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EL TABLERO CATALÁN

Soplaré, soplaré, y tu casa derribaré

Lo único que ha quedado acreditado en el congreso del PDECat es que hay que ir llamando al enterrador

Hay posibilidades reales de que haya elecciones pronto y así se manifiesta en el Palau de la Generalitat

Josep Martí Blanch

Marta Pascal, exlíder del PDECat, en la asamblea nacional del partido

Marta Pascal, exlíder del PDECat, en la asamblea nacional del partido / NÚRIA JULIÀ (ACN)

¡El PDECat ha muerto -o casi-¡ ¡Viva la Crida Nacional per la República! Solo desde una forzada ingenuidad puede sorprender la aniquilación política este fin de semana -mezcla de asesinato y suicidio- de Marta Pascal, coordinadora general del rebautizado espacio político convergente hace dos años, y de cuanto ella y los suyos representaban.

Basta recordar, para entender por qué no hay de qué sorprenderse, la animadversión que Carles Puigdemont demostró hacia su propio partido en la elaboración desde Bruselas de la lista de Junts per Catalunya para concurrir a las elecciones del 21-D. O tener memoria para acordarse de que esa campaña electoral fue dirigida por quien antes rompió su recién estrenado carnet de asociada al PDECat, la actual 'consellera' de Presidència, Elsa Artadi.

Si eso queda demasiado lejos, es suficiente un viaje más corto en el tiempo para comprobar la autorizada agresividad y menosprecio político con la que el entorno de Puigdemont, y a veces él directamente, ha tratado a la dirección del PDECat cada vez que esta ha fijado posición propia, como cuando se decidió apoyar la moción de censura que aupó a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno de España. Vaya, que lo de este fin de semana en el PDECat era un guion que llevaba muchos meses escrito.

Puigdemont se sobraba en solitario para cobrarse esa pieza en cuanto quisiese. Nadie en el PDECat está dispuesto a correr el riesgo de contradecirle y ni tan siquiera a matizarle. Si bien es cierto que muchos de los alcaldes andan temerosos ante la inminencia de las elecciones municipales y avalaban en privado la estrategia pragmática que quería impulsar Pascal, se sabía también que mantendrían la boca cerrada ante el riesgo de ser señalados como enemigos de Puigdemont y traidores de su causa. Por ello, el apoyo con el que ha contado Puigdemont en el flanco interno -Miquel BuchJordi CuminalJoan Ramon Casals, etc- era prácticamente innecesario para tumbar a Pascal. El 'pacto de Lledoners' hizo de bonita guinda en el pastel que había que estampar en la cara de la hasta ahora coordinadora general.

El PDECat nació con materiales dañados en un congreso improvisado por Artur Mas y en dos años no ha pasado de ser el equivalente de la casa de paja del cuento de los tres cerditos. Con un soplo bastaba para que se viniera abajo. Así ha sido. Una suave ventisca venida desde Alemania ha sido suficiente. Los supervivientes del pascalismo integrados en la candidatura de David Bonvehí, nuevo presidente del PDECat, lo son formalmente, pero lo único que ha quedado acreditado este fin de semana es que hay que ir llamando al enterrador.

Elecciones antes de 2019

Pero si lo que ha ocurrido este fin de semana no puede ser tachado de sorpresa, sí puede serlo –solo en parte, porque en Catalunya ya nada sorprende- lo que vaya a acontecer a partir de septiembre. Hay posibilidades reales de que haya elecciones pronto en Catalunya y así se ha manifestado abiertamente en el Palau de la Generalitat.

La decisión del juez Pablo Llarena de suspender las funciones de diputado de Puigdemont, Oriol JunquerasJordi TurullJosep RullRaül Romeva y Jordi Sànchez estaba prevista desde hace tiempo, así que lo que se vivió esta semana en el Parlament -suspensión del pleno incluido y acusaciones gravísimas entre socios de gobierno- no fue una improvisación. Se trató, por parte de Junts per Catalunya, de la puesta en escena de una estrategia bien definida que pasaba por elevar la tensión con ERC, intentar posponer las decisiones definitivas respecto a este tema hasta después del verano y dejar abierta la posibilidad de utilizar el asunto como excusa para romper el acuerdo de gobernabilidad con los de Junqueras e ir a unas elecciones en cuanto legalmente sea posible, es decir, cuando haga un año de las anteriores.

Los de Puigdemont no temen a las encuestas. Alegan que ya las derrotaron en diciembre pasado cuando todo el mundo daba por ganador a ERC y finalmente fue Junts per Catalunya quien se llevó el gato al agua. Piensan, los defensores de esta opción en el Palau de la Generalitat, que una vez destruido el edificio diletante del PDECat hay que ir rápido a por el espacio de los republicanos. Y que eso pasa por no darles tiempo y situarles ante las contradicciones de sus renuncias en favor del pragmatismo político lo antes posible.

Los ideólogos de la Crida Nacional per la República, bien coordinados con los inquilinos del Palau de la Generalitat, saben también que en las elecciones municipales es donde los partidos cobran fuerza territorial y que dejarles llegar tranquilamente a esa contienda electoral podría suponer dar aire a los sobrevivientes del PDECat y a ERC. En esta lógica, Crida Nacional per la República tiene incentivos en ir a unas elecciones lo más rápido posible planteando una campaña a cara de perro contra ERC y, al mismo tiempo, acabar de desarticular lo poco que quede de PDECat a nivel parlamentario.

Acorralar a ERC

En esta lógica, cuando llegasen las municipales, mayo del 2019, la Crida Nacional per la República habría tenido tiempo de acorralar a ERC, señalando a ese partido como tibio en el mejor de los casos, y también habría eliminado de la ecuación a algunos dirigentes territoriales del PDECat que no podrían hacer frente a la presión y serían borrados del mapa definitivamente en favor de otros nombres locales más comprometidos con el proyecto, las formas y los tempos de Puigdemont, y que hiciesen imposible -o al menos más difícil- que el nuevo espacio político pudiese ser tachado de un nuevo ejercicio de transformismo político de la Convergència de siempre.

Faltaría solventar, en este escenario, quién sería el candidato ideal para encabezar el cartel electoral de la Crida Nacional per la República ante estas hipotéticas elecciones. ¿Elsa Artadi? ¿Usted? Nuevamente, como ha ocurrido este fin de semana, bastará con esperar cuál es el rostro al que llegue el aliento de Puigdemont cuando este se decida a soplar de nuevo.