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SEIS MESES DE LA MASACRE EN CATALUNYA

La célula de Ripoll quería atentar a la vez contra la torre Eiffel y la Sagrada Família

Los terroristas fueron a París dos días antes del 17-A para determinar dónde colocarían una furgoneta bomba junto al monumento

Los investigadores concluyen en un informe que las fotos localizadas en la cámara de los yihadistas se tomaron para planear el ataque

Antonio Baquero / Guillem Sànchez

Fotomontaje con el rostro del terrorista Younes Abouyacoub y la torre Eiffel de fondo.

Fotomontaje con el rostro del terrorista Younes Abouyacoub y la torre Eiffel de fondo.

Barcelona y París. La torre Eiffel y la Sagrada Familia atacadas de forma simultánea con furgonetas cargadas de decenas de kilos de explosivos caseros. Dos de los mayores iconos europeos –uno, un templo religioso y el otro, un símbolo occidental- alcanzados por el zarpazo terrorista a la vez o en un corto espacio de tiempo. En la lógica yihadista, era el plan perfecto. Y era el plan a que, según explican a este diario fuentes cercanas a la investigación, habían diseñado los integrantes de la célula de Ripoll.

Los ataques de Barcelona y Cambrils, que causaron la muerte a 16 inocentes, resultaron ser una acción a la desesperada puesto que, al estallar de forma accidental en Alcanar (Montsià) el explosivo que estaban fabricando, sus planes iniciales se fueron al traste.

Se despeja la incógnita

Una de las grandes incógnitas de los atentados del 17-A era determinante por qué dos miembros de la célula fueron a París el 11 y el 12 de agosto, es decir, en plena fase de preparación del atentado. Un viaje tan largo en un momento tan delicado no parecía tener sentido. En un primer momento se sospechó que el viaje a la capital francesa obedecía a que ese era el lugar de encuentro con el enlace exterior, posiblemente del Estado Islámico, que les habría dado instrucciones sobre el ataque.

Tras tener noticia del viaje de los miembros de la célula a París, la policía francesa se volcó –hay un equipo conjunto con España- en la investigación y logró, tras recuperar las grabaciones de cientos de cámaras de seguridad, seguir casi al minuto el recorrido que los dos terroristas realizaron en territorio francés. Especialmente en la capital. Sin embargo, en ese recorrido no aparece ningún encuentro con nadie.

Finalmente, según han explicado a este diario fuentes cercanas a la investigación, las pesquisas han demostrado que el objetivo del viaje era otro. Los miembros de la célula fueron a París con la intención de estudiar el terreno del lugar de la capital francesa donde querían cometer un atentado: la torre Eiffel. A partir del testimonio de Mohamed Houli Chemial ya se sabría que Barcelona, un objetivo era la Sagrada Familia. El segundo lugar donde atentar en la capital catalana sigue sin haberse podido determinar.

La pista clave

Cuando se cumplen seis meses del ataque en la Rambla y en el paseo marítimo de Cambrils (Baix Camp), los agentes de Mossos d’Esquadra, Guardia Civil y Policía Nacional que investigan los ataques han concluido que los terroristas pretendían, además de en Barcelona, atentar en la torre Eiffel. El elemento que apunta en ese sentido se encontró en la cámara que los terroristas compraron en un establecimiento de la FNAC en la capital francesa y que apareció entre los escombros de la casa de Alcanar.

Younes Abouyacoub y Omar Hichamy viajaron a París a bordo de un Audi, el coche con el que la noche del 17 de agosto varios miembros de la célula atentaron en Cambrils y se alojaron en un hotel en Malakoff, un barrio de la ‘banlieue’ parisina. Además, esto no fue el único viaje. En julio del año pasado, los terroristas también pisaron la capital francesa. Su primer desplazamiento a Francia tuvo lugar en diciembre del 2016.

Algo no tan lógico

En la cámara, los investigadores encontraron una serie de vídeos y fotografías de la torre Eiffel. En principio, algo lógico cuando alguien viaja a París. Sin embargo, un análisis más atento a esas imágenes han hecho que saltara la alarma. Apenas había panorámicas de la torre. Es decir, no eran ni las fotografías ni los vídeos que haría un turista. Las imágenes y las grabaciones eran, en su inmensa mayoría –y hay decenas-, de los lugares donde se forman las colas, de las calles por donde pasan los coches cerca del monumento, de los emplazamientos de los que aparcan los autobuses con turistas y de las puertas de los restaurantes cercanos. De hecho, los terroristas visitaron dos veces el monumento. La primera, la noche que llegaron. La segunda, al día siguiente, justo antes de regresar a España.

“Esas imágenes eran el estudio operativo para cometer un atentado. Era el estudio del escenario para determinar dónde colocar la furgoneta bomba”, señalan esas fuentes, que comparten la hipótesis de que, de las tres furgonetas que habían alquilado los terroristas, dos iban a ser explosionadas en la capital catalana y la tercera iba a ser enviada para cometer el ataque en París. Los investigadores creen que la furgoneta que iba a tener como destino la capital francesa es la que se localizó en Vic (Osona). De las otras dos, una fue empleada por Abouyacoub para cometer un atropello masivo en La Rambla y la otra sufrió un accidente en la autopista y sus ocupantes se dieron a la fuga para reaparecer más adelante en Cambrils.

Otros artefactos

Según ha relatado Mohamed Houli Chemial, el superviviente de la explosión de la casa de Alcanar, la intención no era hacer estallar esos vehículos con un conductor suicida, sino dejar las furgonetas y hacerlas estallar o bien con un temporizador o mediante un mando a distancia. El objetivo era no morir como suicidas en un primer momento sino continuar vivos para continuar durante varios días con una campaña de ataques. Para ello, además de las furgonetas, los terroristas habían cebado con explosivo y metralla cilindros metálicos que podían ser empleados como granadas de mano o para confeccionar un chaleco explosivo.

En total, los terroristas llegaron a confeccionar en la casa de Alcanar cerca de 250 kilos de TATP –conocida como la ‘Madre de Satán’- que querían repartir en el interior de fundas de almohada, usadas a modo de saco. Ese envoltorio permitía, además, usarlas como bombas arrojadizas a la multitud.