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TRIBUNA

Un año sin Carme Chacón

Miquel Iceta

Carme Chacón, en la sede del PSOE en Madrid, en una imagen de febrero del 2016.

Carme Chacón, en la sede del PSOE en Madrid, en una imagen de febrero del 2016. / AGUSTIN CATALAN

La tarde del domingo 9 de abril del año pasado fue un día triste y desgarrador. Supimos que Carme Chacón Piqueras nos había dejado para siempre. Atrás dejaba 46 años de intensidad vivencial, un hijo y una biografía llena de compromiso con los ideales del socialismo.

Unos años antes, en una entrevista anunciaba: "Tengo 35 pulsaciones por minuto y el corazón al revés". Describía así la cardiopatía que finalmente nos privó para siempre de su existencia. A pesar de ello, fue caminando con valentía y tenacidad; en los buenos tiempos y, especialmente, en los tiempos duros y difíciles; librando con determinación las batallas democráticas con las armas de las palabras y los argumentos. Su firmeza nos hacía olvidar su fragilidad.

La Carme de firmes convicciones, que todos conocimos, nació en el seno de una familia comprometida políticamente. Estos referentes familiares la llevaron de muy joven a compatibilizar las actividades académicas con el compromiso político.

La joven licenciada en Derecho inició los cursos de doctorado que la llevaron por varios países y que la convirtió en una profesora universitaria. Así, en el año 1999 comienza su trayectoria institucional en Esplugues de Llobregat y un año más tarde como diputada en la oposición al aznarato.

Después de aquellas elecciones, el PSOE afrontó un congreso de renovación encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero y que contó con el apoyo de la corriente 'Nueva Vía' de la cual Carme fue decidida impulsora.

Cuatro años más tarde, tras la victoria socialista del 2004, se forma el primer Gabinete encabezado por Rodríguez Zapatero. Carme asume la responsabilidad de Vicepresidenta Primera de la Mesa de un Congreso de los Diputados presidido por el también recientemente fallecido Manuel Marín. En esa legislatura fue Ministra de Vivienda, en el mes de julio de 2007, impulsando el acceso de jóvenes a la vivienda a través de la renta básica de emancipación.

Después de aquella primera experiencia ministerial, Carme encabezó la lista del PSC en las elecciones del 2008, de las que salió un nuevo Gobierno socialista. Y de ese Gobierno formó parte como la primera ministra de Defensa de la historia de España y quedará su imagen pasando revista a las tropas embarazada de su hijo Miquel, una instantánea que se convirtió en símbolo de los techos de cristal progresivamente rotos por las mujeres de nuestro país.

Unos años más tarde la vimos combatir noblemente por la secretaría general del PSOE, siempre comprometida en la renovación socialista y siempre sintiéndose parte de un proyecto colectivo, hasta aquel primer domingo de abril en el que nos dejó.

Como primer secretario del PSC es duro, triste y doloroso decir adiós a una militante de convicciones firmes y que tanto ha contribuido al proyecto socialista. Pero, también, es un deber poder contribuir al reto colectivo de preservar en la memoria colectiva a Carme para que su ejemplo y su legado permanezca siempre entre nosotros. Por desgracia ya no podemos contar con su consejo y su aliento. Conscientes de que nos ha dejado el listón muy alto no cejaremos en el esfuerzo de ser dignos continuadores de su empeño en pos de una sociedad más libre y más justa.

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