CONTRACRÓNICA

Contra España se vive mejor

Puesto entre la espada de los CDR y la pared de los Mossos, Torra ideó un golpe de efecto contra Sánchez

Contra España se vive mejor

Elisenda Pons

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Daniel G. Sastre

Quim Torra llevaba casi 20 años trabajando en una empresa de seguros cuando decidió fundar A Contra Vent, una pequeña editorial para recuperar textos del periodismo literario clásico catalán. No es de extrañar, pues, que el ‘president’ se haya aburrido en cuatro meses de tediosas reuniones, de estadísticas sobre el paro o de negociaciones con sus socios. Es un hombre de acción, al menos de una cierta idea romántica de lo que es la acción, y a la mínima oportunidad ha vuelto a su zona de confort.

El pie se lo han dado las imágenes inéditas que se vieron frente al Parlament en la noche del lunes. Unos jóvenes se tomaron demasiado en serio la consigna de Torra de que “apretasen” al Govern, y estuvieron a punto de colarse en el edificio. Puesto entre la espada de los CDR y la pared de los Mossos, Torra tiró este martes de la máxima que nunca le ha fallado: contra España se vive mejor.

El ‘president’ prefirió el golpe de efecto a la aceptación de que tiene un problema. En su discurso en el debate de política general, que solía ser el más importante de cada curso político, lo de menos fueron los detalles acerca del plan del Govern para los próximos años o las explicaciones sobre lo que sucedió en el aniversario del 1-O. De hecho, Torra despachó los incidentes con la promesa de que Miquel Buch comparecerá en el Parlament y con una tibia regañina a los jóvenes díscolos: fueron “unos hechos aislados poco representativos”, que confía en que no se vuelvan a producir.

Pero Torra había ido al Parlament a lanzar un ultimátum a Pedro Sánchez que sorprendió a propios –sobre todo a propios- y a extraños. Los contactos entre el Gobierno y la Generalitat son constantes, y según algunos protagonistas, empiezan a ser prometedores. Hasta ahora el ‘president’ había cuidado las formas para no romper ese hilo, e incluso Puigdemont dijo hace unos días que hay que darle “un espacio de confianza” al presidente del Ejecutivo español.

Ocurre que el ramalazo activista del ‘president’ puede provocar un efecto mariposa que le sobrepase. La estabilidad política en Catalunya y en España es tan frágil que este martes, después de escuchar a Torra, todos los presentes –diputados y periodistas- elucubraban en el Parlament con qué va a pasar ahora, y cuándo va a pasar. Elecciones generales, elecciones en Catalunya, cambios de alianzas, rupturas entre socios… Todo es posible en la era del ‘procés’.

Es posible, por ejemplo, que la Cámara haya estado casi tres meses cerrada por una discrepancia entre las formaciones que dan apoyo al Govern. Y que, el día que se reabre, esa grieta se tape con un pacto que deberían analizar más los semiólogos que los periodistas. Los grupos independentistas votan solemnemente que no acatan a Llarena, y dos minutos después acuerdan que harán exactamente lo que Llarena pedía (apartar a los diputados procesados, entre ellos Puigdemont y Junqueras).

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Para aumentar la confusión, el sistema de votación no funcionó a la primera, y Roger Torrent ordenó que hubiera repetición. Algunos especularon con que el óxido había afectado al mecanismo por la falta de uso, pero el presidente del Parlament aclaró que se estrenaba una nueva tecnología.

No fueron nuevas, sin embargo, las intervenciones de Carlos Carrizosa (Ciutadans) invocando artículos ignotos del reglamento para intentar que las votaciones se produjeran conforme a su interpretación de las normas. Ni tampoco las respuestas invariablemente negativas de la Mesa de la Cámara a esas peticiones, que acabaron propiciando, como en las jornadas de triste recuerdo del 6 y 7 de septiembre del año pasado, que PP y Cs abandonaran el hemiciclo. El PSC esta vez no lo hizo, pero los socialistas tampoco participaron en la votación con la que se acataban las directrices de Llarena fingiendo todo lo contrario. Así que, a grandes rasgos y a la espera de la jornada de este miércoles, la vida sigue igual en el Parlament.