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LA GESTIÓN DEL JEFE DEL GOVERN

Quim Torra: A la espera de rumbo

El presidente de la Generalitat llega este sábado a sus primeros cien días de mandato, durante los que ha reivindicado la restitución de Puigdemont

La gestión gubernamental ha sido realmente escasa, con tan solo cinco proyectos legislativos, la mayoría heredados de la anterior legislatura

Fidel Masreal

Quim Torra, durante la clausura de la Universitat Catalana dEstiu, el pasado 23 de agosto, en Prada de Conflent, en Francia.

Quim Torra, durante la clausura de la Universitat Catalana dEstiu, el pasado 23 de agosto, en Prada de Conflent, en Francia. / EFE / GUILLAUME HORCAJUELO

No se ha escondido en ningún momento de ello: el 'president' legítimo sigue siendo Carles Puigdemont. Y él, que tan solo pocos meses atrás no veía ni por asomo la posibilidad de ser candidato, es el 'president' "vicario". Los 100 primeros días de mandato de Quim Torra, que se cumplen este sábado, han de verse siempre bajo este perfil, bajo esta premisa.

En todo momento, la prioridad ha sido la de reclamar la restitución de Puigdemont y demostrar -con numerosos desplazamientos a Alemania primero y a Bélgica, después- que quien sigue mandando es el 'expresident'. La gestión gubernamental, la que tiene su traducción en los acuerdos del Govern, ha sido realmente escasa. Tan solo cinco proyectos legislativos, la mayoría de los cuales heredados de la anterior legislatura.

Los discursos y planteamientos de Torra sobre educación, empleo, salud y bienestar han sido más que genéricos. Valga como ejemplo sus dos discursos de investidura. Las políticas sociales apenas ocupan unos minutos. Sobre el principal logro de la anterior legislatura, la renta garantizada de ciudadanía, Torra se compromete a mejorarla. Pero las entidades del tercer sector siguen esperando concreciones. Como en el caso de la ley 24/2015, contra la pobreza energética, no desencallada pese a que el Gobierno del PSOE y la Generalitat están de acuerdo en sacarla del contencioso en el Tribunal Constitucional (TC) para que se pueda aplicar en toda su extensión.

Las realidades, los discursos

Pero si por algo se ha destacado la gestión de Torra ha sido por la gesticulación discursiva. De entrada apostó por la restitución de los 'consellers' cesados por la aplicación del artículo 155 de la Constitución. No se hizo efectivo, y el Govern lo componen 'consellers' nuevos. Posteriormente, se apostó por no compartir espacios con el Rey e incluso se planteó de entrada no asistir a la inauguración de los Juegos Mediterráneos en Tarragona para no coincidir con el Monarca. Al final, el 'president' sí acudió, pero previa participación junto a la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en una concentración de protesta.

Después, el Govern sostuvo que no invitaría al Rey a ningún acto ni compartiría ningún otro espacio con él... hasta que volvieron a coincidir en el homenaje a las víctimas de los atentados terroristas del 17-A en Barcelona. Horas más tarde, como ocurrió en Tarragona, Torra compensó el acto institucional con un discurso encendido en la cárcel de Lledoners, en el que apeló a "atacar" al Estado por todo lo ocurrido el 1-O.

Gestos positivos tras ir a la Moncloa

Otro momento de basculación en el discurso y el tono del jefe del Govern fue el relacionado con la entrevista con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Moncloa. Tras la reunión, de más de dos horas, compareció un Torra netamente optimista y constructivo, que habló en términos de "nueva etapa" con la voluntad de "mirar adelante" desde el "reconocimiento mutuo". A la vista del enojo que esta actitud provocó en el independentismo más radical, el Govern colgó a media tarde un mensaje en Twitter en el que el Torra recordaba que no renunciaba "a ninguna fórmula" para llegar a la independencia.

Sea como sea, tras la segunda reunión de nivel entre ambas instituciones (la bilateral Estado-Generalitat del pasado 1 de agosto) el tono y la actitud del Govern ya fue distinta. El 'conseller' de Exteriors, Ernest Maragall, exhibió enojo y malestar por la falta de concreción y por el hecho -más que previsible- de que la otra parte no estuviera dispuesta a abordar la cuestión de la autodeterminación de Catalunya.

Hoja de ruta por concretar

En su entorno aseguran que Torra ha ido marcando lentamente su propio perfil en el Palau de la Generalitat, en detalles como la interlocución directa con Sánchez, sin intermediario alguno. Pero lo cierto es que 100 días después todavía está por ver hasta dónde quiere llegar en esta legislatura, con quién quiere aprobar los presupuestos (la CUP exige, entre otras medidas, una subida del IRPF a las rentas altas, que el PDECat rechaza) y, sobre todo, cual es su hoja de ruta soberanista. A esta pregunta tratará de dar respuesta el 4 de septiembre con una conferencia en la que quizá despeje alguna de sus intervenciones genéricas, como la de crear "otro 1-O", posteriormente matizada por su portavoz, la 'consellera' Elsa Artadi.

El Parlament, paralizado

Que Quim Torra ha centrado su agenda en el soberanismo frente a la actividad gubernamental propiamente dicha lo demuestran dos hechos significativos. El primero, que todavía está por concretar y presentar la hoja de ruta propia de todo Ejecutivo, es decir, el plan de Govern. El mismo que Carles Puigdemont presentó prometiendo nada menos que 45 leyes en un año y medio (que es lo que debía durar la legislatura de la puesta en funcionamiento del Estado propio). Ahí se vería el alcance de las medidas económicas y sociales del Ejecutivo del que también forma parte ERC, un socio con el que ha tardado menos de 100 días en chocar de forma estrepitosa en el Parlament... por Puigdemont.

El segundo ha sido, precisamente, el debate sobre si el 'expresident' debía acogerse al mismo régimen que el resto de diputados procesados por el 1-O y delegar su escaño -por orden del juez Pablo Llanera- o bien tener un trato especial. Esto derivó en un enfrentamiento descarnado entre los republicanos y Junts per Catalunya -donde, a su vez, hubo posiciones diferentes al respecto- hasta tal punto que se decidió suspender un pleno parlamentario y no volver a convocarlos hasta octubre.