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En Canarias

La Guardia Civil recurre al agua bendita para proteger sus motos nuevas

La agrupación de tráfico de Las Palmas de Gran Canaria presenta el nuevo equipo de sus agentes con una ceremonia de bendición de un sacerdote católico

El Periódico

Foto facilitada por la AUGC en la que se ve a un sacerdote católico bendiciendo las nuevas motos.

Foto facilitada por la AUGC en la que se ve a un sacerdote católico bendiciendo las nuevas motos. / AUGC Guardia Civil

La comandancia de la Guardia Civil de Las Palmas de Gran Canaria ha presentado una adquisición de 18 motocicletas nuevas para su destacamento de tráfico en una ceremonia que ha incluido la bendición de un sacerdote católica, que ha rociado con agua bendita los nuevos vehículos. Un rito que ya se produció el día anterior en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) y que ha sido denunciada por la Asociación Unificada de Guardia Civiles como un signo "rancio boato".

Este colectivo de guardias civiles censura que el Instituto Armado siga teniendo "apego al más rancio boato que lo caracteriza" y protagonice "en pleno siglo XXI" actos que considera propios de los tiempos del NODO (el informativo del franquismo). La asociación anuncia que va a solicitar "la apertura de un proceso de información reservada" sobre lo ocurrido en Tenerife, "con el fin de depurar las responsabilidades derivadas de esta cuestión".

La AUGC ironiza, además, sobre los efectos de la bendición sacerdotal que han recibido las motos del cuerpo en Tenerife, al destacar que supone que así quedarán "protegidas no sólo contra los enemigos del alma, mundo, demonio y carne, sino también frente a delincuentes e infractores, tanto creyentes como agnósticos, ateos o ciudadanos que profesen cualquier otro credo".

"Como cosas que son, los vehículos no han mostrado conmoción alguna ante esta bendición. No es el caso de los guardias civiles que también han recibido esta católica gracia, pese a que algunos de ellos son incluso fieles de otra religión", advierte.

La AUGC defiende que, como institución de seguridad pública que es, la Guardia Civil "debería estar al margen" de cualquier confesión religiosa, "respetando así la diversidad de creencias que existen en la ciudadanía española a la que sirve".

"La seguridad pública no es una cuestión de fe, sino de medios técnicos y humanos. Porque la delincuencia o la amenaza terrorista no se combaten con peregrinaciones a Lourdes ni con agua bendita, sino con chalecos antibalas individuales, vehículos e instalaciones adecuados, una formación actualizada y coordinación policial. Lo contrario es seguir anclado en los tiempos del blanco y negro" dice.

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