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NUEVO TABLERO POLÍTICO

Sánchez cree que el miedo a Vox le beneficiará en las generales

El presidente confía en que el resultado en Andalucía estimule el voto del centro izquierda

El Gobierno se inclina por retrasar las legislativas para que se extienda el rechazo a la ultraderecha

Juan Ruiz Sierra / Iolanda Mármol

Pedro Sánchez durante el acto de celebración del cuadragésimo aniversario de la Constitución.

Pedro Sánchez durante el acto de celebración del cuadragésimo aniversario de la Constitución. / JOSÉ LUIS ROCA

La primera sensación fue de absoluta perplejidad. Nadie en el PSOE se esperaba un resultado tan malo en Andalucía. Los socialistas daban por hecho que bajarían en escaños, pero nada les hacía pensar que Susana Díaz no fuese a ser reelegida. Ahora, una semana después de la debacle, el Gobierno empieza a digerir lo ocurrido. La pérdida de la Junta se da por casi segura ante un pacto entre el PP y Ciudadanos (con Vox dentro o fuera pero apoyando), un escenario de derrota que no llegó ni en los peores tiempos del PSOE, justo después de la última legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero a pesar del descalabro, el entorno del presidente se esfuerza estos días en extraer señales positivas, o por lo menos esperanzadoras, para lograr una victoria en las elecciones generales.

Con Podemos ya muy lejos de hacerles sombra, los colaboradores de Pedro Sánchez explican que la súbita llegada de Vox a las instituciones (12 escaños en el Parlamento andaluz) permitirá al PSOE movilizar al electorado de izquierdas, debido al rechazo y el temor que suscita el partido de Santiago Abascal entre los progresistas. Convencido de que la extrema derecha arrastrará a la radicalidad a PP y Cs, el círculo cercano al presidente sostiene que el PSOE tiene la oportunidad de ocupar centralidad política. 

“Hay todo un espacio para la moderación”, dijo Sánchez el pasado jueves, durante la celebración del 40 aniversario de la Constitución. Con la tesis de que el miedo a la ultraderecha sacará al electorado socialista del hastío abstencionista, la Moncloa abunda en la tesis de que la mejor opción para Sánchez es retrasar al máximo las generales y dejar que PP, Cs y Vox gobiernen para que se visibilice la radicalidad.

Ante un Podemos en repliegue, más preocupado por dotar al pablismo de control absoluto en las candidaturas a las generales que de conseguir mayorías sociales, el Gobierno calcula que el voto del miedo cristalizará con papeletas para Sánchez, no para Pablo Iglesias.

Factor independentista

Y luego están los efectos que el miedo a Vox tendrá, esperan los socialistas, sobre ERC y el PDECat, cuyos votos son indispensables para aprobar los Presupuestos del año que viene. Sánchez ya había anunciado que no los presentaría si no tenía esos apoyos asegurados. No quería “marear a los españoles”, dijo hace menos de un mes. Pero el resultado andaluz, con las derechas explorando un pacto que se puede reproducir en toda España tras una campaña muy marcada por un discurso de mano dura en Catalunya, le ha hecho cambiar de opinión.

El Ejecutivo duda de que los partidos independentistas, que siguen reivindicando un referéndum de autodeterminación y la intervención del Gobierno en el juicio del ‘procés’, acaben apoyando los Presupuestos, pero creen que permitirán, al menos, que se tramiten. Esto insuflaría oxígeno a Sánchez y cerraría la puerta al adelanto electoral en primavera.

Todo indica que Sánchez no ha tomado la decisión sobre cuándo deben celebrarse las legislativas, pero ahora mismo tiene tres opciones sobre la mesa. Uno, hacerlas coincidir con las autonómicas y municipales de mayo,  algo que rechazan los líderes territoriales del PSOE y que desaconsejan también los asesores porque movilizaría a un electorado durmiente en las derechas.

Dos, la más probable, convocar en otoño, ya con medidas sociales aprobadas y después de la sentencia del ‘procés’ (que se prevé para junio). Y tres, hacer gala del conocido resistencialismo presidencial y culminar la legislatura, llevándola hasta el 2020. A fin de cuentas, recuerda el núcleo duro de Sánchez, ahora gobiernan solos por última vez. 

Tema tabú

Sánchez, sin embargo, no quiere fomentar el debate de las elecciones legislativas, ni siquiera en los organismos socialistas, cuyas reuniones se celebran a puerta cerrada.

El pasado martes, durante la ejecutiva, el diputado Odón Elorza argumentó que convenía adelantar las generales, según fuentes presentes en el encuentro. El presidente del Gobierno, en tono muy frío, le vino a decir que de eso no se debía hablar. Sánchez, de momento, quiere aguantar. Como mínimo, hasta exhumar a Francisco Franco, aprobar medidas como la subida del salario mínimo y ver qué suerte corren los Presupuestos.

El camino a las generales empieza, en todo caso, en Andalucía. Este jueves, el presidente, en conversación informal, evitó entrar en qué futuro le espera a Susana Díaz. Se limitó a señalar que como candidata con más escaños le corresponde intentar formar gobierno, pero en el  PSOE, tras un primer momento de enfrentamiento abierto, optan ahora por esperar a que la presidenta en funciones asuma, tras su probable desalojo del Palacio de San Telmo, que su tiempo ha pasado. “Caerá por su propio peso”, señalan fuentes de la Ejecutiva socialista, que contemplan con cierto alivio la posibilidad de que Díaz se retire.

El nombre de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, suena con fuerza para relevar a Díaz. Pero ella, la última que abandonó las conversaciones informales con la prensa del día de la Constitución, descarta tomar la alternativa. “Estoy encantada en el Gobierno de España”, dijo, aunque nada le impide reconsiderar su futuro. A fin de cuentas, ella misma dice que las grandes decisiones, se toman sin prisa. “Yo soy médica, así que los análisis no los hago en caliente, nunca en frío”.