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ENTREVISTA

María Teresa Revilla: "No vi a los hombres muy entusiasmados cuando se aprobó la igualdad entre sexos"

La única mujer en la comisión que elaboró el texto constitucional, tomó la palabra cuando se votó el artículo 14: "Las mujeres no vamos a dar las gracias por ello"

Miriam Ruiz Castro

La exdiputada de UCD María Teresa Revilla.

La exdiputada de UCD María Teresa Revilla. / JOSÉ LUIS ROCA

En la comisión que dio a luz la Constitución de 1978, el presidente dio la palabra a "la único diputado" (así la llamó) cuando se votaba el artículo que consagra la igualdad entre sexos. "Es verdad que la votación ha sido unánime y sin disidencias, como estaba reclamando nuestra sociedad. Pero las mujeres no vamos a dar las gracias por ello", sentenció. María Teresa Revilla (Tetuán, 1936), diputada de UCD entre 1977 y 1981, dice que siempre tuvo miedo a qué decir; lo arrastraba de una época en la que se enseñaba a las mujeres a morderse la lengua. Pero en aquella comisión, a la que llegó tras pedírselo ella misma a Leopoldo Calvo-Sotelo, su voz sonó firme. Han pasado 40 años y, a sus 82, su entusiasmo y convicciones siguen siendo las de entonces.

-Siempre se habla de los padres de la Constitución. ¿No tuvo madres?

-No tuvo madres, pero hay que entenderlo. Yo era muy joven y no tenía la experiencia. Las mujeres veníamos de una situación tan distinta… No había mujeres para elegir para participar en esa ponencia, realmente fue así y no se puede tomar a mal.

-¿Le disgusta que se ponga el acento en que es mujer?

-Aún ahora a mí me interesan los problemas no exclusivamente femeninos. La Constitución era importante por traer la democracia y eso traía como consecuencia cambiar la situación de las mujeres. Se hizo no con prisa, pero sí tratando de conseguir acuerdos. Hay otras cosas que habría que cambiar, aunque ahora no sea urgente, como la preferencia del varón en la sucesión en la Corona…

-Usted se abstuvo en esa votación.

-¿Cómo no? Me decía María Izquierdo que fue el Rey quien pidió que se pusiera así. A pesar de que fuera el Rey, yo no lo entendía. Y aún ahora no lo entiendo. Puse una enmienda, pero me obligaron a quitarla. ¿En qué cabeza cabe que el artículo 14 diga que todos son iguales ante la ley sin distinción por sexo y después en la Corona se prefiera al varón? Es una aberración y está en la ley suprema.

-El artículo 14 se aprobó por unanimidad y usted tomó la palabra.

-No hubo enmiendas, pero tampoco se veía a los hombres muy entusiasmados. No vi que le importara a nadie que se hubiera reconocido la igualdad de sexos. Pero yo estaba obligada a hacer un discurso diciendo por qué las mujeres queríamos 'poder ser para ser lo que podamos'. Porque yo no pude hacer las oposiciones que quería, no pude trabajar donde quería… Y desde luego sin dar las gracias por ello.

-¿Pensaba que la Constitución acabaría cumpliendo los 40?

-¿Quién sabía eso? Ha tenido un mérito extraordinario, de los ponentes y de los españoles. Pero han pasado muchos años y no todo se hizo bien tampoco.

-¿Traía defectos de origen?

-Quizá sí, y uno de ellos es la ley electoral. Los partidos ponen a sus candidatos en la lista, y están absolutamente sometidos. Porque si dicen algo, en las siguientes elecciones no los ponen en las listas.

-¿Funciona el sistema de las autonomías?

-Es un tema difícil. La Constitución en la cesión de competencias no deja claro cuáles son exclusivas y habría que puntualizarlo mucho mejor. Muchas cosas están así porque tuvieron que estar así. Eran cuatro tendencias y había que llegar a acuerdos. En la Comisión Constitucional recuerdo mucho la intervención de los catalanes sobre la lengua.

-¿Cree que la Constitución necesita una gran reforma?

-No, sinceramente. Puntualizando o aclarando ciertos artículos y haciéndolos coherentes con la realidad. Se hizo la mejor Constitución que se pudo, estoy segura. Pero tampoco pasaría nada por que se pusieran de acuerdo tratando de que este país funcione lo mejor posible.

-¿Tienen los políticos ahora menos altura de miras que entonces?

-Yo ahora conozco poco a los políticos, pero la ley electoral impide que las personas más preparadas vayan al Congreso. La primera virtud no es ser los mejores, sino ser los más manejables. Yo procuré siempre hacer lo que pensaba. Cuando presidía la comisión de Cultura, vino el ministro y se puso a hablar. Y le dije 'le ruego que se calle, yo no le he dado la palabra'. Recuerdo las caras de terror de los diputados. Me costó la presidencia. Y no me pusieron en las listas en las siguientes elecciones. Ahí se acabó mi carrera política.

-Iba a preguntarle por qué decidió dejar la política.

-Lo decidieron por mí. Fue una decepción enorme. Yo creía que la democracia era otra cosa.

-Para ser lo que somos ahora, ¿hicieron falta mujeres como usted?

-Hizo falta una Constitución.