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CONTRACRÓNICA

Se busca 'botifler'

La guerra civil del independentismo deja a Catalunya en situación preelectoral

JxCat y ERC se acusan de querer dilapidar el futuro político de las figuras rivales

Daniel G. Sastre

Xavier Muro y Roger Torrent durante el Pleno del Parlament.

Xavier Muro y Roger Torrent durante el Pleno del Parlament. / ALBERT BERTRAN

Como todas las guerras civiles, la del independentismo ha germinado durante unos años antes de eclosionar. Pero, cuando lo ha hecho, ha dejado a la vista de todos la absoluta vigencia de la frase de Konrad Adenauer. Si el canciller alemán hacía una distinción gradual entre “los enemigos a secas, los enemigos mortales y los compañeros de partido”, en Catalunya la máxima inquina se da entre socios de Govern.

Como también pasa a menudo, la chispa que hizo saltar el pacto entre JxCat y ERC por los aires parece una nimiedad. Las dos formaciones están de acuerdo en acatar al juez Llarena por lo ‘bajini’simulando que no lo hacen, y apartar a los diputados procesados por el Tribunal Supremo. Pero unos exigen que la figura de Carles Puigdemont quede lo menos manchada posible, y otros que Roger Torrent se vea libre de consecuencias penales. Los dos partidos sospechan que el objetivo oculto de sus ‘camaradas’ es inutilizar a quien podría ser su rival en la captación de voto independentista, y es probable que tengan razón.

Lo que pasó este martes en el Parlament es, sobre todo, una toma de posición frente a las próximas elecciones catalanas, cuya inminencia es una incógnita. JxCat y ERC intentarán aguantar hasta el juicio a los organizadores del 1-O, porque entienden que la foto de Oriol Junqueras o Jordi Sànchez en el banquillo y una eventual sentencia condenatoria pueden disparar sus expectativas. Pero visto lo visto no es ni mucho menos seguro que lo consigan.

Con las elecciones en el horizonte, lo de menos este martes era sacar adelante las resoluciones del debate de política general, el más importante que celebra la Cámara cada año. Lo principal era colgar el sambenito de ‘botifler’ al adversario para, en la próxima campaña, decir o insinuar que por su culpa Catalunya no es aún independiente y la Generalitat tiene que gestionar las migajas de la autonomía en lugar del pan lustroso de la emancipación.

Los traidores oficiales –Albiol, Arrimadas, Santi Vila, Iceta, los ‘comuns’- están muy vistos. El soberanismo de red social está sediento de nuevos culpables. Para unos, Torrent se consagró este martes como bestia negra cuando votó junto al PSC para evitar que Puigdemont, Sànchez, Rull y Turull pudieran participar en las votaciones de la Cámara desoyendo al Supremo y las advertencias de los letrados del Parlament. Para otros, es JxCat –y muy especialmente Puigdemont- quien se empeña en estériles fuegos de artificio, en “retórica y simbolismo de poco recorrido” que retrasan el mágico momento de la independencia.

Como todo el mundo sabe, ‘botifler’ es lo peor que se puede ser en Catalunya. Puigdemont conoce de primera mano la terrible trascendencia del insulto: él mismo pasó en unas horas, cuando iba a convocar elecciones en octubre del año pasado y luego se retractó, de villano a héroe.

Reprobación "moral" del Rey

Para desviar la atención de la crudeza de su enfrentamiento, los independentistas trataron este martes de evadirse de la realidad en sus discursos públicos. Quien mejor lo logró fue seguramente un diputado de JxCat, que explicaba en los pasillos que el Parlament sí había proclamado “moralmente” el derecho de Catalunya a la autodeterminación, o había reprobado también “moralmente” al Rey. En realidad los soberanistas habían perdido las dos votaciones por culpa de su división, pero a quién le importa la realidad cuando se avecinan elecciones.