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CONTRACRÓNICA

Los galos en el TNC

Torra pide al pueblo que aporte ideas para la independencia

Daniel G. Sastre

El president de la Generalitat, Quim Torra, durante su discurso en el TNC, este 4 de septiembre

El president de la Generalitat, Quim Torra, durante su discurso en el TNC, este 4 de septiembre / JORDI COTRINA

Quim Torra, que se cayó hace años en la marmita del independentismo, es un nacionalista mucho más refinado y moderno que aquellos Astérix y Obélix que imaginó Albert Uderzo. Pero, como los galos del cómic, el presidente de la Generalitat reconoció desde el escenario del TNC que necesita la fuerza de la gente para tumbar al imperio, aunque cueste tanto asociar ese concepto a la España en crisis del siglo XXI.

La conferencia del presidente de la Generalitat en el TNC, que había levantado una comprensible expectación porque el Parlament está cerrado hasta octubre y por tanto allí no se puede explicar, no ofreció grandes novedades. Casi 900 espectadores -llegados en su inmensa mayoría de los despachos gubernamentales- pudieron constatar que Torra no tiene grandes planes de futuro. Propuso una difusa "marcha" en defensa de los derechos "civiles, sociales y nacionales", y citó a Martin Luther King, pero ni siquiera eso era demasiado nuevo: Artur Mas, el iniciador del 'procés' ya se comparó en varias ocasiones con el activista afroamericano.

Torra usó su discurso para pasar la pelota al pueblo (al pueblo soberanista, se entiende, aunque él no precisó). Como el tiempo de las "hojas de ruta" grandilocuentes ha terminado, lo que ahora quiere el 'president' es que la gente le dé ideas para alcanzar la independencia de Catalunya. O al menos eso pareció cuando advirtió a los ciudadanos de que "la república no se hace en un despacho". O cuando les arengó: "Confiad en vuestra determinación, ayudaos, coordinaos, desarrollad un plan estratégico. Tened siempre presente que solo tendremos lo que sepamos ganarnos. Defended acérrimamente las libertades y los derechos que son vuestros. Si vemos claro que hay que dar ese vuelco, hagámoslo todos ahora".

Por lo demás, Torra se bastó para descafeinar por sí solo las pocas advertencias que lanzó al Gobierno. Dijo que no aceptará sentencias condenatorias para los políticos presos, pero no explicó qué hará si los jueces toman otra decisión. Se pondrá "al servicio de los catalanes", a través del Parlament, pero ¿qué significa eso exactamente? ¿Se refería a que convocará unas elecciones autonómicas? ¿A que dimitirá? No lo precisó.

En el TNC hubo bellas palabras y mucha ambigüedad. Dio la impresión de que, a falta de grandes proyectos, el presidente de la Generalitat quiso dejarse todas las puertas abiertas. Con el discurso en la mano, seleccionando solo las partes apropiadas, se podrían sentir satisfechos tanto Pedro Sánchez como los CDR, lo cual es lo mismo que decir que seguramente no convenció por completo a nadie.

Pudo deberse a la redacción coral del documento. Torra discutió su discurso con Carles Puigdemont, con los presos y con el Govern. La visita a su mentor le inspiró la cita de Astérix: "Los exiliados son libres de moverse por todos lados excepto, como dirían los galos, por el Estado español".

Más Obélix que Astérix

Pero la trayectoria del presidente de la Generalitat entronca más con la personalidad del amigo inseparable de Astérix que con el belicoso protagonista de las historias de Uderzo. No solo por su aspecto de bonachón, sino porque su independentismo es de cuna: Torra no necesita beber de vez en cuando una poción mágica para reforzar sus convicciones.

Claro que las armas necesarias para afrontar el "bellísimo riesgo de la libertad" son muy diferentes en el tiempo de la gran Roma que en el mundo actual. En el TNC, el 'president' pareció querer dar otra oportunidad al diálogo.

Temas: Quim Torra TNC

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