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ENTREVISTA EN LA CÁRCEL DE LLEDONERS

Jordi Cuixart: "Nuestros políticos deben ser coherentes y hacer lo que prometan"

El presidente de Òmnium cree que el referéndum pactado "no es la única opción" y rechaza ser "moneda de cambio"

Excluye pactar con la fiscalía y apunta que una pronta excarcelación de los políticos presos "no serviría de nada"

Enric Hernàndez

El presidente de Òmnium, Jordi Cuixart.

El presidente de Òmnium, Jordi Cuixart. / JOAN CORTADELLAS

Ni la cárcel ni muchas horas de meditación han menguado su jovial entusiasmo. Jordi Cuixart, el único no político de los presos del 'procés', reclama más coraje y coherencia a los partidos independentistas.

-Lleva más de trece meses en prisión. ¿Cómo afronta moralmente esta situación?
-Con mucha tranquilidad y serenidad. Más como un corredor de fondo que un esprínter. Cuando te das cuenta de que ya no tienes miedo te sientes un persona libre e, ironías del destino, esto es lo que me ha pasado en prisión. A pesar de ser inocente, esto va para largo. ¿Pero puede la opinión pública española aguantar muchos años que el presidente de la entidad más grande del Estado esté en la cárcel? ¿Y a representantes elegidos democráticamente?

-¿Por qué afirma que el registro en Economia del 20-S fue una trampa del Estado?
-El Estado quería provocar violencia en las calles y justificar la represión. Solo con la violencia se puede sustentar el relato judicial actual. Dejar unos coches con armas sin vigilar -cuando no se necesitan armas para un registro- o estar ocho horas ante la sede de un partido político sin permiso judicial solo busca tensionar y provocar incidentes. No caímos en la trampa. Y de hecho más de 120 catedráticos de Derecho de todo el Estado -nada sospechosos de ser independentistas- han vuelto a decir que no hay ni delito de rebelión ni de sedición. Que nos muestren una sola llamada hecha a la violencia. El relato de la violencia no se lo creen los poderes del Estado. Tengo ganas de ver cómo la acusación prueba ante un tribunal la supuesta violencia que nunca ha existido.

-El 'president', el Govern y muchos otros defienden las mismas ideas que usted, y están en libertad. ¿En España se persiguen las ideas o a aquellos que rompen las leyes para convertirlas en realidad? 
-¿Qué ley he podido romper yo? ¿Manifestarme, reunirme, defender el derecho a la autodeterminación? Yo no soy político, ni miembro de ningún Gobierno. Nadie está a salvo ante un Estado dispuesto a todo para salvaguardar la unidad de España. Líderes de la sociedad civil, políticos... Pero también cantantes, titiriteros, periodistas, activistas... Se me acusa de gritar "¡No Pasarán!", como los ciudadanos de Madrid en 1936 que resistían a los militares sublevados del dictador Franco. Este es el nivel.

-Mantiene que la desobediencia es la mejor herramienta para que Catalunya alcance la independencia, pero ya hemos visto los costes personales y colectivos que acarrea. ¿Es legítimo pedir sacrificios personales a la gente con el fin de conquistar una república que ni siquiera es seguro que llegue nunca? 
-Es una herramienta a la que no podemos renunciar. La desobediencia civil y pacífica es algo muy serio y no se puede trivializar. Como concepto lleva implícito el rechazo a cualquier forma de violencia, por lo tanto es totalmente pacífica. Está claro que los actos de desobediencia civil exigen aceptar las consecuencias. Pero ejercer la desobediencia civil pacífica no conlleva penas de prisión, como han dicho en numerosas ocasiones sentencias del Constitucional. Incluso es una muestra de la salud democrática de un Estado. Sin desobediencia, muchas conquistas sociales no se habrían conseguido: el derecho a huelga, el fin del servicio militar obligatorio, el sufragio femenino, las jornadas laborales de ocho horas o la abolición de la discriminación racial en Sudáfrica o EEUU.

-El independentismo se movilizó y se arriesgó para defender las urnas, no así la república.
-El 1-O es patrimonio de todos. La gente salió a defender la democracia, votara 'sí', 'no' o en blanco. Los ciudadanos salieron en masa contra la represión y para defender la libertad de expresión, igual que el 3-O. Entonces pudimos ver el gran potencial que tenemos de avanzar como un solo pueblo cuando lo hacemos juntos. Esto es lo que desde Òmnium ponemos siempre en valor con iniciativas como la plataforma Som el 80%.

-¿La desobediencia ha de tener algún límite, además de la renuncia a la violencia?
-Es que la desobediencia civil como concepto solo puede ser pacífica y debe responder al interés colectivo, nunca al individual. Si no cumple estos dos preceptos no se puede hablar en ningún caso de desobediencia civil. No podemos renunciar a ningún instrumento para transformar la sociedad. 

-Un año después, las fuerzas motrices del 'procés' están más divididas, no comparten objetivos ni hoja de ruta y el gran debate es con cuántas listas se presentarán a las elecciones. ¿Se ha abaratado el sueño independentista? 
-El objetivo de la represión es la división y generar miedo. Los partidos se están recuperando del embate del Estado, pero en Òmnium hemos pasado de 60.000 socios a 130.000 en menos de un año. Esto quiere decir algo, ¿no? Nunca dejaremos de exigir unidad estratégica. Pero nuestro foco está en el largo plazo y en el fortalecimiento del sentimiento de pertenencia colectiva, desde la cultura y la diversidad y la pluralidad de nuestra sociedad al reforzamiento de la cohesión social. El Estado aún hoy es incapaz de ofrecer ninguna propuesta constructiva; solo tribunales, cárcel o violencia. ¿Hay alguna alternativa seria a la república, bien sea en clave federal o confederal, para hacer frente a la pobreza que se agudiza en el conjunto de la sociedad catalana?

-¿La Crida u otra plataforma unitaria serviría para recomponer la unidad independentista y retomar el rumbo del proceso? 
-Necesitamos que se consoliden nuevos liderazgos y se complementen con los existentes. La prisión no puede ser un límite a ningún tipo de estrategia ni de negociación. La unidad del soberanismo va más allá de las siglas de los partidos políticos. Quien interprete el soberanismo como un gran bloque monolítico se equivoca y mucho. Lo que hay que exigir a los políticos, también a los nuestros, es coherencia: que piensen bien lo que prometen y hagan lo que prometan.

-El 9-N sirvió para consultar a loss catalanes sobre la independencia, el 27-S para plebiscitarla y el 1-O, para refrendarla. ¿Cómo explicarles ahora que el objetivo vuelve a ser conseguir un referéndum pactado, que ninguno de los grandes partidos españoles está dispuesto a conceder? 
-El referéndum pactado es una opción, pero no la única. No renunciamos a ninguna vía, siempre que sea democrática y pacífica. Hablar en términos de concesión es hablar en términos de superioridad. Hago un llamamiento a la empatía por parte de todos los actores, y al Estado, a entender que tiene que sentarse y dialogar, como paso previo a negociar. Hay que generar complicidades. 

-Del 70-80% de los catalanes que quieren resolver este conflicto votando, un tercio prefieren un referéndum sobre el autogobierno. ¿Sería una solución?
-La mejora del autogobierno se refrendó el año 2006 y el PSOE, con el PP, la cepillaron y se jactaron de ello. ¿De verdad creen que volveremos a creernos un "apoyaré..."? Decir a la población que empecemos de nuevo aquel periplo de hace más de 12 años es una falta de respeto total e ignorar la situación actual.

-¿Qué sintió cuando las fuerzas independentistas pusieron su salida de prisión como moneda de cambio para apoyar los Presupuestos del Estado? 
-Va mucho más allá de unos presupuestos. Òmnium nunca entra en el regate corto de la política. Entré en la cárcel como presidente de Òmnium y quiero salir con la misma condición. Estamos en una situación de excepcionalidad democrática absoluta. Por lo tanto, nunca seré moneda de cambio de nada. Lo que sea bueno para la sociedad catalana también lo será para los presos.

-Parece resignarse a una larga estancia en la cárcel. ¿Excluye movimientos políticos o jurídicos para adelantar su puesta en libertad? 
-No creo que vayan a sacarnos pronto, y tampoco resolvería nada. El juicio oral debe ser una palanca de transformación democrática para superar el régimen del 78. Iremos a acusar el Estado de la vulneración flagrante de derechos fundamentales. Será una oportunidad única para enseñar al mundo la verdadera cara de España. Esto no es una causa contra el soberanismo, es contra la discrepancia política. Está en juego la democracia. Ese el sentido de la plataforma 'Som el 80%' que promueve Òmnium.

-Ninguna institución internacional ha cuestionado la democracia española por este proceso. Ni Amnistía Internacional, que pide su libertad, los considera "presos políticos".
-Amnistía Internacional es una entidad muy celosa de su prestigio y en contadas ocasiones se pronuncia antes de las sentencias, mucho menos con la rotundidad que lo ha hecho en nuestro caso. Hay que añadir el posicionamiento de la prestigiosa Organización Mundial contra la Tortura, que ha pedido a Pedro Sánchez lo mismo, tal como acaba de hacer la histórica oenegé Front Line Defenders. Recuerdo que la Comisión Europea sí regañó públicamente a España por la violencia del 1-O; si no, con 8.000 efectivos desplegados, la violencia policial no habría cesado y hubiera habido una batalla campal contra la población civil. 

-¿Tiene esperanzas de poder demostrar su inocencia en el juicio?
-Yo no tengo que demostrar mi inocencia. Soy inocente hasta que se demuestre lo contrario. Es uno de los principios básicos del Estado de derecho. Son la fiscalía, la Abogacía del Estado y la extrema derecha de Vox las que deberán demostrar mi supuesta culpabilidad. No voy al juicio a defenderme de nada, no vamos a caer en esta trampa. Se intenta limitar mi derecho a la libertad de expresión, de manifestación, de disidencia política. La situación es muy grave porque del resultado de este juicio dependen la calidad de la democracia, los derechos individuales y colectivos en el Estado.

-¿Estaría dispuesto a pactar con la fiscalía para atemperar la condena?
-No, no hay ningún espacio para ningún pacto con la fiscalía. Esto ya no es una causa individual, es colectiva. Y asumo las consecuencias con tanta modestia como determinación. 

-¿Merece la pena tanto sacrificio para defender una causa que socialmente ni siquiera es mayoritaria? 
-No es cierto, la defensa del referéndum es una causa mayoritaria. Pero ahora hablamos de la vulneración flagrante de derechos y libertades, de encarcelar a gente por sus ideas. Es muy grave. Si para defender estos derechos debo pasarme años en prisión, asumiré con dignidad las consecuencias. Es el mejor regalo que puedo hacer a la gente que quiero. No tengo voluntad de martirologio, pero hace meses que perdí cualquier miedo a la cárcel y tengo claro que, como presidente de Òmnium,  no podía actuar de otra manera. Cada día recibo toneladas y toneladas de amor, que nunca agradeceré lo suficiente. Doy gracias de poder luchar por unos ideales nobles y sé que no lo hago solo, tengo la suerte de estar acompañado de una mujer excepcional, de mi familia, que incluye a mis amigos y la gente maravillosa de Òmnium. Estoy infinitamente agradecido a la vida.