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MIEDO ENTRE LOS POPULARES

El desengaño por Cospedal pone en guardia a Casado ante el viejo PP

El presidente constata la dificultad de "liberarse" del pasado pero avisa de que no le temblará el pulso

Sánchez comentó en agosto al líder conservador que había audios que afectaban a su partido

Pilar Santos

El presidente del PP, Pablo Casado, y el candidato conservador a la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, el viernes, en un acto en Jaén.

El presidente del PP, Pablo Casado, y el candidato conservador a la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, el viernes, en un acto en Jaén. / EFE / JOSÉ MANUEL PEDROSA

El adiós de María Dolores de Cospedal por los audios de José Manuel Villarejo ha sembrado el temor en la dirección del nuevo PP de Pablo Casado. Además de las sentencias por los numerosos casos de corrupción que están por venir (de 'Gürtel', Lezo, Taula, Púnica...), que el político palentino ya se esperaba cuando decidió postularse a liderar el partido, Casado está comprobando que personas clave en las que ha confiado también pueden suponerle un problema por el pasado que arrastran.

El caso palmario es por Cospedal, apoyo clave de Casado para ganar el congreso interno. Tras la publicación de las grabaciones del excomisario se ha visto que la autora de aquella mítica frase de 2013 de "en el PP, quien la hace la paga, y cada uno aguanta su vela" también tenía cosas de las que no sentirse orgullosa. 

Casado sabía por lo menos desde agosto que las decenas de 'terabytes' que las fuerzas de seguridad habían encontrado en las viviendas de Villarejo, encarcelado desde hace un año, le podían acarrear problemas al PP. Según fuentes del Gobierno, se lo advirtió el propio presidente, Pedro Sánchez, que no entendió los ataques de los populares cuando semanas después salieron los audios sobre la ministra de Justicia, Dolores Delgado. En el momento de la conversación de Sánchez y Casado, el 2 de agosto, ya se habían publicado las grabaciones de Corinna zu Sayn-Wittgenstein sobre el rey Juan Carlos y algunas copias del excomisario ya habían llegado a varios medios de comunicación. 

Fernández Díaz y Cosidó

Fuentes de la dirección de Casado temen que al presidente le resulte más difícil de lo que creía "liberarse" de la imagen del "viejo PP" tocado por la corrupción y representante de las malas prácticas. Y ponen dos ejemplos posteriores a la dimisión total de la exsecretaria general: en los últimos cuatro días se han publicado informaciones sobre ella y otras que afectan a Jorge Fernández Díaz e Ignacio Cosidó, actual portavoz en el Senado, que inquietan en Génova.

En el primer caso, 'eldiario.es' reveló que Cospedal, cuando era ministra de Defensa, encargó a una empresa armamentística por 9,5 millones de euros que evaluara la compra de un misil que esa misma firma quería vender al Gobierno. El contrato, según esa noticia, se adjudicó sin publicidad.

En el segundo caso, se ha sabido que hay una pieza secreta de la fiscalía anticorrupción que se abrió para investigar un operativo policial financiado con fondos reservados cuando Fernández Díaz era ministro del Interior y Cosidó, director general de la Policía. Ese operativo consistió, según 'OK diario', en sobornar al chófer de Luis Bárcenas para recuperar archivos que presuntamente se había llevado el antiguo tesorero de los populares y que perjudicaban al entonces vicesecretario del PP Javier Arenas, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y Cospedal. 

Comportamiento "ejemplar"

Y queriendo ponerse la venda antes que la herida, Casado lanzó el jueves un mensaje a los navegantes de las procelosas aguas populares: no va a tolerar ningún comportamiento que "no sea ejemplar", "sea quien sea" el afectado y "lo haya hecho cuando lo haya hecho". 

Fuentes de la dirección consideran que Casado, en todo caso, ha salido reforzado de la gestión concreta de la crisis con Cospedal. No lo tenía fácil, porque hasta ahora la persona que durante nueve años había señalado la puerta de salida a los corruptos en el PP era precisamente ella, la exsecretaria general, por lo que se conocía todos los ardides para intentar evitarlo. 

Casado quería ser justo y "proporcional", como admitió él mismo, pero también sabía que tenía una oportunidad de oro para mandar el mensaje de que no va a dejar pasar ni una. Mariano Rajoy demostró en varias ocasiones cómo cuesta dejar de contar con personas que han sido clave para ganar un congreso. Se vio con Francisco Camps, Rita Barberá y Carlos Fabra, que le ayudaron en el cónclave del 2008. Casado lo ha hecho en apenas una semana y con poco ruido. Las elecciones andaluzas son el 2 de diciembre y no había tiempo que perder.