 'aenecé' Jordi Sànchez para que los detenidos aquel día por la Guardia Civil en otros lugares de Catalunya pudieran entrar en la sede de la Conselleria d'Economia y estar presentes en el registro de sus despachos. La versión que Del Toro recibió del mando de la Guardia Civil que conversó con el líder de la ANC es que este pretendía que los detenidos entraran a través de un pasillo formado por voluntarios independentistas y, sobre todo, sin esposas en las muñecas. No pidió coronas de laurel y una biga tirada por dos corceles blancos, pero de la declaración de la secretaria judicial se deduce que Sànchez pretendía una cierta 'mise-en-scène'.

Las visiones que Del Toro tuvo del 20-S fueron pocas, como las apariciones del tiburón de Spielberg, pero suficientes como para dar miedo

La cuestión de la jornada, como se sabe, es hasta qué punto es cuantificable el miedo, ¿es personal e intransferible?, ¿qué hubieran hecho otros en el lugar de Del Toro?, así que llegados a este 'cul-de-sac' (hoy toca francés, qué se le va a hacer) hay que echar mano de una cita de Spielberg. Más que una cita, una lección de cine.

La cosa es que Del Toro tuvo intermitentes miradas sobre lo que ocurría en el exterior de la sede de Economia. Por ejemplo. Primero, lo que le pareció un escupitajo a un agente. Más tarde, un estrépito cuando varios manifestantes fueron empujados hasta la cristalería de la puerta. De noche, la visión de un mar de cabezas desde el tejado. En varios momentos, los gritos de "no pasarán". Fue una suma de breves instantes repartidos a lo largo del día lo que produjo miedo a la letrada. Ese truco lo aprendió Spielberg en 'Tiburón'. Se gastó un fortunón en un escualo mecánico gigantesco que se averiaba insistentemente durante el rodaje, así que cambió el guion. "Cuanto menos ves, más suspense. El tiburón averiado fue un regalo del cielo. Dejó de ser como una película japonesa de terror de sesión de tarde y de repente pasó a ser un Hitchcock". 'Tiburón', en su momento, asustó sobremanera a una generación de bañistas. Es un hecho.

El Museu del Calçat atesora los zapatos más desopilantes del catalanismo. Son de 19080 y son pequeños

La defensa, que no ha tenido su mejor semana del juicio, ha tratado de descuadrar el horario del relato de Del Toro, no parece que con grandes resultados, y ha colado cara al público, eso sí, el perfil ideológico de la letrada, que está en las antípodas del 'procés'. El presidente del tribunal, Manuel Marchena, no ha llegado a tiempo de evitarlo. Pero en su declaración la letrada no ha hecho ni por asomo lo que en la jornada anterior no pudo evitar el exdelegado del Gobierno en Catalunya Enric Millo, entremezclar los hechos con sus sentimientos, con catastróficas consecuencias de nuevo para su imagen pública, por cierto, pues ha sido tachado en el Parlament de sucio, bajo e indigno por parte de uno de los valores en alza, ver para creer, del puigdemonismo, Eduard Pujol.

La conclusión, por aquello de ir ya calzándonos los pies, es que hace tiempo que en Catalunya nadie se pone en la piel de quien piensa distinto, o mejor aún, seguir los consejos de Harper Lee en 'Matar a un ruiseñor': "Nunca conoces realmente a una persona hasta que no has llevado sus zapatos y has caminado con ellos".  Los de la secretaria judicial son mala opción. Lemmon las pasó canutas. Puestos a elegir, estaría bien ponerse y caminar un rato con el par de zapatos que Jordi Pujol regaló allá por 1980 al Museu del Calçat con la promesa de que eran los que llevaba el día que juró el cargo de presidente de la Generalitat. De acuerdo, nada tienen que ver con el juicio, pero a ver quién se resiste a desempolvar esta anécdota tan desopilante.