Ir a contenido

El '6 d'octubre' versus el '27 d'octubre'

Lluís Companys: un juicio por rebelión cada 84 años

El 'president' mártir, "que no era separatista", encaró su proceso de cara y con aplomo: "Si el fiscal no me pide pena de muerte, me estafa"

Carles Cols

La ficha policial de Lluís Companys

La ficha policial de Lluís Companys / FUNDACIÓ JOSEP IRLA

Lluís Companys, un personaje con una paleta de colores tan variada como un catálogo Pantone, no tiene, lo que son las cosas, una biografía canónica, es decir, una biografía induscutida, de aquellas en que las sombras brillan tanto como las luces. Pero entre la extensa obra publicada sobre el expresidente de la Generalitat merece la pena rescatar un libro injustamente olvidado, ‘Vida y sacrificio de Companys’, escrito en el exilio por Ángel Ossorio Gallardo, quien fuera su abogado defensor en el juicio celebrado en 1935 en el entonces Tribunal de Garantías Constitucionales, que le condenó a 30 años de cárcel por la insurrección del 6 de octubre de 1934. Estos días se han prodigado las comparaciones de aquel juicio con el que está a punto de comenzar, pese a la diferencia principal y sustancial. Lo de Companys no fue una declaración de independencia. El viaje de la mano de Ossorio merece la pena. Suban a bordo.

A falta de una biografía canónica de Companys, la de su abogado en el juicio de 1935 es rica en matices sobre el personaje

No es necesario que sea este un relato por orden cronólogico. Así se pueden presentar ya de entrada un par de episodios ‘trés épatant’.

Osorio visitaba con frecuencia a su cliente en la cárcel para preparar su defensa. “Le pido instrucciones para el cumplimiento de mi cometido”. El letrado obtenía siempre la misma respuesta. “Solo le encargo dos cosas –dice Companys--, una, que recabe para mí toda la responsabilidad, y otra, que no consienta nada de humillaciones, ni tampoco de jactancias”. El juicio se acercaba en el calendario y al abogado le inquietaba la calma con la que el expresidente encaraba la situación. “Companys, conviene que tenga usted el ánimo preparado a que el fiscal le pida la pena de muerte”. Él le respondió: “¡Oh!, es que si no me la piden me estafan”.

Una opción, en esta visita al juicio de 1935, sería poner al trasluz uno a uno los acontecimientos de entonces y los de ahora y determinar hasta qué punto las siluetas coinciden, pero tal vez sea innecesaria tanta minuciosidad. Por poco ‘zapping’ que un catalán medio haya realizado estos últimos 10 años ante el televisor, a estas alturas es probablemente muy docto en el ‘procés’. Las conclusiones las podrá sacar cada cual sin esfuerzo. La más palmaria es que Companys estaba ahí, desdeñó huir como le propuso Josep Dencàs (menos mal, porque el filofascista consejero de Governació huyó por la alcantarilla y necesitó que le prestaran un traje de tan sucio que quedó), y en su intervención final ante el tribunal quiso dejar claro el papel de cada cual. “Si aquí hay un responsable soy yo, o, por lo menos, he de asumir la mayor parte de la responsabilidad”.

La biografía, que Ossorio publicó por primera vez en 1943 en Buenos Aires, su lugar de exilio, es rica en detalles que solo un abogado podría conocer. Tras leer el fiscal su informe acusatorio (“correctísimo en la forma, mal intencionado en el fondo, ajeno al Derecho, sumiso a la política”, según sus apuntes personales), Companys se acercó al fiscal. “Las insinuaciones que ha hecho las ha podido mantener porque estoy en el banquillo y usted goza de privilegio, pero no dejan de ser una cobardía”. Eso le dijo, según el letrado.

Companys, en el Tribunal de Garantías Constitucionales, durante el juicio por rebelión

Las valoraciones de Ossorio no son, por supuesto, imparciales, pero son jugosas por venir de alguien que indignado renunció al cargo de gobernador civil de Barcelona tras la Semana Trágica, que fue diputado en las Cortes Generales y que, según sus propias palabras, se situaba en el espectro político en la franja de los liberales conservadores. También encasillaba a Companys, llegado el caso.

Cara a cara con Batet

“Companys no era un separatista. La mayoría de los consejeros no lo eran tampoco. Aunque había algunos que creían serlo, yo estoy bien enterado de que al llegar la hora de las realidades no lo serían”, sostenía Ossorio. Es una reflexión a cotejar por cualquier experto ‘procesista’ que se precie de serlo.

Ossorio sostiene que Companys no era un independentista y que tampoco lo serían, llegada la hora, quienes presumían de serlo

El debate entre los historiadores sobre si el 6 de octubre de 1934 se alentó desde el balcón de la Generalitat una rebelión aún no ha concluido. El abogado sostiene que no, que Companys lo que hizo fue evitar que se precipitara una guerra civil. No obvia que el ‘president’ ordenó al general Batet que se pusiera a sus órdenes, prueba de cargo de la rebelión, e incluso añade sobre esta cuestión un detalle llamativo. Rendido el gobierno ante las circunstancias, fue conducido a la residencia oficial de Batet. Este –señala Ossorio— al verle llegar “se adelantó con los brazos abiertos y comenzó a hacerle unas reconvenciones amistosas”. Companys se puso digno. “Somos prisioneros, general, y no hemos venido a escuchar discursos. Haga usted con nosotros lo que tenga que hacer”.

Esta biografía rica en detalles explora también a fondo las razones por las que Companys dijo lo que dijo en aquella alocución que le llevó a la cárcel. Fue por una visión distorsionada de la realidad. Estaba convencido de que todas las provincias se habían levantado en armas contra el involucionismo de la derecha española. En verdad, el único incendio real era el de Asturias. Lo fácil es concluir precipitadamente que eso sería inimaginable hoy, en estos tiempos de tanto twitter, pero no está de más recordar que tan pernicioso es el déficit como el exceso de mensajes, como quedó bien acreditado en vísperas del simulacro de independencia del 27 de octubre del 2017.

“Catalanes, las fuerzas monarquizantes y fascistas que de tiempo atrás pretenden traicionar a la república…”. Así comenzó Companys aquel histórico discurso en el que, lejos de dinamitar puentes con España, ofreció Barcelona como sede del gobierno de la república.

Juicio, condena y elecciones

El juicio, celebrado a partir del 5 de enero del 1935 en Madrid, fue encarado con el mismo recelo que esta semana comienza el juicio contra el ‘procés’. Formaban el tribunal 21 vocales, de los que Ossorio salvaba profesionalmente solo a cinco. El resto eran, en su opinión, “reaccionarios, incomprensivos e imparciales”. “Almas toscas”, dice. Peor retrato hizo del fiscal, Lorenzo Gallardo, “pésimo orador, clerical y oscurantista a más no poder”. La sentencia es conocida. 30 años para todos los encausados. Companys, en el penal del Puerto de Santa María, sabía que la política y la justicia no eran compartimentos estancos. Hizo sus cálculos. Supuso que las elecciones le indultarían. “Serán en toda España una victoria aplastante, en Catalunya, un alud”. Acertó.