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DESDE MADRID

España está balumba

La implosión de Podemos altera la geografía de la izquierda y crea dos nuevos referentes: Errejón y Carmena

Expectación por saber si Torra está amortizado o se impone a los pragmáticos tras la creación de dos mesas de diálogo

José Antonio Zarzalejos

Iñigo Errejón, Pablo Iglesias e Irene Montero, en el Congreso

Iñigo Errejón, Pablo Iglesias e Irene Montero, en el Congreso / EFE / CHEMA MOYA

"Atravesamos por una coyuntura sin precedentes desde la transición democrática. Y no es solo por la crisis catalana. Los es por un conjunto de circunstancias que hacen sistémico el desconcierto. Estamos en una España excesiva, aunque te diría que se trataría de una España balumba, es decir, desordenada". El término 'balumba' es poco coloquial, pero este político que tuvo un papel decisivo en los primeros años de la democracia y con el que he almorzado esta semana en un recoleto restaurante madrileño, traza un diagnóstico acertado con una expresión inusual. Porque no hay tecla del piano español que no desafine.

Los prolegómenos presupuestarios se han convertido en una lapidación mediática entre comunidades que tratan de encajar en las páginas de los periódicos los agravios comparativos que habría cometido el Gobierno en su proyecto de cuentas públicas. Las inversiones en Catalunya serían excesivas si eso supone retrasar la llegada al 2023 del AVE al País Vasco, de modo que el PNV advierte de que sus votos no los tiene Pedro Sánchez en el bolsillo. Tampoco los de los gallegos de En Marea, confluencia de Podemos, que se lamenta de su periferia. Andalucía esgrime sus malas cifras macroeconómicas y Extremadura muestra su aislamiento ferroviario con Madrid como exponente de su preterición en las cuentas del Estado. No hay autonomía que se sienta cómoda con las previsiones gubernamentales.

En la Moncloa creen que los independentistas, el PNV y Podemos (o lo que quede de él) no impedirán la tramitación de los Presupuestos a mediados de febrero, aunque coincida el debate de las enmiendas a la totalidad con los interrogatorios de los 12 enjuiciados en el Supremo y las detenciones de Girona interfieran en un posible consenso. Los magistrados del Tribunal aún no han calibrado si los letrados de los procesados se decantarán por defensas técnicas o políticas. Ya se comienza a hablar de la vista oral como un de "espectáculo". La previsión en Madrid es que los momentos álgidos del proceso serán al principio y al final del juicio y otros en la fase intermedia como cuando declare Mariano Rajoy, cuya testifical se tendrá por pertinente pero no así la de Puigdemont y la del jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín.

Este paralelismo temporal entre la tramitación presupuestaria y la vista oral de la causa del proceso soberanista, sin embargo, resulta inquietante para el Gobierno porque fortalece a los “duros” del independentismo y disuade a los pragmáticos, que acaban de acordar con el Ejecutivo dos mesas de debate, una institucional y otra de partidos. Además, se cree que Quim Torra podría recuperarse de su agonía política. En la Villa y Corte se han leído algunas piezas periodísticas del independentismo mediático profundo en las que sus autores se preguntan si el presidente de la Generalitat está pensando en dejar el cargo. Torra ha fracasado en sus viajes internacionales, ha lanzado demasiados ultimátum y protagonizado tales gatillazos políticos que su figura está amortizada y un respaldo del PDECat y de ERC a los Presupuestos le dejaría grogui.

Mientras, Podemos ha entrado en implosión tras la decisión de Iñigo Errejón de incorporarse a la plataforma de Manuela Carmena (Más Madrid). El asunto es decisivo: crea una nueva geografía en la izquierda española con repercusiones ciertas en Catalunya. Pablo Iglesias entra en ocaso y asciende una izquierda que no quiere ser simétrica a la derecha extrema de Vox. Andalucía ha sido un aldabonazo. Prima la transversalidad de la oferta 'carmenista' –intergeneracional– sobre el organicismo ortodoxo leninista de Vistalegre II. En pocos días, la convulsión en Podemos en Madrid se percibirá en toda España.

El PP, por su parte, vive este fin de semana una convención que no puede ocultar su decaimiento electoral. Pablo Casado hace parecer que las cosas le van bien, pero en realidad le van mal. La presidencia de Juan Manuel Moreno en la Junta andaluza ha sido una chamba. La organización se desangra por estribor y Vox –cuyos electores no se perciben de extrema derecha según estudios sociológicos cualitativos, sino ciudadanos humillados– va a recoger una cosecha abundante el 26 de mayo en Madrid y Valencia.

Por si fuera poco, las dos grandes entidades financieras, BBVA y Santander, ofrecen espectáculos de muy distinta naturaleza pero extrañísimos. La operación Trampa, presuntamente lanzada por Francisco González a través del tóxico Villarejo para abortar el asalto al banco entre el 2004 y el 2005 por el grupo encabezado por Luis del Rivero, va a acabar como el rosario de la aurora para el financiero gallego. En los mentideros de la Villa pocos creen que 53 millones de euros hayan frustrado el fichaje del consejero-delegado del Santander, el italiano Andrea Orcel.

Tampoco se creen los Presupuestos los empresarios que el martes pasado se reunieron con Sánchez en Moncloa. Según algunos de los convocados, esas cuentas “más que optimistas son eufóricas por lo que a la recaudación se refiere”. Las más importantes compañías españolas pasan de la situación del país porque IberdrolaFerrovialSabadellSantanderIAG... están pendientes de los avatares de un 'brexit' que podría ser económicamente catastrófico para nuestro país.

Y todo esto ocurre con el Estado achacoso: un Poder Judicial bajo observación crítica; un Ejecutivo que gobierna en mínimos con 84 escaños de 350 y un legislativo que se limita a convalidar reales decretos-leyes. Y la Corona a la espera de que Franco no sea inhumado en La Almudena, a cincuenta metros del Palacio Real, que es el hall de entrada de los dignatarios extranjeros que nos visitan, según el nuevo protocolo de Zarzuela. Sí, España está balumba, definitivamente.