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CARTA

El juez Marchena renuncia a presidir el Supremo y el Poder Judicial

Seguirá presidiendo la Sala Segunda y, por tanto, el próximo juicio contra los líderes del 'procés'

En el alto tribunal su decisión se interpreta como un gesto de dignidad que puede salvar la independencia judicial

Ángeles Vázquez

El juez Manuel Marchena conversa con el ministro Marlaska (de espaldas, a la izquierda).

El juez Manuel Marchena conversa con el ministro Marlaska (de espaldas, a la izquierda). / EFE

El presidente de la Sala Segunda del Supremo, Manuel Marchena, se ha negado a contribuir al descrédito de la justicia, con el que a ojos de cualquiera, pero sobre todo del alto tribunal, se estaba produciendo la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Una situación que se ha visto agravada, porque paradójicamente tanto el PP como el PSOE presentaban el fin del mandato de Carlos Lesmes al frente del Poder Judicial casi como la única esperanza que quedaba para defender la independencia judicial y la imagen del propio Tribunal Supremo, sobre todo, de cara a la celebración del próximo juicio del 'procés'.

Ante el panorama que suponía que se filtrara el pacto entre el PP y el PSOE por el que Marchena sería nombrado presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del propio Supremo, antes de conocerse los nombres de los vocales que por ley debían ser los que le eligieran, su designación se volvió imposible después de que el portavoz del PP en el Senado, Ignacio Cosidó, manifestara en un wasap que con él podría controlar la Sala Segunda "desde la puerta de atrás".

Una afirmación, dirigida a los senadores del PP, que incluso superaba el descaro con el que se había producido la negociación de la renovación del órgano de gobierno de los jueces por parte de los partidos mayoritarios, ya que conllevaba hipotecar toda decisión que pudiera adoptar el Supremo en relación con el juicio del 'procés' o cualquier otro procedimiento. De ahí que la decisión de Marchena de "anticipar públicamente" su "decidida voluntad de no ser incluido, para el caso de que así fuera considerado, entre los candidatos al puesto de presidente del Supremo y del CGPJ" haya sido acogida con satisfacción en el alto tribunal. 

Fuentes del Supremo consideran que se trata de un "gesto de dignidad", con el que se pone freno a una práctica que resulta difícilmente compatible con la independencia judicial. Aún se valora más porque todos los magistrados del alto tribunal comparten con Marchena el anhelo de concluir su carrera profesional presidiéndolo, así que son muy conscientes de lo que suponen los cuatro puntos de su carta. Ello les lleva incluso a no descartar en absoluto que al final Marchena termine presidiéndolo, pero gracias a la votación real de los 20 vocales que en un momento u otro sean designados.

El 'procés'

Para ello su renuncia de ahora será fundamental. "Jamás he concebido la función de juez como instrumento al servicio de una u otra opción política para controlar el desenlace de un proceso penal", como se ha insinuado precisamente en relación con el juicio más importante al que se enfrentará la democracia española: el que se celebrará contra los líderes independentistas catalanes. Añade que su "trayectoria como magistrado ha estado siempre presidida por la independencia como presupuesto de legitimidad de cualquier decisión jurisdiccional". 

Marchena seguirá siendo presidente de la Sala de lo Penal del Supremo y, por tanto, continuará al frente del tribunal que juzgará a los 18 acusados de rebelión, malversación de fondos públicos o desobediencia por su distinta participación en el proceso independentista. La esperanza con la que las defensas habían acogido su sustitución en este procedimiento, que confiaban que al menos conllevase un retraso del juicio que está previsto que empiece en enero, se ha traducido inmediatamente en la interposición de varios incidentes de recusación para apartarle por parte de la mayoría de los acusados presos. En todos ellos, con unas u otras palabras, se le atribuye ser el "candidato del PP" y haberse prestado al juego para renovar el CGPJ, aunque haya renunciado.

"El examen de las resoluciones que durante estos años he dictado como magistrado del Tribunal Supremo -de forma especial, como presidente de la Sala de Admisión de las causas contra aforados-, es la mejor muestra de que jamás he actuado condicionando la aplicación del derecho a la opción política del querellado o denunciado", se justifica Marchena. Con estas palabras recuerda pronunciamientos de esta Sala en relación con todo el arco parlamentario. Entre ellas destacan las distintas querellas presentadas contra Podemos por presunta financiación ilegal que fueron rechazadas.

Ejemplo para los vocales

La decisión de Marchena ha sido bien recibida por las asociaciones judiciales, como la Francisco de Vitoria, que tenía pensado recurrir su nombramiento cuando se produjera, y Foro Judicial Independiente. Esta última ha invitado a los candidatos a vocales a seguir su ejemplo, "no porque carezcan de capacidad y méritos, sino porque el sistema para su designación compromete su futura actuación y perjudica la imagen de un Poder Judicial absolutamente independiente".