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LAS ELECCIONES AUTONÓMICAS DEL 2019

¿Por qué lo de Iglesias y Errejón no es "media tontería"?

Se juegan la línea política, el poder en Podemos y conquistar la plaza que mantendría abierta la ventana al cambio

Iolanda Mármol

La paz forzosa entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón la tejió un emisario, amigo de ambos,  que voló desde Bolivia Madrid para evitar que la disputa entre "los compañeritos" terminase arruinando el proyecto de cambio en España que otros líderes internacionales observan desde la ilusión. Errejón había perdido el congreso Vistalegre 2 por motivos que dan para una tesis doctoral, pero en todo caso, las negociaciones se cerraron con un compromiso: él sería el candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid en el 2019 y bajo su mando quedaría el partido regional.

El jefe podemista necesita la victoria en Madrid, pero le asusta que su exnúmero dos obtenga poder

A cambio, se iniciaba una purga de la familia errejonista que terminó con decenas de personas expulsadas del partido con fórmulas de dudosa legalidad, y quien fuera el número dos perdía sus cargos como portavoz en el Congreso y secretario político.

Como el pacto no se rubricó, el podemismo ha elaborado en este último año múltiples versiones del mismo, convertidas ya casi en leyendas, como que Iglesias tuvo que encerrarse a escondidas en una sala del Parlamento para apremiar a Errejón a que aceptase el acuerdo porque los colaboradores más cercanos se negaban a que dejase Madrid en manos del estratega. Aceptó. Su equipo tuvo que abandonar el Congreso y la sede estatal en la calle Princesa en silencio, bajo la amenaza de nuevos despidos si la purga salía a la luz.

En Kamchatka

La promesa de aspirar a la candidatura en Madrid fue para los errejonistas como Kamchatka, el último trozo de tierra en el que resistir hasta que llegasen las elecciones del 2019. Sabían que con el podemismo en horas bajas, los resultados de los comicios autonómicos y municipales serían decisivos para las legislativas del 2020.

En Madrid se juegan qué es Podemos y se juegan el control del partido en la región, porque ambos saben que, si se gana esa plaza, la más relevante de la disputa en el 2019, la ventana de oportunidad al cambio en el resto de España puede mantenerse abierta. Si existe alguna posibilidad de que esa rendija, que soñaron en el 2014, no se cierre, se llama Madrid. Y depende también de Manuela Carmena, la alcaldesa, pero esa es otra historia en paralelo.

El estratega no está  dispuesto a claudicar y el líder no tiene otro candidato

Iglesias no se puede permitir prescindir de Errejón como candidato. Y Errejón no será candidato sin el apoyo de Iglesias. Ese pacto está ahora punto de romperse, aunque para ambos sería una catástrofe. 

¿Por qué se puede romper? Por las listas. Las negociaciones están en dique seco porque no hay acuerdo en el reparto de cuotas por familias. Ahora bien, ese reparto va más allá de la concesión de escaños para sus respectivos afines. Lo que late de fondo es quién controla el corazón del partido, porque quien lo domine podría imponer el rumbo político de un Podemos que sigue viviendo entre dos tesis: si se compite con el PSOE de forma virtuosa para ensanchar la base sociológica de las fuerzas progresistas -propuesta de Errejón- o bien se encastilla en el esencialismo obsesionado con superar a Pedro Sánchez -visión de Iglesias-.

Señuelo electoral

El aparato propone ahora a Errejón que concurra con urgencia a las primarias y que las listas se voten más adelante. Esto, que no ha ocurrido nunca antes en Podemos, implica que Errejón aceptaría un cargo sin poder real, y se convertiría en un mero señuelo electoral, en un rehén, al servicio del oficialismo. Iglesias podría imponer luego una lista de mayoría pablista, ya que controla los órganos decisivos. En breve: Errejón solo tiene el poder negociador de su candidatura. Lo que no pacte ahora, luego no podrá conseguirlo.

Él lo sabe bien y por ello lanzó su advertencia el jueves: no será candidato si no hay acuerdo sobre las listas.  Quiere a todas las familias juntas -más IU-, pero tener mayoría, como le habría prometido Iglesias hace un año. El líder se enfureció:  "Ni media tontería", le dijo.

Ambos saben que no es media tontería lo que se juegan. Iglesias necesita la victoria de Errejón y a la vez le asusta: la quiere como trampolín para el 2020, pero le inquieta que su rival interno gane poder, máxime mientras él se hunde en la valoración de la opinión pública. Errejón no está dispuesto a ceder. Iglesias no tiene otro candidato.

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