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LA ENCRUCIJADA CATALANA

Cuando Rajoy envió mediadores a negociar con la Generalitat

La Moncloa, el Govern y el PSOE mantuvieron abierta una vía secreta de diálogo antes del 9-N

Arriola, Rigol y José Enrique Serrano fueron los elegidos por sus jefes para buscar una salida

El Periódico

Joan Rigol, Pedro Arriola y José Enrique Serrano.

Joan Rigol, Pedro Arriola y José Enrique Serrano. / ARCHIVO

La escandalera desatada por el PP de Pablo Casado contra la propuesta del Gobierno del PSOE de designar un "relator" que certifique el diálogo entre partidos catalanes contrasta de manera abrumadora con la reacción que tuvieron los populares cuando, pocas horas antes de la consulta del 9-N del 2014, EL PERIÓDICO reveló que tres emisarios del entonces inquilino de la Moncloa, Mariano Rajoy, del 'president' a la sazón Artur Mas y del entonces líder de la oposición, Pedro Sánchez, mantuvieron abierta una vía secreta de diálogo para evitar el choque de trenes.

Cuando el 12 de diciembre del 2013 Mas anunció solemnemente que había pactado con el resto de partidos proconsulta una fecha de convocatoria -el 9 de noviembre- y una doble pregunta para el referéndum soberanista, el sociólogo de cabecera del PP, Pedro Arriola, llevaba meses siendo la voz y los oídos de Rajoy en las conversaciones secretas que mantenía con Joan Rigol, el histórico dirigente de Unió Democràtica y responsable del Pacte Nacional pel Dret a Decidir, que actuaba como emisario de Mas.

Se intentaba reconducir las relaciones entre el Estado y la Generalitat en un plano de máxima discreción. Tanto, que uno de los primeros pactos que alcanzaron es que si estos encuentros -que se celebraron en Madrid y en Barcelona- se hacían públicos, serían negados por las partes implicadas.

El emisario socialista

Según confirmaron a EL PERIÓDICO fuentes conocedoras de estos contactos, en enero del 2014 se unió a ellos un tercer hombre, el socialista José Enrique Serrano, al que el entonces secretario general de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, colocó en el tablero. Una estrategia a la que meses después dio su bendición el heredero de la dirección del PSOE y actual presidente del Gobierno.

Este triángulo de fontaneros políticos mantuvo abierto el grifo del diálogo contra viento y marea y hasta las horas previas al 9-N. La intención era que las conversaciones en torno a la consulta sirvieran para hallar una salida política al 'procés'. Así, la reforma constitucional como tercera vía, la posibilidad de cambiar la pregunta o distintas fórmulas para buscar encaje constitucional a la iniciativa ocuparon horas y horas de conversación entre estos tres veteranos.

"Ha sido una vía muy útil para reducir hostilidades en momentos clave y para intercambiar mensajes con rapidez", especificó una de las fuentes consultadas. El silencio que rodeó a estos encuentros fue clave para que fueran posibles, según las fuentes consultadas. Hubo negociaciones y diálogo para intentar reconducir un proceso que terminó finalmente en una consulta descafeinada y tolerada por Rajoy en manos de sociedad civil.

La 'vía Urkullu'

Tres años más tarde, aún con Rajoy en la Moncloa pero ya con Carles Puigdemont en el Palau de la Generalitat, ambos ejecutivos trataron sin éxito de frenar otro choque de trenes, el que suponía la aprobación de la declaración unilateral de independencia (DUI) y la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Como desveló este diario el pasado octubre, los dos presidentes recibieron una oferta in extremis del lendakari, Iñigo Urkullu, para evitar todo lo que finalmente no se evitó.

El correo electrónico que Urkullu envió a Puigdemont a las 9.46 horas del viernes 27 de octubre del 2017, el día de la DUI y el 155, supuso el último intento, a la desesperada, por impedir el choque de trenes. Urkullu había llegado ya a un acuerdo con Puigdemont, un par de días antes, pero con un punto débil: no había constancia escrita del compromiso de Rajoy de no aplicar el 155 si no se activaba la DUI.

El día anterior, jueves 26, Puigdemont acabó con todas las elucubraciones de futuro con una comparecencia en la que descartó convocar elecciones. Ese es el motivo de la misiva del presidente vasco a Puigdemont, pero también a Rajoy. Un mensaje que llegó, asimismo, a los buzones de Pedro SánchezMarta Pascal, a la sazón líder del PDECat, y del presidente del PNV, Andoni Ortuzar.