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40 AÑOS DE LUCHA POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Valtònyc y La Polla como símbolos

El 'caso Evaristo' y el del rapero mallorquín reabren el debate sobre la libertad de expresión

El nuevo Gobierno trabaja para poner fin a los artículos "más virulentos" de la 'ley mordaza'

Roger Pascual

Evaristo, excantante de La Polla Records, con su grupo Gatillazo.

Evaristo, excantante de La Polla Records, con su grupo Gatillazo.

Ni Marvel y DC, tan amantes de cruzar personajes en sus cómics y películas, podrían imaginarse a Albert Boadella y Josep Miquel Arenas (más conocido como Valtònyc) compartiendo escenario o tomándose una caña. Mientras el autoproclamado presidente de Tabarnia se fue a Waterloo para mofarse de Carles Puigdemont, el rapero mallorquín se ha solidarizado con todos los soberanistas catalanes presos y con los que (como él) han decidido cruzar los Pirineos buscando el amparo la justicia europea. Pero, aunque estén en las antípodas ideológicas, ambos tienen mucho en común. Los dos son artistas, se escaparon para no cumplir condena por injurias y son símbolos de la lucha por la libertad de expresión.

Valtònyc, condenado a tres años de cárcel por apología del terrorismo, injurias a la Corona y amenazas, se ha convertido en una de las caras de este movimiento en la actualidad, de la misma forma que lo fue Boadella hace 40 años. Pese a ello el fundador de Els Joglars marca distancias con el cantante balear, al que la justicia belga ha rechazado este lunes extraditar a España. "Yo he sufrido censura, juicios, incluso un consejo de guerra. Cuando uno pasa unos determinados límites sabe normalmente a lo que se expone. El arte no puede tener una patente de corso para hacer lo que no pueden hacer el resto de ciudadanos. Los artistas están sujetos como todo el mundo a la ley", reflexionaba Boadella (que no concede entrevistas a medios catalanes desde el 2006) en 'Espejo Público', donde separaba su caso del de Valtònyc. "Nosotros podemos polemizar cuando se trata de cuestiones de ficción, pero no cuando un señor lanza una serie de amenazas, insultos o incitaciones terroristas reales simplemente porque las canturrea eso no puede tener amparo bajo la libertad de expresión".

Valtònyc.

España fue el país con más artistas condenados a prisión en el 2017

Igual que Valtònyc, que se fugó a Bélgica para evitar ir a prisión por las letras de sus canciones, Boadella huyó de la justicia. El actor y fundador de Els Joglars llevaba en la cárcel Modelo de Barcelona un mes y medio esperando el juicio por injurias e insultos a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado por la obra de teatro 'La torna'. Tras fingir una dolencia, fue trasladado al Hospital Clínic de Barcelona, del que el 27 de febrero de 1978 se escapó por la ventana del baño disfrazado de médico y acabó buscando refugio en Francia. El caso provocó un intenso movimiento en defensa de la libertad de expresión. El 22 de diciembre pararon todos los teatros de Barcelona y al día siguiente todos los de Madrid. Las calles se empapelaron con el ya célebre símbolo de la máscara de comedia cruzada por un brochazo, que ahora cuatro décadas después ha tenido que volver a la calle. "Fue un movimiento popular tan potente que los políticos no tuvieron más remedio que estar ahí", cuenta Ferran Rañé en el libro 'Joglars 77: del escenario al trullo'.

Habría que ver si, sin aquel movimiento popular, cómicos y músicos podrían haber actuado con tanta libertad en los 80. En la actualidad la situación es completamente distinta. España es el país que condenó a más artistas a prisión en el 2017, por delante de China, Irán, Egipto y Turquía. Según el informe anual de Freemuse, suma el 25% de los creadores sentenciados el año pasado a cárcel en todo el mundo (13 de 48). Además de Valtònyc, también se les impuso una pena de dos años y un día de prisión a 12 raperos de La Insurgencia. El rapero Pablo Hásel vio como la semana pasada la Audiencia Nacional reducía de 2 años a 9 meses de cárcel su pena por enaltecimiento del terrorismo y calumnias a la Corona e Instituciones del Estado a través de su cuenta de Twitter. Esta condena se añade otra de dos años que recibió en 2014.

Evaristo Páramos, mítico cantante de La Polla Records, es un símbolo del cambio de paradigma de la libertad de expresión en España. Durante cuatro décadas ha cantado temas con su rabia punk contra el fascismo, el capitalismo, la policía, la monarquía y los partidos políticos. Con temas como 'Series de maderos', en el que bramaba "mamá duerme tranquila, seré buen policia, aceptar el soborno sin comerme la cabeza, sacarme un sobresueldo de matón de discoteca". Tras la desaparición de La Polla, el cantante fundó Gatillazo, banda con la que entona desde hace más de una década una jota en cada actuación que termina con un "anda y rómpete la crisma, hijoputa policía". Con total libertad hasta el pasado 25 de mayo cuando, tras actuar en  un festival en Jerez, agentes de la Guardia Civil le notificaron que había sido denunciado por proferir "improperios" contra la policía.  

Su caso provocó una ola de indignación en redes sociales y reabrió el debate sobre la polémica ley mordazaAprobada en el 2015 con los únicos votos a favor del PP, el Gobierno del PSOE se plantea "la derogación de los aspectos más virulentos" de esta norma. Como explicó Pedro Sánchez durante la moción de censura, su objetivo es eliminar "los artículos que limitan desproporcionadamente, a nuestro juicio, el ejercicio de los derechos de reunión, manifestación y libertad de expresión". 

Soak, gallegos, 'punks' y antifascistas como Evaristo, incluyeron en su disco 'Estado de sitio' la canción 'Carrero Blanco', dedicada al heredero de Franco asesinado por ETA. "Voló, voló, Carrero voló y hasta las nubes llegó. Ay, Carrero, el primer astronauta español", decía el estribillo de la canción, que María Lluch Sancho colgó en su cuenta de Twitter. Por tuits como este fue condenada por enaltecimiento del terrorismo. "La comisión del delito", defendió el tribunal, "no requiere que el sujeto activo del mismo sea el inventor de las proclamas, mensajes, comentarios".

Titiriteros, raperos y tuiteros están en el punto de mira tras la reforma del Código Penal del 2015, mientras Federico Jiménez Losantos anima libremente a que estallen bombas en Baviera y en Barcelona. La libertad de expresión, que ampara a la Fundación Francisco Franco para seguir enalteciendo al franquismo, no permite bromear en las redes sociales sobre la muerte del delfín del Caudillo, algo que ha costado también penas de cárcel a la tuitera Cassandra Vera (pese a que el Supremo anuló la condena) y a César Strawberry, cantante de Def con Dos. Como dice Noam Chomsky "si no creemos en la libertad de expresión de aquellos que despreciamos, no creemos en ella en absoluto".