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Voto particular

El juicio llega a su 'to be or not to be'

La fiscalía, tras calamitosas jornadas previas, levanta cabeza (o eso aparenta) con la declaración del que era secretario de Estado de Seguridad durante el 'zoidato'

Carles Cols

Jack Benny, en el papel de Joseph Tura, justo antes de que el apuntador le recuerde la frase inolvidable de ’Hamlet’.

Jack Benny, en el papel de Joseph Tura, justo antes de que el apuntador le recuerde la frase inolvidable de ’Hamlet’.

Fue César Luis Menotti quien dijo que el fútbol era tan generoso que había evitado que Carlos Salvador Bilardo se dedicara a la medicina. La política es igual de generosa, debería apostillarse a continuación, ni que sea por resumir muy rápido lo que fue la tercera semana del juicio del 'procés', o sea, la pasada, con el paso por la silla de los testigos del exministro del Interior Juan Ignacio Zoido, que le metió un patadón al balón para que esta semana fueran otros mandos políticos y policiales los que, por decirlo en términos del gremio de las fuerzas de seguridad, se comieran el marrón. El Tribunal Supremo es estos días como las tiendas de ImaginariumÍñigo Urkullu entró por la puerta de los adultos y otros, Zoido, aunque  no solo él, por la otra, por la peque.

Nieto ha hecho lo que Zoido fue incapaz de encarar, ha defendido el papel de la Guardia Civil y la Policía Nacional el 1-O, ¡con una par de porras!

He aquí, pues, que la cuarta semana de la causa especial 20907/2017 ha comenzado con la declaración de quien fuera secretario de Estado de Seguridad en septiembre y octubre del 2017, José Antonio Nieto, que le ha proporcionado a la fiscalía los primeros minutos de posesión de balón tras una cadena de intervenciones anteriores calamitosas. Se ha encargado del interrogatorio Javier Zaragoza, el menos atropellado de los fiscales del caso. Mano a mano con Nieto, la acusación pública ha defendido por primera vez la tesis de la supuesta rebelión. Han sido dos horas de un diálogo que ni guionizado por David Mamet. Zaragoza preguntaba y el secretario de Estado defendía el 1-O como el paradigma de la profesionalidad policial de la Guardia Civil y el CNP y, por contraste, de la indolencia de los Mossos d'Esquadra.

Ejemplo.  Zaragoza pregunta por la última reunión de la Junta de Seguridad que presidió Carles Puigdemont la semana previa del referéndum y Nieto responde con aplomo. "Estábamos ahí en la reunión para evitar el 1-O por orden judicial, sentados en la misma mesa que quien lo había convocado". "Fue una reunión surrealista", ha opinado. Muy Mamet, sí señor, pero hay otro ejemplo delicioso y aún mejor de lo que ha sido este interrogatorio.  Muy Lubitsch.

Vejiga y gusa

'To be or not to be' es una película de infinitos detalles. En una de las escenas, Jack Benny, en el papel de un actor que interpreta a Hamlet, sale a escena y guarda unos segundos de dramático silencio. El apuntador, desde su cabina, como un Zaragoza, le recuerda la frase, por si la ha olvidado. "Ser o no ser…", susurra. La comicidad del momento es obvia, como la de ese instante en que el fiscal ha intentado preguntar a Nieto por aquellas "personas que el 1-O parecía que sangraban". El presidente del Tribunal, Manuel Marchena, no le ha dejado seguir por ahí. Si las notas no fallan, eso ha sido poco antes de mediodía. Es solo una teoría sin un estudio estadístico detrás que lo avale, pero Marchena se vuelve más quisquilloso con los interrogatorios cuando aprietan las vejigas de sus colegas de tribunal y no digamos ya cuando se despierta la gusa alrededor de las dos de la tarde.

El exalto cargo niega que el 1-O se abortara por la tarde por orden política. Es que los agentes estaban exhaustos, dice

A lo que íbamos, que Zaragoza y Nieto han construido un relato, el ser o no ser de esa acusación tan gorda como es la rebelión. Han venido a decir que el Mobile World Congress de la Porra fue impecable. Estaban aquel día en Catalunya el 90% de los antidisturbios de España, que se dice rápido, y, según dijo el secretario de Estado, no se cerraron más colegios electorales por no abusar del uso de la fuerza. Los violentos fueron los otros, según su versión. Luego habrá que volver a ello, con una cita incluso de Anaïs Nin, nada subido de tono, por si alguien se teme lo peor, pero lo que interesa es qué afán tenía el tuya-mía de Zaragoza y Nieto.

Exhaustos

La cuestión es que las defensas hace días que preparan el interrogatorio de Nieto, del entonces delegado del Gobierno en Catalunya, Enric Millo, y, por encima de cualquier otro, del jefe del operativo policial, el coronel Diego Pérez de los Cobos, el duque de Berwick del siglo XXI, con un propósito central, determinar por qué la tarde del 1-O la Guardia Civil y la Policía Nacional pusieron fin a su ruta por los colegios electorales. ¿Hubo una orden política de terminar con aquel pandemónium ante la cadena de llamadas de queja de alcaldes no independentistas? Zaragoza y Nieto trataron de anticiparse, cortar esa línea de defensa. A los agentes se les acabó el Red Bull, vino a decir el secretario de Estado. Aquel día se levantaron a las cuatro de la madrugada y el trabajo fue tan exigente que a media tarde estaban exhaustos. Algunos, ha añadido Nieto, incluso heridos, pero ninguno pidió la baja en los días posteriores. Caray.

Los audímetros dicen que estamos ante el O.J. Simpson catalán, un fenómeno a tener en cuenta, señal de que el 'procés' no flaquea

Lo que decía Anaïs Nin, tan atrevida como sabia, es que "no vemos la cosas como son, las vemos como somos", oportuna reflexión a la vista de que el juicio, cuentan por ahí, tiene unas audiencias televisivas inesperadamente altas, vamos, que esto es el O.J. Simpson catalán. El público interpreta cada declaración no en función de lo que se dice, sino de lo que se es. Eso vale incluso para los testigos. La de Nieto, sin ir más lejos. "El 1-O no hubo cargas policiales". Eso ha dicho, y sin carraspear. Y hasta lo ha argumentado. Técnicamente, ha aclarado para los profanos, una carga tiene como meta despejar un lugar, y ese no fue el propósito de las (perdón, Nieto) cargas del 1-O. En casos así, se suele decir que a un martillo todo le parece un clavo. Y a toda pelota de goma, todo le parece un ojo.

El interrogatorio del jefe político del operativo policial en ausencia de Zoido, entre fiscalía,  Abogacía del Estado y defensas, se ha comido medio día de juicio, más de lo previsto, así que ha quedado para el martes el otro plato fuerte previsto de la jornada, Millo, la excepción que confirma la regla de Anaïs Nin, un político inclasificable, pero no en el sentido elogioso en que a veces suele emplearse este término, sino real, pues fue dirigente de Unió, portavoz parlamentario de CiU, se ofreció a Esquerra como candidato por Girona cuando partió peras con Josep Antoni Duran Lleida y, como eso resultó ser un callejón sin salida, terminó en el PP. Tiene  59 años. Aún tiene margen para ser más cosas. Declara este martes. Su vida personal y social en Catalunya, dicen, es una penitencia desde aquel 1-O. Su consuelo es que su presencia en el Tribunal Supremo coincidirá, salvo contraorden, con el interrogatorio al duque de Berwick.

Continuará…