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PARLAMENT

El recurso de Puigdemont al TC reabre la crisis entre JxCat y ERC

Esquerra monta en cólera, puertas adentro, y mantiene las formas pensando en el juicio

Los posconvergentes aseguran que avisaron a Torrent pero los republicanos lo niegan

Xabi Barrena Júlia Regué

Sergi Sabrià.

Sergi Sabrià. / ARCHIVO / ACN

Cuando Artur Mas advirtió, hace años, de que el 'procés' entraría en una "zona desconocida" pocos fueron los que creyeron que el surrealismo tendría cabida en aquellos tiempos que se avecinaban, que resultan ser los presentes. Que el 'expresident' Carles Puigdemont, residente en Bruselas porque no puede poner pie en España a menos que quiera pasar una temporada en un centro penitenciario, interponga un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional, que forma parte del pérfido entramado del no menos malvado Estado, es un giro que pocos esperaban. Y que ese recurso ponga en cuestión una decisión del Parlament, que preside un dirigente de ERC, el socio de cabalgata independentista y, a la sazón, de Govern, es digno de un guionista de 'House of Cards'.

Todo ello derivó, por un lado, en un enfado monumental entre bastidores de ERC y, al tiempo, en un intento de poner sordina, ante los micrófonos, por parte de los mismos republicanos. Del lado del movimiento de Puigdemont, Junts per Catalunya (JxCat), se ensayó el socorrido 'no es lo que parece' o, en palabras de la portavoz del Govern, Elsa Artadi, "no es un ataque entre socios". Es decir, un intento poco exitoso de presentar el recurso de amparo como un tecnicismo más para seguir el camino hasta Estrasburgo.

El quid de la cuestión

El quid de la cuestión, durante la mañana en el Parlament, donde tenía que haberse celebrado la comparecencia de los 'exconsellers' presos en la comisión de investigación sobre el 155 que el Tribunal Supremo no autorizó a tiempo, era conocer si ERC sabía o no de antemano que Puigdemont iba a tramitar el texto de amparo. JxCat mantuvo que Roger Torrent tenía conocimiento del recurso, pero los republicanos replicaron que eso era "taxativamente falso" y que lo único que se le trasladó fue que habían añadido una "mínima referencia sin importancia" sobre la decisión de la Mesa de principios de octubre de retirar el voto delegado a Puigdemont en el ya presentado escrito contra la decisión Pablo Llarena de suspenderle como diputado. Los posconvergentes sabían que este gesto incomodaría a sus socios, aunque se acogieron a criterios legales para justificarlo y se escudaron en que es un paso necesario para llegar a instancias europeas, un argumento que ERC desdeñó.  

En JxCat se aferró en que ya avisó en su momento de que recurriría el acuerdo de la Mesa. Se reafirmaron en que el pacto sobre la suspensión de los diputados procesados, votado también por ellos en el pleno, era "muy ambiguo" y en que a instancias europeas podía "parecer contradictorio", por lo que había que "clarificar que no se aceptaba la suspensión". Es decir, trataron de explicarlo con "cuestiones técnicas" y espetaron que el resto de los encarcelados posconvergentes no presentará el mismo texto, ya que su situación judicial es distinta.

ERC consideró que la justificación de que el recurso era un paso intermedio necesario para seguir el curso judicial hasta Estrasburgo "no se la cree nadie".  El líder del partido, Oriol Junqueras, no valoró la maniobra de Puigdemont, aunque sí, dentro de sus limitaciones, trató de recabar información. Señal de que, al menos él, nada sabía. "Junqueras está concentrado ahora en la elaboración de la conferencia del próximo martes y en la preparación del juicio", apuntaron fuentes de la fuerza.

Respeto y árnica

Ante esta situación de cisma absoluto, los republicanos decidieron echar árnica ante las cámaras. Entienden que trasladar a la opinión pública el actual clima de crisis es perjudicial para todos. Su portavoz, Marta Vilalta, compareció ante los periodistas e insistió en que "respetan" la decisión de Puigdemont.

Intramuros, el cabreo fue monumental. Varias voces atribuyeron "la salida de tono" del 'expresident' a su miedo a ser "arrinconado" mediáticamente en cuanto empiece el juicio por el 1-O. Y a su propio interés. O bien por afianzarse como el favorito del sector más hiperventilado del independentismo o, incluso, a un intento desesperado por conseguir listas únicas para los comicios que se avecinan en mayo.

Lo que está claro para ERC es que Puigdemont "trata" de ponerlos "a los pies de los caballos" justo en el momento en que, "curiosamente" habían renacido en las redes las campañas a favor de investir a Puigdemont como 'president'. Algo que, por cierto, los republicanos piensan que es ya imposible, incluso para los 'puigdemontistas' tras la presentación del recurso: "Si piden amparo a la justicia española es que esta manda y regula. Y esta niega a Puigdemont la opción de ser ‘president’. Se demuestra que investirlo no sirve de nada", sentencia una voz del partido.

¿Consecuencias de todo esto? A corto plazo, mínimas porque empieza el juicio. A largo, una grieta más en el edficio común, el Govern.