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Sánchez rechaza el ultimátum de Torra pero no rompe

El Gobierno acota el órdago del 'president' a la presión del 1-O y confía en seguir dialogando

No aplicará el 155 porque no ve "razones evidentes" a pesar de la creciente presión de PP y Cs

Iolanda Mármol

Celaá a Torra: No aceptamos ultimátums / EFE (ATLAS VÍDEO)

La tensión va en aumento pero ninguna de las dos partes, ni Gobierno ni Generalitat,  tienen la voluntad real de apretar el botón nuclear.  Esa es la sensación que deja en la Moncloa la escalada de crispación en Catalunya, el maximalismo verbal de Quim Torra, y su amenaza de dejar caer a Pedro Sánchez en el Congreso si no acepta un referéndum de autodeterminación en un mes. El Ejecutivo se autoimpone prudencia para no volar unos puentes recién reconstruidos y contextualiza el órdago del ‘president’ en la atmósfera del aniversario del 1-O, con una importante presión del independentismo en las calles. El Ejecutivo advierte a Torra que se equivoca, pero está determinado a continuar negociando y descarta aplicar un nuevo 155 a pesar de la creciente presión de PP y Ciudadanos.

El Gobierno salió a responder a Torra casi de inmediato, tras escuchar su discurso la tarde del martes en el Parlament. No quería que de nuevo cundiesen las críticas que ya había recibido por el silencio institucional que mantuvo durante el 1-O, en el que no emitió  valoraciones oficiales a pesar de los altercados. La respuesta fue firme, pero sin ruptura. 

1.459 millones en juego

Sánchez no acepta el ultimátum de Torra. No va a permitir la independencia. No siente que deba anunciar ahora un adelanto electoral, aunque él mismo amagó en Nueva York con hacerlo si la crispación iba en aumento. Y más allá de la escalada verbal, espera que el ‘president’ reconduzca su actitud y siga dialogando para avanzar en acuerdos como el de la semana pasada, cuando Estado y Generalitat pactaron saldar los 1.459 millones de euros pendientes a Catalunya. Esta entrega no se materializaría si el Gobierno no puede aprobar sus Presupuestos para el 2019 por falta de apoyo de ERC y PDECat. Lejos de entrar en una espiral de amenazas y de abundar en los efectos perversos que tendría que Sánchez no apruebe las Cuentas, la Moncloa eligió no dar más golpes a una situación que pretende “desinflamar”.

“El Gobierno no acepta ultimátums y mantiene su determinación por la vía del diálogo. Este Gobierno pide a las autoridades de la Generalitat  distensión y calma”, instó la ministra portavoz, Isabel Celaá, quien pidió al Govern que “garantice la convivencia de todos los catalanes, nacionalistas y no nacionalistas”.

El Ejecutivo evitó señalar a responsables de la escalada de crispación, pero sí deslizó que existen “muchos intereses que pretenden agudizar el conflicto y la confrontación” y rechazó que esos “intereses” puedan marcar el rumbo al presidente. Y volvió a pedir a los líderes independentistas que abandonen la exaltación dialéctica. “En Catalunya sobran gestos y falta responsabilidad”, reprochó.

Optimismo previo

El Gobierno estaba convencido de que el en primer aniversario del 1-O la atmósfera del independentismo iba a subir de temperatura y afrontó la cita con una prudencia autoimpuesta para no caer en cierta provocación que, suponían, iba a llegar.

Hasta el lunes, se respiraba un optimismo cauto, pero optimismo, al fin y al cabo, por los logros que se cosechan en las reuniones formales y en las muchas otras discretas que se producen entre Ejecutivo y Govern. Ese ánimo espoleó a la Moncloa a no responder  el 1-O tras los altercados, confiando en que la efeméride pasara y los acuerdos con sus interlocutores (que también destilan cierta esperanza cuando visitan Madrid) avanzasen.

El gabinete presidencial mantiene la sensación de que Torra sufre grandes presiones internas y está en una situación de debilidad, de ahí que lanzase un ultimátum que consideran una huída hacia adelante.

¿Fuego real o de artificio?

“No vamos a dinamitar el diálogo. Esto pueden ser solo fuegos artificiales tras la presión de sus bases”, opinan fuentes gubernamentales. También entre las voces del PDECat en Madrid alineadas con el ‘expresident’ Carles Puigdemont enmarcan el órdago de Torra como un intento de “apagar el incendio de las calles” y no prevén que su discurso de este martes en el Parlament incie un ciclo de “tensión máxima”. “Necesita gesticular”, explican. 

Eso mismo cree el Gobierno. “No parece que el señor Torra esté orientándose a la cooperación hoy. Hoy”,  subrayó Celaá. La portavoz insistió en que el ‘president’ se equivoca “al jalear radicales” y también “lanzando amenazas”, pero a pesar de los maximalismos de quienes lanzan un ultimátum y de los que piden mano dura en Catalunya, defendió, el Ejecutivo mantiene su rumbo. “Entre el salto al vacío y el 155 perpetuo está la convivencia que demandamos”, señaló .

Sánchez rechaza, por lo tanto, las dos grandes peticiones del ala conservadora. No anunciará un adelanto electoral, como quiere Ciudadanos, ni aplicará el 155, como le pide el PP porque no ve "razones evidentes". Los populares consideran una “humillación inaceptable” las exigencias de Torra. Albert Rivera, quiere que el Congreso vote si quiere promover la aplicación del artículo 155 de la Constitución, porque considera que el ‘president’ está “inhabilitado”  al apoyar a los CDR.