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CITA EN DOÑANA

El eje anti-Salvini, entre linces

Sánchez y Merkel sellan en Doñana un frente común contra la xenofobia del ministro italiano

El jefe del Ejecutivo advierte de que Europa no admite "repliegues tácticos"

Iolanda Mármol

Angela Merkel y Pedro Sánchez, este sábado, antes de comenzar su desayuno de trabajo.

Angela Merkel y Pedro Sánchez, este sábado, antes de comenzar su desayuno de trabajo. / MARCELO DEL POZO (REUTERS)

Cuando Pedro Sánchez y Angela Merkel visiten este domingo el centro de cría del lince ibérico en el Parque Natural de Doñana habrán sellado un eje europeo de rechazo a las políticas defendidas por Italia en el debate migratorio. Ambos mandatarios enviaron un mensaje claro: no permitirán que el clima xenófobo agitado por el polémico ministro del Interior, Matteo Salvini, cruce fronteras y arraigue peligrosamente en el resto de países europeos. El presidente y la canciller dejaron claro que no tolerarán respuestas individuales e interesadas a retos que solo se pueden afrontar desde un planteamiento común con medidas a corto y a largo plazo.

El contexto es cuanto menos preocupante: negociación del Brexit, Austria gobernada en coalición con la ultraderecha a punto de convertirse en la presidenta de turno de la UE, deriva reaccionaria del ejecutivo húngaro, soflamas italianas contra la inmigración y, en España, PP y Ciudadanos agitando el miedo a una llegada de "millones" de africanos. Ante este escenario, Madrid y Berlín defienden los valores fundacionales de la Unión y exhiben fuerza como si el eje fuese, también, un cordón sanitario contra la propagación del fantasma de la xenofobia.

El presidente alerta a Casado y Rivera del riesgo de usar la inmigración como política contra el Estado

España y Alemania pueden contribuir a fortalecer los cimientos de un edificio mucho más sólido de lo que algunos quieren hacer", señaló Sánchez, quien apeló al espíritu del viejo continente en y salió en defensa de sus valores.  "Europa no admite repliegues tácticos de los que quieren el retorno de experiencias fracasadas", alertó. Ni él ni Merkel llegaron a citar a Salvini. El mensaje era obvio. Sí respondió Sánchez a las actitudes ultras en los discursos en casa. Pidió al presidente del PP, Pablo Casado, y al de Ciudadanos, Albert Rivera, que hagan "oposición al Gobierno, pero no al Estado". Les reclamó "ordenar el debate" de la inmigración y enfatizó que los conservadores, que gobiernan en comunidades autónomas y municipios, "saben perfectamente cuál es el desafío" en este asunto como para estar revindicando el viejo eslógan de "no hay papeles para todos", máxime teniendo en cuenta que el Gobierno no ha abierto ningún proceso de regularización.

En la determinación de construir una Europa más fuerte contra quienes prefieren movimientos unilaterales interesados, el presidente destacó el liderazgo de Alemania y dejó claro que estará al lado de Merkel como jefa del eje Berlín-Madrid- París. También la canciller advirtió contra las pugnas entre los estados miembros. "Europa tiene que ser parte de la solución. Nuestro destino en España y Alemania solo será positivo si cooperamos sin antagonismos", defendió. 

La canciller pide a lo socios europeos "cooperar sin antagonismos" desde la unidad

Las Marismillas

El Gobierno reconoce que más allá de los avances políticos, Sánchez y Merkel han estrechado este fin de semana una sintonía que surgió desde que se conocieron, en junio. El presidente invitó a un "encuentro informal" a la canciller para tejer esa recién estrenada complicidad y ambos mandatarios dicen estar satisfechos del resultado. En la agenda, también hubo espacios de ocio: una cena de ambos matrimonios el sábado y la visita del centro de cría de linces en cautividad, el domingo, en un clima de calor humano y bochorno atmosférico. 

La canciller y su esposo, Joachim Sauer, durmieron en la residencia presidencial de verano, el palacio Las Marismillas. Desde que Felipe González lo mandó remodelar, se ha convertido en el lugar de vacaciones de todos los jefes de Gobierno. También se hospedaron líderes como el británico Tony Blair o el alemán Helmut Kolh y los reyes de Bélgica, Balduino y Fabiola.