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LA INVESTIDURA EXPRÉS NAUFRAGA

El 'plan Turull', visto para sentencia

El candidato fracasa en la primera votación y Forcadell, Rovira y Bassa dejan sus escaños

La CUP rompe amarras con sus socios y aboca a Comín y Puigdemont a la renuncia

Jose Rico

Jordi Turull, durante el pleno de su investidura fallida

Jordi Turull, durante el pleno de su investidura fallida / FERRAN NADEU

Arrancada de caballo, parada de burro. Así definiría el sabio refranero el (pen)último episodio del interminable martirologio del independentismo. Junts per Catalunya y ERC echaron mano el miércoles de los fórceps para investir deprisa y corriendo a Jordi Turull y que se presentase hoy ante el juez Pablo Llarena en calidad de presidente de la Generalitat electo. No habría podido tomar posesión del cargo ni se hubiera cumplido el trámite preceptivo de la sanción del  Rey, pero el objetivo era exhibir frente al mundo una vez más las fauces del Estado: un 'president' procesado e hipotéticamente encarcelado por rebelión. Sin embargo, el plan c se frustró con la c de la CUP, impávida ante una travesura de sus socios destinada también a acorralar a sus decisivos cuatro diputados.

Tres meses después de las elecciones y con dos candidatos a la investidura en la papelera de la historia, la legislatura catalana sigue tambaleándose, zarandeada a un lado por las tentaciones de desobediencia de JxCat que ERC intenta sin éxito apaciguar y la CUP avivar, y al otro por el látigo judicial de un magistrado del Tribunal Supremo que acaba de precipitar los tempos de la causa del procés para procesar a todos sus protagonistas y que ayer optó por ignorar al fiscal general del Estado y mantener entre rejas a Joaquim Forn. El asedio de Llarena provocó a última hora de ayer que tres puntales de ERC, Marta RoviraCarme Forcadell y Dolors Bassa, renunciasen a sus escaños antes de afrontar hoy, como Turull, la amenaza de ser encarceladas.

DISCURSO AUTONOMISTA

Pero los dimes y diretes entre los independentistas pesaron más que las acometidas del Estado y la épica secesionista, explotada desde la tribuna del Parlament por un Turull que, consciente de que el juez con el que se verá hoy escudriñaría hasta en la última coma de su discurso para decidir si le envía a la cárcel, se marcó una arenga plúmbea en la que no halló acomodo para independencias, repúblicas, referéndums, procesos constituyentes ni instituciones en el exilio. Lo más desafiante fue la promesa de no «agachar la cabeza» ante ningún embate del Estado.

Sí hubo tiempo en 57 minutos de perorata para desempolvar toda esa agenda social arrasada en el último bienio por la marea procesista. Turull podía prometer lo que quisiera porque el naufragio de su candidatura era irremisible desde minutos antes del pleno, cuando la CUP le propinó la puntilla al petrificar unas abstenciones que difícilmente se tornarán en votos afirmativos antes de la segunda votación. El 'cupaire' Carles Riera proclamó que su grupo se libera de todas las alianzas precedentes con el resto del secesionismo y pasa a la «oposición», al menos hasta que se otee la república en los planes de JxCat y ERC, que incluso ofrecieron celebrar en apenas un mes una cuestión de confianza. Pero ni así.

ENTRE MADRID Y BÉLGICA

Con el plantón de la CUP, las únicas opciones de salvar la investidura el sábado pasarían por Bélgica, pero haciendo primero escala en Madrid. La renuncia a los escaños de Carles Puigdemont y Toni Comín allanaría el camino de Turull, aunque los afectados no dejan de insistir a diario en que nada de eso se les ha pasado por la cabeza. Sin embargo, la presión sobre ellos la inició ayer ERC con las renuncias de Rovira, Forcadell y Bassa –una salvaguarda ante su cita judicial pero también un gesto que suena a ejemplarizante ante su socio– y podría redoblarse si el juez ordena hoy que el 'exconseller' pise de nuevo la cárcel.

En tal caso, se avecinaría un nuevo embrollo legal para aclarar si es posible celebrar la segunda votación sin la presencia de un aspirante que ya ha defendido su programa de gobierno. Pero aun así su Govern carecería de la «efectividad» que con tanto ahínco reclamaba ERC. La búsqueda de un plan d, con Elsa Artadi en la recámara, se haría ya contra el reloj de la investidura que se activó ayer y que abocará a elecciones el 15 de julio si el 22 de mayo Catalunya sigue sin 'president' y con el 155.

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