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El independentismo echa el freno en la calle para remendarse

El nuevo Gobierno de Sánchez y la renuncia de Torra a insistir en el nombramiento de presos y huidos impone un 'pause'

Las entidades soberanistas y los CDR se preparan para un otoño reivindicativo por los juicios del 'procés'

Júlia Regué

Imagen de la manifestación convocada por la ANC y Òmnium para exigir la liberación de los políticos presos, el pasado 11 de noviembre, en Barcelona. 

Imagen de la manifestación convocada por la ANC y Òmnium para exigir la liberación de los políticos presos, el pasado 11 de noviembre, en Barcelona.  / RICARD CUGAT

El inesperado traspaso de carteras en el Gobierno central sumado a la renuncia de Quim Torra a disputar con el Estado el nombramiento de 'consellers' encarcelados o huidos ha impuesto un 'pause' en la hasta ahora frenética actividad en las calles. Las entidades soberanistas, los sindicatos independentistas y los CDR se ven sumidos a restar a la expectativa hasta que una maniobra que contradiga sus intereses les reactive. Se centran en reivindicar la libertad de los políticos presos y en diseñar, a puerta cerrada, la forma de presionar a las instituciones para que activen una república que no llega.  

Pero parte de su encrucijada se vuelve irresoluble cuando no consensuan un relato que recoja la disparidad de visiones estratégicas. A grandes rasgos, se dividen entre los que defienden que hay que parar motores para tomar fuerza, asumiendo que el nuevo Govern es "autonomista", y los que empujan para acrecentar la movilización, al ver en ella la única herramienta para presionar al Ejecutivo catalán y poner en embate al español. Su arduo consenso torpedea amplios acuerdos, incluso dentro de las propias organizaciones.

Los juicios, el reflotamiento

Tanto la ANC como Òmnium Cultural dejan en manos del nuevo Govern la confección de una nueva hoja de ruta, expectantes a ver cumplir sus alegatos. La presidenta de la Assemblea, Elisenda Paluzie, no esconde su decepción con los partidos independentistas por "no haber querido arriesgar ni asumir la desobediencia", contradiciendo sus peticiones de "no ceder al chantaje" del Estado.

Desde la CUP comparten el análisis y emplazan a la "movilización permanente". La diputada Maria Sirvent cree que "la mejor solidaridad antirepresiva" es "luchar por defender lo que la ha traído" y reprocha a JxCat ERC que "reculen" y desoigan el clamor de las calles. "La institución debe doblegarse a las demandas de la voluntad popular", les recuerda, y pide también esfuerzos de unidad a los actores sociopolíticos porque defiende que "solo tomarán fuerza movilizándose".

La ANC prepara ya su agendada gran movilización para un 11 de septiembre "claramente republicano" y dibuja acciones de "empoderamiento ciudadano", algunas centradas en instituciones económicas, para evitar que la "estrategia antirepresiva monopolice sus objetivos" y les obligue a arrinconar su finalidad: la independencia. "Hemos sumado más cuando hemos visualizado confrontación con el Estado", apostilla Paluzie, convencida de que se aventura un reflotamiento.

La entidad liderada por Jordi Cuixart, se centra en la férrea defensa de los "derechos y libertades" bajo el lema de su campaña 'Mañana puedes ser tu' y evita entrometerse en el rumbo político a seguir por el independentismo. Eso sí, apuntan que rebrotarán en las calles cuando se celebren los juicios a los políticos presos y huidos previstos para el próximo otoño. Asiente Paluzie, y llama a "saber utilizar políticamente" este pleito para atraer simpatías de Europa. En estas últimas semanas, se ha reunido con parlamentarios británicos en Westminster y ha viajado a Córcega para "internacionalizar" el 'procés'.

Fuentes de los CDR señalan que también se han visto abocados a poner el freno porque los últimos virajes institucionales "cuestan de digerir" porque "se tomó a contrapié". "Lo que está claro es que no hay una estrategia clara", censuran desde estos comités, que confían en "reactivarse" cuando se evidencie que la desbancada de Mariano Rajoy "no es un cambio sino un recambio". Entre tanto, se disponen a "combatir la peligrosidad de la extrema derecha" con concentraciones de rechazo y no de carácter netamente independentista. 

Sin huelga general a la vista

Otro actor que va tomando peso en el tablero es la Intersindical-CSC. Su portavoz, Sergi Perelló, confía en que el independentismo sume si se cuela en los centros de trabajo porque cree que una república es una "oportunidad" para forjar un "nuevo marco de relaciones laborales". "Hay que batallar para que las cúpulas de los sindicatos mayoritarios no coharten el discurso diciendo que no pueden hacer reivindicaciones políticas", reflexiona, y recuerda que este sindicato fue el que convocó dos huelgas generales después del referéndum del 1-O.

Por el momento, todos los consultados aseguran que otro paro de este tipo no entra por ahora en sus planes, tras haberse reunido a puerta cerrada para estudiarlo. Explican que el 3-O y el 8-N respondieron a un clamor ciudadano que sobrepasó las cúpulas de sus organizaciones pero que el nuevo escenario político impide su éxito al palpar distensión o, al menos, apaciguamiento en las calles. "En vez de tener iniciativa propia se está a la espera de las acciones que haga el Estado, ya que no hay un relato compartido", admite Perelló.

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